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miércoles, 5 de junio de 2019

Culpar, embrollar y solucionar. Por: Eddie A. Ramírez S.#opinión #Venezuela


Culpar, embrollar y solucionar

4 junio, 2019  Eddie A. Ramírez S.
En nuestro medio existe la tendencia a culpar a otros por nuestras fallas, así como en embrollar un problema para dificultar entenderlo y desenredarlo. Por el contrario, nos cuesta abocarnos a encontrar una solución. Culpar y embrollar es fácil. Solucionar requiere un análisis de la situación y estudiar posibles opciones, con sus pros y contras.
Con respecto a nuestra situación política es imprescindible determinar las causas y los culpables que facilitaron que llegaran al poder los totalitarios rojos y que permiten que se mantengan en Miraflores. Mucho se ha escrito, pero en ciertos grupos permanece la creencia de que antes todos vivíamos bien. La realidad es que,como dice el chiste margariteño, “serían argunos”.
Al respecto cabe citar la excelente entrevista que le hizo Marcel Granier a Carlos Andrés Pérez en Primer Plano, dos semana antes de la elección de 1998. En la misma, el polémico ex presidente dijo, entre otras cosas, que “el pueblo se siente frustrado y engañado, la grave situación requiere un cambio radical, hay desempleo, el bolívar ha perdido valor, clientelismo de AD y Copei, hay crisis en todas las instituciones…”. Por ello consideró inevitable el triunfo de Chávez, pronosticando que sería un dictador. En esa entrevista CAP narró una realidad, aunque se exonera de culpa y achaca solo a otros los desaguisados. Un ejemplo, entre muchos.
La culpa de la caótica situación actual es de quienes detentan el poder por la fuerza de las bayonetas, pero la incubación del mal viene desde muchos años . Esto no puede negarse, pero entendamos que hay que dirigir las baterías democráticas en contra de Maduro y su pandilla de asesinos, corruptos e ineptos. Culpar al presidente( e) Guaidó porque no ha podido materializar sus ofertas, descalificarlo por su poca experiencia y atacar a un dirigente preso, como hace un articulista, es mala intención.
En todas partes y circunstancias existen embrolladores, es decir gente que enreda una situación determinada. En el caso político que nos ocupa, hay embrolladores que son dirigentes políticos, comunicadores sociales, articulistas, tuiteros y radio bemba. Reconocemos que la gran mayoría son gente bien intencionada, que lucha para sacar al totalitarismo y lograr una democracia verdadera que rara vez hemos tenido. A veces embrollan la situación, porque le buscan cinco patas al gato. Otras al proponer opciones poco realistas y, las menos, por interés personal.
Nadie tiene una llave mágica para abrir la puerta de la democracia y cualquier propuesta es posible, pero hay que seleccionar aquella que recomiende la mayoría por tener más probabilidad de éxito. Cada quien debe hacerse algunas preguntas como ¿ Está claro que el artículo 187-11 de nuestra Constitución autoriza esa intervención, previa aprobación por la Asamblea Nacional? En caso de que la pruebe, ¿qué probabilidad existe de que se constituya una fuerza extranjera, multilateral o unilateral , que intervenga en Venezuela? ¿Algún país ha declarado que está dispuesto a intervenir? ¿ Qué ventajas y desventajas tendría esa intervención para determinado país y para el nuestro? ¿Cuál sería la reacción de nuestra Fuerza Armada? ¿Opondría alguna resistencia o se entregaría con armas y bagajes? Si la Asamblea Nacional y el presidente (e) Guaidó aprueban la aplicación del 187- 11 y ningún país se da por enterado ¿culparemos a los proponentes por el fracaso de la iniciativa? Seguir presionando por esta opción ¿beneficia a la oposición o contribuye a desanimar a la gente y favorece al régimen?
En relación a una continuación de la mediación de Noruega, es muy probable que no se llegue a nada satisfactorio, pero cabe preguntarnos ¿acaso perdemos algo si regresamos a Oslo y mantenemos nuestros principios? ¿El que una delegación nuestra siga atendiendo la invitación de los noruegos, acaso frena otras acciones que se realizan en el país?
Hay que seguir instando a la Fuerza Armada que se apegue a la Constitución y mantener la presión de la calle pero, aunque los ciudadanos civiles han respondido a las convocatorias del presidente (e) Guaidó y también un grupo reducido de militares lo han reconocido ¿ es ello suficiente para salir del totalitarismo? ¿ Qué estaríamos dispuestos a aceptar en Oslo? Desde luego que lo que deseamos es una transición cuanto antes que resuelva parte de los problemas de la gente y saque a los malandros, pero ¿podríamos obviar la petición de transición y solo exigir cambio del CNE, revisión del Registro Electoral, voto de venezolanos en el exterior y estricta conducción del proceso electoral por la OEA? Estas y otras preguntas son pertinentes para seguir avanzando.


