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jueves, 18 de abril de 2013

Seguirán… ¡Y seguiremos! Por: Humberto Seijas Pittaluga. Sesquipedalia

Sesquipedalia

Seguirán… ¡Y seguiremos!

Humberto Seijas Pittaluga

Lo que provoca hoy es repetir, como El Chapulín Colorado: “lo sospeché desde un principio”.  Porque en el aparente triunfo del oficialismo —y enfatizo lo de “aparente”— uno tiene que tomar en cuenta la absoluta falta de escrúpulos del candidato del PUS y su gente en la apelación a los más descarados abusos para intentar prevalecer en el poder.  Partiendo desde la inequidad en los tiempos permitidos en los medios —para ellos: horas de cadenas, cuñas y programas escatológicos como el que conduce el drogo hojillero; para el opositor, escasos minutos—; pasando por apelar a personajes tan despreciables como el Maradroga, traído, atendido y pagado munificentemente con fondos oficiales para cantar loas al candidato oficial —otro de los muchos extranjeros traídos por el régimen para intervenir en política interna—; apelar a bandas violentas (sus integrantes dotados con motos y armas que debieran ser solo para uso oficial) que coaccionaron el voto de los opositores; hasta mantener como MinPoPoDef a un imbécil, a una fichita política sin ningún ascendiente en la Fuerza Armada, para desvirtuar a esta de sus altos fines y convertirla en mecanismo de agitprop que sirviese para intentar aterrorizar a quienes nos atrevemos a pensar distinto, y para “caletear” compulsivamente a las mesas a partidarios remisos.  Todo ello, bajo la mirada complaciente y parcializada de la “banda de las cuatro”, que no lograba encontrar falta en nada de lo que hicieron el contendor oficialista y sus conmilitones; bajo la alcahuetería de una funcionaria que confunde sus funciones y cree que es defensora solo de sus copartidarios; bajo las amenazas de una fiscala que emplea su función y a sus subalternos para el hostigamiento de los opositores; y la bendición de unos “magistrados” que fueron quienes originaron la ilegalidad del interregno.  Total, que el presunto triunfo antenoche estaba cantado.
Lo que le espera a Venezuela en el futuro cercano es negro cacho.  Seguirán los mismos ineptos (para la función pero avivatos para sus enriquecimientos) al frente de los ministerios e industrias básicas.  Y, al igual que en el pasado, cuando metan sus respectivas patas, serán rotados a otros ministerios, nunca destituidos.  Porque para el régimen seguirá siendo más importante el carné que los conocimientos y destrezas, y porque no tienen con quién reemplazarlos.  No son sino un pequeño grupo de encantadores de serpiente —de culebreros de fiestas patronales, para ponerlo en el lenguaje popular— que a punta de regalar lo que no es de ellos se mantienen en la manguangua.  Para esto, seguirán quebrando al país, sin entender (ni importarles) que no somos ricos, que hay que incentivar el trabajo productivo y no los cambures; seguirán apelando a la inseguridad jurídica para imponerse a las empresas privadas y hacerlas quebrar, favoreciendo así la creación de empleo en otros países, no aquí.  Y, como eso no será suficiente para seguir con la regaladera a nuestros compatriotas que necesitan sobrevivir a como dé lugar —así sea vendiéndose por un pollo de Mercal—, seguirán pidiéndole prestado a potencias “amigas”, que les concederán créditos con intereses usureros y condiciones que hacen declinar la poca soberanía que nos queda después que ellos nos regalaron a Cuba.
No tengo dudas de que la solicitud de Capriles para que se digan los verdaderos resultados de los escrutinios caerá en los oídos sordos de la “banda de las cuatro”.  Entonces, Nicolás será presidente sin siquiera haber resultado ganador.  Y él y ellos seguirán con el desconocimiento y las faltas de respeto en contra de la otra media Venezuela. Seguirán sin entender que los resultados del domingo no los autorizan para radicalismos insensatos, sin valorar a la oposición como una fuerza que no puede ser despreciada.  Seguirán, pues, cabeza gacha, con todo lo que la gerontocracia cubana les ordene.  Órdenes que no son para que Venezuela progrese sino para que la isla no termine de morirse de hambre. 
Al tiempo que esto sucede, nosotros seguiremos empobreciéndonos, viendo como otros países de la región avanzan hacia el desarrollo usando las armas de verdaderas democracias; seguiremos mirando cómo el populismo seguirá creciendo, pero de manera más ramplona; seguiremos observando cómo organismos e instituciones se deterioran hasta reducirnos a lo más oscuro del siglo XIX. 
Seguiremos presenciando cómo el bendecido por Tiby habla por los dos lados de la boca.  Antenoche llamó al cese del odio, y pidió a la oposición que “sepan administrar el resultado que han obtenido. Con humildad, sin prepotencia y sin retar a Venezuela, sin llamar a la violencia” —cosa que nosotros le recomendamos a él.  Pero, al mismo tiempo, seguía vomitando infundios en contra de quienes sabemos que él no tiene el equipaje mental, ni el equipo humano, para sacar a Venezuela de la crisis en la que la irresponsabilidad de ellos la han zampado durante estos catorce años.
Por eso, también, seguiremos diciendo nuestras verdades, así vayan a contrapelo con la realidad panglosiana que nos intentan pintar…
 
NOTA DE REMISIÓN:
Antonio Pérez-Criollo
16 abr (hace 2 días)

 
Este artículo del buen amigo GD (GN) Humberto Seijas Pittaluga debió salir publicado en la edición de hoy del diario NotiTarde pero parece que funcionó la censura. El nos solicitó a sus amigos que lo divulgáramos y eso es lo que estoy haciendo. Un abrazo
---------- Mensaje reenviado ----------
De: Humberto Seijas Pittaluga
Fecha: 16 de abril de 2013 10:40
Asunto: ¡Qué vaina con la pacatería! (¿o será culillo?)
Me volvieron a censurar en Notitarde.  Y ni siquiera se tomaron la molestia de prevenirme.  Les envío de nuevo mi escrito con el ruego de que --los que puedan-- multipliquen su lectura mediante reenvíos a su lista de correos.

