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miércoles, 8 de enero de 2020

Gusanos. Por: Rodolfo Izaguirre. Opinión. Venezuela. El Nacional.


Gusanos


El Grupo Sardio, renovador de la literatura venezolana, se disolvió al aparecer la Revolución cubana que hipnotizó al mundo. Los socialdemócratas del grupo se separaron y los fervorosos adictos de la llamada izquierda se unieron para formar el Techo de la Ballena.
Yo pertenecí a los dos movimientos en la afirmación de que Sardio prefería la revolución del lenguaje antes que el lenguaje de la revolución y que en El Techo se manejaba un espíritu renovador, irreverente, dadaísta. Pero hoy descubro que se trataba en efecto de una disposición que sacudió al mundo cultural, pero más que un movimiento estremecedor aquel Techo era el brazo cultural de unas guerrillas de inspiración cubana. Tuvimos una invasión cubana en Machurucuto y aplaudimos. En las series de beisbol, cada vez que se enfrentaban Cuba y Venezuela, ¡íbamos a Cuba!
El Techo fue en verdad irreverente, y dos gestos suyos merecen aplauso: el poema «¿Duerme Ud. Señor Presidente?» de Caupolicán Ovalles que provocó la cólera de Rómulo Betancourt y la Exposición Homenaje a la Necrofilia, de Carlos Contramestre: ¡un escándalo apoteósico!
El dia 2 de noviembre de 1962 en la calle Villaflor de Sabana Grande se inauguró la exposición. Contramaestre, con huesos y restos de animales recién descuartizados, cubrió las paredes del garaje que alquilamos a una inocente viejecita.
Eran cuadros armados con vísceras que, mal tratadas por el artista no obstante ser médico, comenzaron a podrirse a dos días de haberse inaugurado la exposición provocando tumultuoso escándalo en la entonces apacible floresta cultural venezolana. Me tocó el privilegio de presenciar la aparición de gusanos en todas y en cada una de las obras expuestas porque yo estaba esa mañana custodiando la exposición, la más violenta de las que promovió El Techo de la Ballena. Vi asombrado cómo aquellos cuadros adquirían vida propia, se removían gusanos que obligaron al Ministerio de Sanidad a clausurar la exposición. “Eran tripas, mortajas, untos, cierres relámpagos, abestina o caucho en polvo, desparramados sobre cartones y trozos de madera”, escribió Adriano González León en el catálogo. “Todo ello configuraba un empaste violento y el cuadro dejaba de ser un bello objeto de coleccionistas o un orgullo de museo para transformarse en una persecución de la materia humana, justamente en el corazón mismo de la sordidez, porque se hace menester rescatar las tripas y las heces fecales, al lado de una dulce conjunción de pantaletas y resitex, en un intento por ganarle la partida a tanta finura acobardada, a tanta buena realización, que andan de brazo con el asesinato, sea producido por ametralladoras o con aparatos de tortura”.
El propósito del homenaje era señalar que todo estaba podrido en el país venezolano: el arte, la política, Miraflores, Rómulo Betancourt, la sociedad. Pero los gusanos que vi moverse en las obras expuestas eran gusanos del arte. Los verdaderos “gusanos” se movían rencorosos y opositores en la Revolución cubana que comenzaba a podrirse al nomás nacer.
Los gusanos son símbolos de una insólita vida desconcertante que renace de la muerte y de la corrupción. Son seres inferiores, a veces subterrános. Larvarios. Emergen de lo que comienza a podrirse y adquieren una energía que repta y suscita rechazo y repugnancia. Son muerte relativa porque sus vidas nacen de una vida que dejó de ser. Esta vida que renace de una ausencia de vida llega a ser realmente repugnante porque el gusano puede ser peludo; a veces negro, venenoso e invertebrado. Su cuerpo generalmente pequeño es blando, carece de extremidades; suele ser hermafrodita. Se arrastra. Platelmintos, Nematelmintos. Viven en las hojas, en los pantanos. ¡Allí donde alguna materia orgánica comienza a descomponerse! Los seres humanos preferimos ser cremados para evitar que la corrupción de nuestros cuerpos libere gusanos y anhelamos convertirnos en cenizas para que seamos esparcidos al viento; para volver a ser aire.
Los cubanos opositores, ofendidos por los líderes “revolucionarios”, fueron considerados gusanos, gente infeliz e inferior. Los verdaderos gusanos,  por el contrario, eran los mandatarios en la isla, penosamente despóticos y asesinos crueles y desorbitados.
Lo que estaba podrido no era el país venezolano asediado por guerrillas de inspiración cubana; no era la democracia ni Betancourt elegido en elecciones universales y secretas. ¡Lo que comenzaba a podrirse era la propia Revolución cubana!
Éticamente, no era posible levantar un hombre nuevo con base en tres flagelos; el ron, el tabaco y el azúcar! Esta precisión ética no prosperó porque la mayoría de nosotros fuma, bebe ron y desafía la diabetes. ¡No era yo quien tenía razón! ¡Era Rómulo Betancourt! La República que no se logró por la vía de la violencia se convirtió en una República del Este de tardía bohemia que acabó con la esclarecida vida de mi generación, refugiada en un bar de la avenida Solano. Me crispo cada vez que escucho a alguien ponderar torcidamente al Techo de la Ballena. Un grupo de chavistas (Aray, Calzadilla, Daniel G.) ha intentado asociar el magma alimentado por Contramaestre, encauzado por la Ballena y dirigido contra gobierno malsanos, como el socialismo de Chávez, de Maduro, del boliviano Morales y del narcotráfico para convertir en “balleneros” a los mismos sátrapas que el magma persigue precisamente con furor.
Lo valioso del Techo consistió precisamente en su iracundia, su avasallamiento y su ruptura con la banalidad de lo establecido. Su error histórico fue atentar contra la democracia y servir de apoyo a unas guerrillas de errático objetivo que intentaron sembrar en los años sesenta lo que haría años más tarde el fascismo del ”¡Por ahora!”: !la negación cubana de la propia cultura y de nuestra dignidad!
FUENTE: EL NACIONAL 
REMISIÓN:  Alfredo Cedeño. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