Como (había) en botica: En tiempos de hiperinflación quienes más sufren son retirados. Los jubilados de Pdvsa sufren por ese flagelo y por las trampas de la empresa para no reconocer sus derechos. La escasez de gasolina y de gas doméstico es consecuencia del despido masivo del 2002-2003 de los trabajadores más calificados, de la corrupción iniciada por Rafael Ramírez y su pandilla, el ingreso de muchos activistas políticos y la falta de mantenimiento y de inversión en las refinerías ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
FUENTE: Noticiero Digital, Runrunes y Digaloahi digital

jueves, 26 de abril de 2018

VENEZUELA: Fausto y las sanciones a petroleros. Por: Eddie A. Ramírez S. #Opinión #ExPdvsa



Fausto y las sanciones a  petroleros


Eddie A. Ramírez S. 


El Fausto  de Goethe fue un engañador y un asesino. Nuestro guerrillero  Fausto dicen que cometió varias fechorías, pero por carecer de  pruebas no podemos  afirmarlo. Sin embargo, sí es público y notorio que engañó a muchos, entre ellos a quien esto escribe. Cuando regresó de Viena, pensamos que las brisas del Danubio habían apaciguado al antiguo guerrillero y que era un hombre serio y la mejor carta que tenía el gobierno para conducir a nuestra principal empresa. La realidad es que no es serio, sino que nunca  ríe y como conductor resultó tan malo como el reposero  del metrobús.  Es el principal responsable de la destrucción de Pdvsa, pero   16 años después los rojos quieren sancionar a quienes intentaron defender a la empresa y a la democracia.

Después del paro petrolero de abril 2002, se produjo una arremetida en contra de los defensores de la meritocracia. Fausto toleró que un grupo de “revolucionarios” desatara una campaña de amedrentamiento,   mantuvo como Gerente de Prevención y Control de Pérdidas al teniente coronel (r) Pérez Issa,  quien actuaba como comisario político, y avaló averiguaciones penales y civiles  emprendidas por amigos suyos y por diputados.  Tanto Horacio Medina, como Juan Fernández manifestaron a Fausto la preocupación ante la persecución e ideologización que se  producía en la empresa.  

Al día siguiente del paro cívico del 2 de diciembre 2002  los  petroleros fueron agredidos por la Guardia Nacional. Fausto militarizó las instalaciones,    convocó a los grupos paramilitares oficialistas a ocupar los portones de Pdvsa e  implementó un plan de contingencia paralelo al institucional. El  día 6 ordenó a los empleados de la empresa mixta Intesa  bloquear las claves que permitían  el control de las exportaciones. El día 7 asumió  poderes plenos,    removió a los gerentes de producción y refinación que estaban en sus puestos y  el 13 despidió a  Edgar Paredes, Juan Fernández, Horacio Medina  y Edgar Quijano. De allí en adelante ejecutó   despidos masivos: 726 ejecutivos, 12.371 nómina mayor, 3.705 nómina menor y 1.951 de la nómina diaria, además de unos 2.500 de Intesa y un número indeterminado a quienes no les llegó notificación de despido pero que fueron impedidos de ingresar a su trabajo. Obedeciendo órdenes de Chávez y muy probablemente de sus jefes castristas, Fausto cometió el mayor genocidio laboral de nuestra historia.

 Once años después, el ciudadano Raúl Soto y posteriormente Ramón Torres C,  ilegales   Auditores  Fiscales de Pdvsa, así como el Delegatario Paúl Alvarado Rodríguez, iniciaron  una persecución en contra de 180 trabajadores, a los cuales en forma arbitraria les endosaron  una sanción pecunaria por el petróleo que se dejó de exportar, la gasolina que tuvo que importarse y  supuestos daños no identificados a instalaciones entre el 2 de diciembre  2002 y el 31 de marzo 2003, aún cuando los sancionados habían sido despedidos entre diciembre y enero. Inventaron   una  cifra    de     más de 19 mil millones  de bolívares,  la cual distribuyeron arbitrariamente, entre 80 y casi 125 millones de bolívares por cabeza. 