 
Gracias.  Y sepan perdonar la molestia...
 
H. Seijas

 

martes, 26 de febrero de 2013

Dos temas sueltos pero con ilación. Por: Humberto Seijas Pittaluga

 
Sesquipedalia
Dos temas sueltos pero con ilación
Humberto Seijas Pittaluga
 
Una carta que debieran leer nuestros uniformados
El Cónsul de Portugal en Valencia, Antonio Chrystêllo Tavares —un querido amigo que ha hecho revivir en esa ciudad la costumbre de las veladas cultas de conciertos y de conferencias— escribió una semblanza acerca de Joaquim de Albuquerque, un oficial portugués de finales del siglo XIX que se cubrió de gloria en varios combates en África y que fue, además de pacificador de Mozambique, un gobernante exitoso que le buscó solución a los problemas sociales, económicos y culturales de ese territorio con un trabajo solo comparable al de su alto prestigio militar.  Esos méritos hicieron que don Carlos I, el rey de Portugal, lo designara como preceptor del príncipe heredero, Luis Felipe de Bragança, cuando este cumplió los 13 años.  Sus enseñanzas parecen haberle sido de mucha utilidad al príncipe en su corta vida —resultó muerto a los 21 años, junto a su padre, en el regicidio de 1908.  Después de leer algunos párrafos de esa carta que el cónsul incluyó en el programa del más reciente concierto, me decidí leerla completa, vía Wikipedia, y descubrí una joya de la literatura patriótica y militar que debiera ser de lectura obligatoria para los militares venezolanos de hoy.
 Si dejamos de lado los tratamientos protocolares de esa época y nos enfocamos en lo que predica Albuquerque, las palabras tienen vigencia y mucha pertinencia con lo que sucede hoy en nuestro país.  Solicito la clemencia de los lectores por la traducción que hice de algunos apartes que quiero compartir y transcribo de inmediato: “Triste del hombre que sólo se preocupa por el presente, que solo aprecia la intimidad de la vida.  Pobre de aquel que necesita dormir para soñar con el futuro. En la observación dolida de lo que ha pasado y en el imaginar lo que está por venir se va formando el alma, se van estableciendo las cualidades, desarrollando la fuerza”.  Pareciera ser una admonición para tanto aprovechador codicioso que abunda en el escalafón militar y los ministerios solo para lucrarse hoy sin importarle cómo dejan de empobrecida a la nación de cara al futuro.
 Más adelante, el lusitano le explica a su pupilo: “Su Alteza nació en una época bien desdichada para este país. Tal vez fue un favor de Dios porque la fuerza de carácter se prueba más en la desventura que en la felicidad.  En cualquier caso es cierto, mi Señor, que vuestra historia ha sido muy triste porque, convénzase bien su Alteza, los príncipes no tienen biografía, su historia es, tiene que ser, la de su pueblo. En esta historia, sin embargo, hay algunas páginas que su Alteza puede leer sin que se le caiga la cara de de vergüenza, sin que le suban a los ojos lágrimas exprimidas del corazón triturado por las humillaciones. Esas pocas páginas brillantes y consoladoras que hay en la historia de Portugal contemporáneo, las escribimos nosotros, los soldados, por las selvas de África. (...) Algo sufrimos, es cierto; corrimos peligros y pasamos hambre y sed, y no a pocos postraron en tierra para siempre la fatiga y las enfermedades. Todos lo soportamos de buena gana porque servíamos al rey y la patria, ¡y para ninguna otra cosa está en este mundo quien tiene el honor de portar una guerrera!”  Vergüenza es lo que —al meditar sobre esto—debieran sentir los que han dejado de lado la frase “de Venezuela” en el nombre de la Fuerzas Armadas y la han reemplazado con un “bolivarianas” que ojalá significara “que se guía por las enseñanzas de Bolívar” pero que todos los venezolanos sabemos que solo denota que fueron ofrendadas a un partido político.  Con el pusilánime y nefando alto mando (minúsculas a propósito) actual no regresarán la ética y la verticalidad al seno de la Fuerza Armada.  Pero, menos mal, que ya les debe quedar poco tiempo…
 
El bufón que se exasperó
Una de las óperas que a mí me gusta más es Rigoletto.  Creo que la escena del último acto en la que Rigoletto lleva a su hija, Gilda, para que se desilusione al descubrir que su adorado duque de Mantua está cortejando a Maddalena, es una de las más hermosas piezas para cuatro voces que se haya escrito en la lírica.  Pero hoy voy a referirme a otra: aquella en la que el deforme bufón confronta a los nobles en palacio y les exige que le entreguen a su hija, que ellos han raptado para ofrecérsela a Mantua.  Cuando estos se niegan, Rigoletto, encolerizado, los apostrofa con su “Cortigiani, vil razza dannata!”  Igual andanada es la que provoca dispararle a tantos adulantes que pululan alrededor del “panal de rica miel” que representa el Tesoro Nacional y que los validos del invisible reparten con una discrecionalidad irresponsable y (sospecha uno) una complicidad despreciable.  Son eso: una vil y maldita raza de cortesanos…

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