El escudo. Por Rodolfo Izaguirre. Opinión. Venezuela. El Nacional



OPINIÓN

    El escudo





    Dejando de lado el Escudo de Armas de la República Bolivariana de Venezuela, emblema heráldico que representa al país y constituye, junto con la Bandera y el Himno Nacional, los símbolos patrios, el escudo es una de las armas defensivas más antiguas que se conocen. Los sumerios ya lo conocían. José Emilio Pacheco en su Lectura de la antología griega menciona al escudo:

    “Algún tracio andará feliz con mi escudo nuevo. Lástima, haber tenido que dejarlo en el bosque. Pero sobreviví: es lo importante. Ya compraré otro escudo”.

    A medida que las armas ofensivas fueron modificándose y avanzaron en poder y capacidad de aniquilamiento, el escudo y los materiales que se empleaban al fabricarlos también fueron perfeccionándose, pero cuando se lograron armas de fuego capaces de superar la protección que ofrecían los escudos, estos dejaron de existir. Sin embargo, la Guardia Nacional Bolivariana sigue utilizándolos para proteger la vesanía con la que enfrentan a los civiles enojados y a los jóvenes enardecidos que manifiestan en las calles.

    Los escudos que portan los Guardias Nacionales se hacen de policarbonato y ofrecen una alta resistencia a golpes e impactos; están diseñados para proteger a quienes los llevan de golpes directos provocados por elementos contundentes de variadas formas y velocidades. Se conocen escudos con diversos tamaños y su peso varía de 2,5 a 4.5 kilos de acuerdo con el tamaño. Están provistos de un protector de espuma de alta densidad y un soporte en nylon o poliéster de 2,5 pulgadas de ancho. Los fabricantes agregan una nota de exquisito tono: “Nos eximimos de cualquier responsabilidad por su uso.”