En ningún caso señalaron  una acción concreta individual. Todas las acusaciones fueron por dar declaraciones,   por asistir a ruedas de prensa o ser fundadores de Gente del Petróleo o de Unapetrol. El colmo es que algunos de los sancionados no se unieron al paro, otros nunca dieron declaraciones, ni asistieron a ruedas de prensa y varios estaban de vacaciones.  Quien esto escribe ya estaba jubilado desde fines de octubre, aunque sí di declaraciones apoyando el paro una vez que se inició y por este “delito” me aplicaron la mayor sanción,  124.914.013,16   bolívares fuertes.   

Ahora, casi 16 años después, Pdvsa acudió al ilegal TSJ para solicitar   medidas de prohibición de enajenar y gravar bienes pertenecientes a los sancionados arbitrariamente. La lista incluye a un médico, abogados comunicadores sociales, economistas, capitanes de barcos, un docente e investigadores y, desde luego, especialistas en las operaciones de hidrocarburos.  El tiempo nos dio la razón. No nos arrepentimos.  Había que realizar un paro  para  intentar evitar la destrucción de nuestra principal empresa y el establecimiento de una narcodictadura. 

Por los despidos injustificados, Fausto, o sea Alí Rodríguez Araque,  es el principal responsable de la debacle de Pdvsa. Posteriormente, sus protegidos  Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, terminaron la destrucción por contratar muchos activistas políticos, no realizar las inversiones necesarias y por propiciar  la corrupción. Ellos deberían ser los sancionados, no quienes intentaron preservar la empresa.   En la obra de Goethe, la infeliz  Margarita intercedió para que  Fausto no fuese a los infiernos, pero Venezuela no perdonará a este Fausto, ni a sus pupilos. 

Como (había) en botica: Maduro autorizó al   general Quevedo a   contratar sin licitación. La producción y la refinación seguirán declinando y aumentará la corrupción. Repudiamos las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Daniel Ortega ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!




24/04/18 Noticiero digital, Runrunes y Digaloahi digital


jueves, 29 de marzo de 2018

Requiem en memoria de Petróleos de Venezuela. Por: Gustavo Coronel. OPINIÓN #PDVSA #Venezuela



Requiem en memoria de Petróleos de Venezuela. 


Por: Gustavo Coronel



jueves, 29 de marzo de 2018


These our actors,

As I foretold you, were all spirits and

Are melted into air, into thin air;

And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp'd towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea, all which it inherit, shall dissolve,
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff 
As dreams are made on…..
Prospero, THE TEMPEST, Act 4, Scene I, William Shakespeare

Mi traducción:
Estos actores nuestros, te lo dije, eran todos espíritus convertidos en aire,
 Solo en aire sutil
Y, como la materia sin sustento de esta visión, las torres en las nubes, los Hermosos palacios, Los solemnes templos y el mismo globo,
Todo lo que heredamos se evaporará
Sin dejar el más pequeño rastro.
Somos apenas el material del cual se hacen los sueños….