    ¡Pero no es solo el escudo! Al enfrentarse al joven estudiante desarmado, cada Guardia Nacional se convierte en una suerte de Robocop amenazador: casco balístico, máscara antigás, chaleco blindado antibalas; coderas, rodilleras, escudo antimotín, armas con capacidad de 30 cartuchos, ráfagas de 750 disparos por minutos y ochocientos metros de alcance efectivo. A esta ráfaga la llaman “la serpiente de fuego”. Pero hay otras armas que disparan balas de goma, perdigones. El casco y el propio escudo sirven para golpear de manera salvaje a muchachas desvalidas. Se ha visto esa agresividad en frecuentes y crispantes ocasiones.

    Las Comisiones de Derechos Humanos ven algunas de estas armas con malos ojos por el uso indebido que puede dárseles ya que deberían emplearse solo en caso de guerra.
    El escudo aisla a quien lo usa, pero también lo defiende y protege. Establece una suerte de frontera entre la persona que lo lleva y el mundo que lo rodea. Su poseedor se enfrenta siempre a un adversario porque el escudo presupone la circunstancia de un severo conflicto. ¡Un combate! ¡Una ferocidad!

    Alguien observó que en su lucha contra Satanás, el Arcángel Miguel sostiene en sus manos un escudo con forma de membrana semejante a las alas del Demonio. ¡El Arcángel es un guerrero! Su escudo simboliza el universo. Y él, en tanto que suprema figura celestial representa la defensa contra las fuerzas del mal y la oscuridad que acechan al ser humano: la ignorancia, la inconsciencia y la esclavitud a los apegos materiales y emocionales.
    Con el paso del tiempo, superadas las batallas cuerpo a cuerpo y la aparición de armas creadas por nuevas tecnologías: Hiroshima, lanzallamas, misiles teledirigidos, los escudos quedaron confinados a la heráldica. Los países, la nobleza, crearon o inventaron los suyos. El nuestro tiene una cornucopia y un caballo que sufrió la perfecta ignorancia e idiotez de Hugo Chávez al modificar un galope ajustado a las normas de la heráldica.
    El mejor ejemplo de la eficacia del escudo como arma defensiva-ofensiva tiene que ver con la mitología griega. Medusa era una gorgona, un símbolo de la madre terrible, un monstruo femenino con serpientes venenosas en lugar de cabellos. Convertía en piedra a quienes la miraban a los ojos. Perseo logró la hazaña de decapitarla porque pulió su escudo hasta hacer de él un espejo e hizo que Medusa se mirara en él. Al hacerlo, quedó petrificada y Perseo aprovechó para decapitarla. Luego, usó la cabeza como arma, hasta que la ofreció a la diosa Atenea, quien la puso en su escudo. Se dice que desde entonces la cabeza de Medusa aleja el mal que ronda a los seres humanos.

    Pero, contrariamente, Medusa vive entre nosotros; nos acecha y atormenta. No es una gorgona. Es algo aún más siniestro y de mayor perversidad. Adopta la imagen del chavismo, invoca y hace suyo a Simón Bolívar pero no puede ocultar una escabrosa adicción fascista de izquierda, sucia y maloliente. Es verdad que en lugar de cabellos tiene serpientes alocadas que nos obligan a abandonar el desolado país venezolano en pavorosa dispersión. ¡Nos petrifica! Buscamos de manera incesante un nuevo Perseo que logre invertir la maldad y convierta en piedra la mente criminal que mueve e impulsa los atolondramientos del régimen militar y nos ofrezca el milagro de transformar la decapitada cabeza de la gorgona bolivariana.

    FUENTE: Artículo publicado por El Nacional 

    IMAGEN SUPERIOR: Réplicas de escudos romanos del 70 d. C. por cortesía de Wikipedia 

    REMISIÓN: Alfredo Cedeño. 


    lunes, 23 de diciembre de 2019

    El diálogo. Por: Rodolfo Izaguirre. Opinión Venezuela. El Nacional.

      El diálogo









    El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su primer Protocolo Facultativo entraron en vigor en 1976. Este pacto contaba con 167 Estados parte a finales de 2010. El Segundo Protocolo Facultativo fue aprobado en 1989.

    El pacto recoge derechos como la libertad de movimiento; la igualdad ante la ley; el derecho a un juicio justo y a la presunción de inocencia; la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; la libertad de opinión y de expresión; la reunión pacífica; la libertad de asociación; la participación en asuntos públicos y elecciones; y la protección de los derechos de las minorías. Asimismo, prohíbe la privación de la vida; la tortura, las penas o los tratos crueles o degradantes; la esclavitud y el trabajo forzoso; la detención o prisión arbitraria; las injerencias arbitrarias en la vida privada; la propaganda en favor de la guerra; la discriminación y la apología del odio racial o religioso.
    Encontré un camino my personal para abordar el asunto de los derechos humanos, un tema estudiado y analizado hasta la saciedad.
    Hay dos palabras que permiten entender claramente al país venezolano a todo lo largo de su historia”: “debate” y “combate”. Antonio López Ortega en el prólogo al libro 6:00 am. Memoria y olvido, 2008, de Ramón Paolini y Rafael Tomás Caldera, establece dos pulsiones en el ejercicio de la cultura latinoamericana que, respectivamente, Jorge Luis Borges llamaría la memoria y Lezama Lima, la imagen.
    El debate es controversia, discusión. Puede alcanzar niveles civiles de enfrentamiento, de dureza y combate, de lucha y contienda, pero siempre serán batallas que suceden en el campo de las ideas, de las tesis, pronunciamientos, proposiciones y alegatos. No es cosa de fusiles ni municiones sino de diálogos y diálogo es una palabra que viene del latín y antes del griego, esto es: palabra antigüa que existe y se pronuncia y se conoce desde la antigüedad griega, desde que el hombre dejó de ser animal de la prehistoria y comenzaron a existir países con cultura y civilización. Y es una palabra que significa “plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos”. Cabe otra acepción:  “es discusión o trato en busca de avenencia”.
    No es cosa de órdenes ásperas, de ensañamientos ni conductas rígidas porque “combate” tiene que ver, directa y brutalmente con el uniforme militar y este con la violencia. Una violencia que es competencia exclusiva del cerrado universo del cuartel, de la árida llanura donde se enfrentan en cuerpo a cuerpo los batallones de épocas pasadas o de la avanzada tecnología de la muerte que cabalga en los lanzallamas, en las bombas solo matagente; trota sobre Hiroshima y Nagasaki y aúlla en los misiles teledirigidos.
    Nuestros héroes de Independencia salieron victoriosos del combate contra la España del débil y deplorable Fernando VII. Pero fueron héroes engañosos porque emergieron del combate dueños de tierras y haciendas. Es cierto que  nos liberaron del dominio político español, pero se apoderaron del poder económico. Son los artífices del otro retrato del país venezolano: el retrato del país trajeado de  uniforme militar, vanidoso, adornado de presillas y condecoraciones, el retrato del héroe de bigotes y barbas perfumadas, botas limpias como espejos;  pleitos y fugaces combates caudillescos para asegurar sus jactancias políticas. O el retrato más moderno de militares que jamás han presenciado una guerra de verdad pero se complacen en tener en la mira a los civiles desarmados. ¡Debate y combate! Memoria e imagen. Y una propuesta falsa e hipócrita: las juntas de gobierno cívico-militar que surgen en momentos de difíciles pronunciamientos, pero un par de meses más tarde solo se encaminan por la única calle por donde marchan los militares dando latigazos a los derechos humanos.
    El diálogo que acostumbraba vociferar Elena Petrescu, más conocida como Elena Ceaucescu, viceprimera ministra y esposa de Nicolae Ceaucescu, el sátrapa rumano: “!Cuando dialogo no quiero que me interrumpan!” fue considerado tan aborrecible que la fusilaron en un oscuro cuartel de provincia.