Próspero, Acto IV, Escena I. LA TEMPESTAD, William Shakespeare

Para concebir la nacionalización de la industria petrolera se arroparon con la bandera nacional. Fue un acto de machismo. Se preguntaban: ¿Si otros países tienen una empresa petrolera nacional, por qué nosotros no? Podrían haber estado hablando de una línea aérea bandera (VIASA), de una flota de barcos (CVN), ambas creadas por la misma razón patriota o patriotera, ambas fallecidas hace tiempo. El mundo político dijo: Un país petrolero debe tener una empresa petrolera y ella debe ser la única que maneje el tesoro. El petróleo es nuestro, era el grito unánime. De nada valió que algunos dijéramos, en su momento,  que para ejercer efectivo control no era necesario tener empresa propia o  el monopolio de la actividad.  Lo más que se logró fue un artículo, el vituperado Artículo Quinto, que abría una pequeña puerta de asociación con empresas extranjeras, el cual fue definido como traición a la patria por mucho del mundo político. Por haberse incluido este artículo  la “nacionalización” fue definida como chucuta. El tiempo se encargó de poner las cosas en su sitio y mostró que estas asociaciones eran el pan nuestro de cada día en una actividad internacional. Hasta los más rábidos ultra patriotas las han utilizado, aunque el chavismo las ha tenido solo para tratar de sacarles dinero a los Rusos y a los Chinos, sin que conduzcan a un desarrollo petrolero real.  
De nada valió que en el momento en el cual se tomó la decisión  ya el estado capturaba un 85% de los ingresos, sin que él tuviese que invertir en el negocio, por lo cual lo que se terminó “nacionalizando” fue el riesgo.
Ello le fue advertido a quienes tomaron la decisión, pero la nacionalización petrolera no fue una decisión basada en cálculos económicos sino políticos.  Fue un asunto de soberanía, entendida como “lo mío lo manejo yo y nadie más que yo”.
 Y así fue. Durante unos 5 a 6  años  se dio el milagro de que el mundo político dejase a Petróleos de Venezuela hacer su trabajo sin interferencias. Fue un milagro hecho posible por el inmenso prestigio de Rafael Alfonzo Ravard, unos de los escasos mandarines que ha tenido nuestra función pública. Su presencia en PDVSA creó, por cierto número de años, el dique que contenía las apetencias del sector político sobre la industria que generaba dinero, es decir, poder.   En la década de 1980 se comenzaron a ver las fisuras, se terminó la luna de miel entre PDVSA y el país político. El éxito de la empresa pareció indicarles a los miembros del mundo político que eso de producir y vender petróleo no era asunto tan complicado. Hubo quienes dijeron que “el petróleo se vendía solo”. A medida que le empezaron a perder el temor reverencial al General Alfonzo Ravard y a los tecnócratas  los políticos más osados comenzaron a criticar a PDVSA: “Esos gerentes ganan mucho dinero”, decían algunos copeyanos. “Toman champaña a  bordo de sus aviones”, decían algunos adecos. “Los gerentes petroleros son apátridas”, acusaban los ñángaras. Comenzó una actividad de penetración política en PDVSA que culminó, durante la presidencia de Luis Herrera Campins,  con la confiscación del Fondo de Inversión que PDVSA requería para sus inversiones de capital y mantenimiento. La politización de PDVSA fue un proceso insidioso, persistente, sin vuelta atrás. El sueño de los gerentes y técnicos petroleros de lograr que la administración pública venezolana se contagiara con los buenos hábitos de PDVSA se revirtió y PDVSA se fue contagiando con los malos hábitos de la administración Pública. No era lógico esperar que el pez chico se comiera al pez grande. A pesar de la importancia de PDVSA para la economía del país, PDVSA era una empresa de un relativamente bajo número de empleados, mientras que la Administración pública era un gigante desordenado que engullía todo lo que encontraba a su paso.     