    Mejor era el diálogo que Efraín Hurtado afirmó que sostenían Jean Paul Sartre y Raymond Queneau: ¡Sartre decía que sí y Raymond Quenau!
    En la famosa entrevista “Salvador Garmendia, pasillo de por medio”, (Grijalbo, 1994) que Miyó Vestrini le hizo a Salvador Garmendia, el autor de Memorias de Altagracia le da consejos a la libretista de telenovelas que quiso ser alguna vez la propia Miyó. Primero le hace ver que los personajes deben manifestarse como lo que ellos son, con sus particularidades, manías y neurosis. Una manera de que se hagan mas creíbles. “La elaboración del diálogo, dice, viene después. Esa es una fase mucho mas reflexiva, minuciosa, casi artesanal. La imaginación tiene un cauce más libre en cuanto a la imagen; el diálogo es más cerebral, un trabajo de collage, de tijera, de pura herramienta. Un parlamento, continúa diciendo Salvador, que se trabaja como un objeto de carpintería, cortando, raspando, limando, midiendo… El tiempo de la imagen es irreal, ilusorio,  plegable, inconcreto, en parte como puede ser el de los sueños”.
    Garmendia habla del diálogo, es decir, del debate; no del combate. Todo régimen militar grita, manotea. Bajo el socialismo chavista solo dice y practica vulgaridades. Ha rechazado o entorpecido toda clase de diálogos, de acuerdos, de confrontaciones y términos aceptables. Cada encuentro entre la oposición y el régimen militar termina en lamentables fracasos iniciados, auspiciados y anudados por el propio régimen. El narcotráfico no dialoga, no hace pactos, no negocia ni perdona.
    De manera tozuda la oposición política, algún tonto jefe del Estado o un dócil enchufado han insistido en dialogar con un régimen que se niega a hacerlo o que imita descaradamente a la Elena Petrescu rumana que tuvo que ser fusilada junto a su odioso marido en un anónimo y desaseado cuartel de provincia.
    El núcleo del asunto se encuentra en el permanente enfrentamiento entre el debate y el combate. Quiero decir, entre el caudillo civil siempre autoritario y el caudillo militar siempre áspero y tiránico. El militar tiene las armas. El civil se apoya en ellas. Vivimos, sobrevivimos ahogándonos en el pantano que existe entre la vida civil de “cauce más libre” y la ordenada aunque dura y perversa cotidianidad que se respira en el espacio destinado a la tropa. Es allí, en esa ciénaga, donde sigue transcurriendo la absurda y atrasada vida política venezolana mientras se enfrentan o se abrazan la memoria y la imagen a la espera de que una cerámica de 5.000 años de antigüedad le otorgue inmortalidad a la cultura y los militares venezolanos o colombianos o ecuatorianos dejen en paz a los derechos humanos.

    FUENTE:  EL NACIONAL


    REMISIÓN: Alfredo Cedeño.


    domingo, 1 de diciembre de 2019

    La realidad es maravillosa Por: Rodolfo Izaguirre, Opinión. Venezuela.

    La realidad es maravillosa

    diciembre 1, 2019
     En 1953, el cineasta y escritor griego Ado Kyrou escribió un libro apasionante titulado Le Surréalisme au cinema y confesó que estaba harto y aburrido de levantar las vestiduras de los ángeles del cielo para constatar si tenían o no algún tipo de sexo extraño o misterioso.
    Hoy, cercano como estoy de mis 90 años, también he decidido dejarlos en paz y dedicarme más bien a detectar sus presencias físicas entre nosotros. No son muchos; más bien abundan en mi cercanía seres de inteligencia esclarecida, aunque limitada por el exceso de convenciones o animados por buenas o malas intenciones y egos desorbitados; hay también dentro o fuera de la política y de la vida social un exceso de seres toscos y de almas erosionadas. Pero los ángeles solo se agitan en los espíritus de la gente más sencilla.
    Recuerdo al estilista o peluquero francés famoso en la Caracas de hace más de medio siglo que dedicó la generosidad de sus últimos años a recorrer los asilos y orfelinatos para cortar el pelo a los ancianos y a los niños huérfanos. ¡Era un ángel y no nos dábamos cuenta!
    Kyrou descubrió que solo en la realidad que nos envuelve y a veces nos maltrata es donde se encuentra lo verdaderamente fantástico, donde se refugia el maravilloso esplendor de la vida. Hizo suya la confesión de André Breton de amar a los fantasmas que entran por la puerta a pleno mediodía y de observar que los personajes de Giorgio Chirico  o  de  René Magritte solo pueden entrar por una puerta tan real y verdadera que parece pintada por ellos.