Una temprana muestra de lo absurdo de tener una empresa petrolera estatal de naturaleza global se refería a los salarios. Mientras los gerentes de PDVSA ganaban $2500 o $3000 al mes, sus contrapartes de Shell o Exxon ganaban $15-20000 al mes, más bonos y participaciones accionarias. Sin embargo, estos gerentes de PDVSA eran criticados por gente tan influyente como Gonzalo Barrios por ganar “obscenas” cantidades, mientras sus contrapartes en el Ministerio apenas ganaban unos $600 al mes. En este drama nadie realmente tenía la culpa pero nadie era justamente tratado. “¿Cómo podía un gerente petrolero ganar más que un ministro?, se preguntaban los políticos. El desequilibrio era un producto del absurdo de tener una empresa del Estado compitiendo en la arena internacional pero sujeta a los reglamentos de una mediocre y politizada administración pública.
Cundo Hugo Chávez llegó a la presidencia ya PDVSA mostraba claras señales de deterioro. Tenía más empleados de los necesarios, sus directivas eran seleccionadas con criterios predominantemente políticos. Aunque la meritocracia no había fallecido del todo,  ya los niveles altos de la gerencia eran ocupados preferentemente por los gerentes simpatizantes del partido de turno.  El presidente de PDVSA se perfilaba como candidato a la presidencia del país, lo cual era clara señal de que algo no andaba  bien.
Sin embargo, nadie imaginaba lo que se le vendría encima a PDVSA. Chávez necesitaba el dinero petrolero para “hacer” su revolución, no para desarrollar al país. Dijo: “Primero atiendo lo político, después lo económico”. Para ello requería del control sobre PDVSA y ni Giusti ni Mandini se lo iban a permitir. Por ello montó allí a un bate quebrado llamado Ciavaldini. Lo remplazó al poco tiempo por un militar, Lameda, quien resultó ser institucionalista, no un títere de Chávez. Y por ello fue despedido. Entonces llegó la debacle con Gastón Parra, un profesor marxista quien nunca había visto un taladro, excepto en fotos. La reacción de los gerentes petroleros no se hizo esperar. Su protesta se convirtió en un masivo movimiento cívico que obligó a Chávez a pedir la represión a sus jefes militares, quienes rehusaron y lo sacaron del poder. Un general, hoy embajador en Portugal, le pidió la renuncia, “la cual aceptó”. Después de su retorno, apuntalado por el general Baduel, regresó decidido a vengarse de los tecnócratas petroleros y a saquear a PDVSA. El y su mensajero, Maduro, nombraron la macabra línea de presidentes que la destruiría: Ali Rodríguez Araque, Rafael Ramírez, Eulogio del Pino, Nelson Martínez, Manuel Quevedo, gente deshonesta e incompetente.
Ellos, sobre todo los tres primeros, promovieron una corrupción nunca vista en Venezuela. Desviaron los ingresos de PDVSA hacia fondos paralelos sin transparencia, importaron comida podrida a groseros sobreprecios, alquilaron gabarras inservibles para ganar obscenas comisiones, contrataron con familiares y amigos, convirtieron a PDVSA en una empresa lavadora de dinero, permitieron que los sectores militares se apoderaran – a través de sus empresas fantasmas -  de una buena parte del mundo de las contrataciones petroleras a fin de repartirse a PDVSA entre el chavismo y la Fuerza Armada. Hicieron de PDVSA un refugio de reposeros y enchufados que ha llegado a tener cinco veces más empleados de los que necesita, dedicaron la empresa a criar cerdos, a sembrar sorgo, a hacer casas mal hechas, a vender pollos, todo lo cual la desnaturalizó como empresa petrolera.
El resultado no se hizo esperar. Especialmente desde 2007 en adelante la empresa se vino abajo, aún en momentos en los cuales el barril de petróleo había llegado a altísimos niveles. Nada era suficiente para la codicia de la obtusa nómina gerencial petrolera y los sátrapas en el poder político. Destruyeron la empresa, la quebraron financieramente llevando su deuda a unos $80.000 millones, la llevaron a producir la mitad de lo que producía al llegar Chávez al poder, arruinaron sus refinerías, ordenaron barcos que nunca llegaron a navegar, permitieron miles de derrames petroleros en toda la geografía venezolana, se aliaron con empresas de medio pelo para “desarrollar” la Faja del Orinoco, barrieron el piso con el nombre de la empresa en el mundo petrolero y la hicieron sinónimo de mediocridad y carencia de honorabilidad en sus negocios.
Así como prostituyeron el nombre de Bolívar apropiándoselo para su “revolución” y destruyeron al Bolívar, la moneda, así corrompieron de tal manera el nombre de PDVSA que ese nombre rueda hoy por los pantanos más pestilentes del mundo financiero y petrolero. 

Petróleos de Venezuela no es recuperable. Es un nombre destruido, sin “good will” en el mundo petrolero. Una nueva Venezuela debe implantar un nuevo modelo de gestión petrolera, después de haber aprendido amargas lecciones. Una, que el patrioterismo lleva al desastre. Dos, que el Estado casi nunca es apto para la actividad económica. Que los venezolanos que clamaban con estridencia por la “nacionalización” petrolera fueron de los primeros en saquearla, en ver su tragedia con indiferencia y en  guardar silencio cómplice ante el desastre. Tres, que Venezuela requiere un estado pequeño, eficiente en su supervisión de actividad privada pero no empresario.
PDVSA debe ser enterrada junto con los mitos del estatismo, de la soberanía mal entendida, del patrioterismo, del orgullo desbocado, de la arrogancia de los líderes mediocres, del culto a la personalidad, del caudillismo incompetente y bocón.
Y, para la PDVSA que se creó con loables propósitos y que luego fue martirizada y asesinada por una horda salvaje, le pedimos al piadoso señor:
Pie Iesu Domine, dona eis requiem
Dona eis requiem sempiternam


IMAGEN SUPERIOR:Por cortesía de:  800 Noticias

REMISIÓN: Eddie A. Ramírez S. 



domingo, 7 de enero de 2018

VENEZUELA: Lo que el trapito no quitará a #Pdvsa. Por: Alejandro Armas @AAAD25 OPINIÓN.

Lo que el trapito no quitará a Pdvsa. 

Por: Alejandro Armas 

Fecha: 


La “limpieza” ordenada por el Gobierno dentro de la industria petrolera ha sacado trapitos sucios hasta de los niveles más elevados. A Rafael Ramírez, quien se encargó de administrarle a Chávez por una década la generadora de casi todas las riquezas del Estado, también lo han puesto bajo el reflector fiscal. 
Las denuncias esgrimidas desde hace años sobre una corrupción gigantesca en Pdvsa, ignoradas o desestimadas como “campaña contrarrevolucionaria” por las autoridades, ahora son presentadas por esas mismas autoridades como su gran hallazgo. El principal señalado no tardó en reaccionar, acusando a su vez a sus inquisidores de conformar una cábala de estafadores que acabaron con el legado del “comandante eterno”. En fin, ante los ojos de los venezolanos ha habido un lamentable espectáculo de atribuciones de culpas por delitos y fracasos que han contribuido con el calamitoso estado del país, esgrimidas con el descaro de quienes estuvieron en contacto constante con el lodazal y ahora pretenden que los vean como inmaculados.
Pdvsa está mal. Muy mal. Por primera vez las autoridades reconocen que hay un problema no menor. Sin embargo, todo el camión de estiércol lo descargan sobre Ramírez y compañía, como si aquel no hubiera sido colocado donde estuvo y mantenido largo tiempo ahí por Chávez. Porque no puede haber ninguna mancha que ensucie la obra política del fundador del movimiento gobernante, nada que sirva para cuestionar el culto cosechado en torno a su figura.
Pero el paso de Ramírez y sus adláteres por Pdvsa, así como todo lo que ello ha significado para la empresa, no puede ser disociado de las desiciones de Chávez y de la manera en que el chavismo ha llevado las riendas de Venezuela. Es una historia de barbaridades que tienen sus orígenes en la misma visión del poder que, en esencia, no ha cambiado.
Sería necio negar que desde que se hizo efectiva la estatización del petróleo en Venezuela, en los albores de 1976, la renta producida por el mismo ha permitido a la República financiar gigantescos proyectos concebidos bajo el halo de políticas sociales, enfocadas a menudo en el beneficio de los sectores más humildes de la población. También es cierto que tal administración de los recursos petrolíferos llevó en más de una ocasión al desarrollo de estructuras clientelares para salvaguarda de intereses partidistas. Todo esto, aunado a posibles deficiencias gerenciales, puede generar críticas como parte del debate público sobre el papel del Estado en el sector nacional de hidrocarburos, sobre todo desde un punto de vista liberal.
Sin embargo, Pdvsa antes de 2002 estaba lejos de ser el desastre actual. A pesar de lo argumentado en el párrafo anterior, la compañía siempre mantuvo un margen de autonomía financiera y administrativa con respecto a los ocupantes de Miraflores y sus intereses políticos. Esa es la diferencia entre una empresa del Estado y una empresa del Gobierno o, peor, del partido oficialista. A nadie en los años 70 u 80 se le hubiera ocurrido afirmar que Pdvsa era “blanca blanquita” o “verde verdecita”.
Además, independientemente del porcentaje de renta petrolera destinado a proyectos sociales públicos, una porción quedaba para inversión en la propia Pdvsa. No hay que ser un Rockefeller para comprender que una petrolera necesita fondos cuantiosos para mantener sus actividades de extracción y refinación. También para exploración de yacimientos nuevos y la innovación industrial.
Pues bien, todo esto le resultó chocante a Chávez. En un país donde la palabra “socialismo” representaba un concepto no muy digno de confianza, es probable que el teniente coronel devenido en jefe de Estado considerara indispensable consolidar su apoyo con políticas sociales gigantescas de ejecución rápida. Para eso hacía falta dinero y ahí estaba la renta petrolera, pero con el problema de que el funcionamiento tradicional de Pdvsa no era adaptable a tales fines. Así que el control de la compañía por el chavismo debía ser ilimitado. Ello consiguió un primer gran escollo en la gerencia de la empresa, apegada a la cultura de autonomía. Chávez la descabezó en 2002, en uno de sus arranques de mandamás. Creyendo que cometía una gracia, despidió a los gerentes molestos con un pito, como un árbitro que expulsa a jugadores de un partido de fútbol. La meritocracia, filosofía que sustentaba la jerarquía en la empresa, fue objeto de burlas y descalificaciones por parte del “comandante”.
En poco tiempo, la nueva Pdvsa, la “roja rojita”, comenzó a tomar forma, de la mano de un nuevo tren de administradores comprometidos con el proyecto chavista, entre los cuales Rafael Ramírez ascendió más que nadie. Desapareció la meritocracia y fue reemplazada por la lealtad a Chávez (y a la elite oficialista tras la muerte de este) como principal criterio para la asignación de responsabilidades. 
Década y media después, los resultados están a la vista. Los “bondadosos y desinteresados revolucionarios” que se hicieron con la conducción de Pdvsa ahora son denunciados por sus camaradas como una partida de ladrones. Además, a la corrupción se agrega el terrible desempeño. Por un tiempo parecía que las actividades de la compañía iban viento en popa. Un Chávez emocionado declaró en 2012 que para 2019 Venezuela debía estar produciendo seis millones de barriles diarios por mes. Pero en noviembre del año pasado, de acuerdo con cifras de Pdvsa reportadas a la OPEP, el bombeo fue de apenas poco más de 1,8 millones de barriles. Durante 2016, la producción mensual promedio fue de más de 2,3 millones. Es decir, hubo una caída de 23%. Los expertos señalan, espantados con razón, que es el desempeño más bajo desde los años 80. Con una nómina muchísimo más grande que la de entonces y luego de haber pasado por el boom de precios más espectacular de la historia, estamos produciendo más o menos lo mismo que hace treinta años.
¿Cómo puede el Gobierno explicar semejante despropósito? Pues justamente para eso es la tal limpieza, después de la cual todo debería marchar de maravilla. Como con los planes para garantizar la seguridad ciudadana, para abastecer los anaqueles con “precios justos” y para torcerle el brazo al dólar innombrable, la elite oficialista lanza un nuevo “ahora sí saldremos adelante” en Pdvsa. Todo indica que, para variar, la solución mágica será aumentar la influencia de los militares en la industria, bajo el cansino argumento de que “la disciplina y el patriotismo” castrenses bastan para enmendarlo todo. Sin embargo, la experiencia del control de la distribución de alimentos por los uniformados da razones de sobra para mantener una postura escéptica sobre el porvernir próximo del sector. Así entra Pdvsa en 2018, año en el que se avisora un agravamiento de la crisis nacional que injustamente ha sido impuesta a los venezolanos con tal de mantener en el poder a un grupo minúsculo de privilegiados.

@AAAD25


FUENTE: RUNRUNES 

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NOTA DEL EDITOR:


 


REAFIRMO MI SOLIDARIDAD con los trabajadores Petroleros de La CRISIS en la industria, se agudiza ACELERADAMENTE. En la cuenta de se pueden leer varios twits sobre la DELICADA situación operacional de la


FUENTE: Twitter Sammy LandaetaMillán





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Hoy 10 de Diciembre de 2010 es el día de la FUERZA AÉREA VENEZOLANA -FAV- Paladín del Espacio Soberano; y en el marco de la celebración del 90° Aniversario de su creación, acaecida el 10 de Diciembre de 1920, DENUNCIAMOS, RECHAZAMOS y NO ACEPTAMOS el cambio de fecha, hacia el 27 de Noviembre promulgado por el SOCIALISMO VANDÁLICO que pretende imponernos el COMUNISMO en Venezuela, amparándose en el ejercicio de una NARCO DICTADURA CONSTITUCIONAL que hoy desconoce el 10 DE DICIEMBRE. DÍA DE LA FAV. Para seguir leyendo haga click sobre la imagen........Gracias