    Por ser un materialista obcecado, pudo Kyrou amar como amó a lo imposible. Los seres y los objetos, dijo, son inmensamente ricos y secretos, y lo maravilloso estalla únicamente sobre la tierra que pisamos y vive a nuestro alrededor. Los magos de los países “salvajes” y los alquimistas solo alcanzan lo maravilloso cuando destruyen, a veces sin quererlo, toda idea de poder supremo, de fuerza extraterrestre, de motor inmóvil. Kyrou se refiere a quien no merece ningún mérito si por prudencia, miedo a la muerte o por urgencias de tranquilidad cree en aparecidos. No habrá ningún asomo maravilloso, dijo Kyrou, en un hombre que crea que su madre es virgen. Por el contrario, la mirada del ser que amamos es el puente que conduce y encamina a las fuerzas de la otra ribera a esta donde me encuentro y esas fuerzas son terrenales, al igual que la mirada. Y es allí donde reside la magia que en lugar de reducir al hombre al rango de animal doméstico arrodillado lo eleva y le otorga conciencia de la fuerza de su rebeldía y le hace palpar los tesoros que lo rodean y que él se niega a ver. Porque los fenómenos llamados “sobrenaturales” no son más que poderes humanos aun desconocidos o magníficos símbolos de las fuerzas terrenales. ¡Es así! Todo lo que conocemos, ¡Kyrou se exalta!, todo lo que podamos encontrar, lo que podría conmovernos ya existe, se encuentra allí donde quiera que estemos, en algún lugar de nuestro sistema planetario.
    Sueño y mientras sueño, dijo el escritor y cineasta griego, creo vivir porque lo fantástico deja de serlo y se hace real. ¡También lo digo yo! Lo mejor de lo fantástico, declaró Breton, es que cuando deja de serlo solo queda la realidad. Desde ayer, a pesar de estar sordo y de los años que llevo intentándolo, comencé a sentir el rumor de los árboles cuando no sopla el viento y me estremezco más que nunca al ver florecer las plantas del jardín y me hundo en el júbilo de lo maravilloso. Y los caballos de la imaginación que nerviosos encorvan el lomo detrás de mi mirada galopan ahora libremente no por las praderas de la fantasía sino por la soleada llanura que me hace humano y sensible.
    Basta con invertir los términos y en lugar de ser los niños quienes asustan a los pájaros son las gaviotas de Bodega Bay las que en 1963 asustaron a Melanie Daniels, hirieron a los niños y permitieron que aparecieran Los pájaros, de Alfred Hitchcock. Los términos siguen siendo los mismos: reales, visibles, tangibles, pero la realidad de Bodega Bay sufrió con el ataque de las gaviotas un vuelco de estrepitoso escándalo.
    Murnau realizó Nosferatu en 1922. No pudo utilizar el nombre de Drácula por problemas de derechos de autor con la viuda de Bram Stocker. Pero la Imperial, el carruaje que lleva a Harker el agente de bienes raíces al lúgubre castillo del Voivoda en los siniestros Carpatos de Transylvania es el mismo que usa Harker en la novela.
    "Al cruzar Harker el puente, dice la didascalia, los fantasmas vinieron a su encuentro”. Murnau no obliga a Harker a pasar de la realidad al ámbito de lo fantástico. Solo cruza el puente que separa a una realidad de otra. Equivale a abrir la puerta sin saber con qué nos encontraremos al abrirla. Al enfrentarse Harker a un ser insólito que reside en un lugar fantástico, el terror admite que convive con la vida de Graf Orlock, el Vampiro: una vida muerta y entristecida que vaga por la eternidad sin conocer el amor. ¡Pero nada ocurre a espaldas de la realidad! Desconcertado, Harker advierte que el castillo de Orlock es un país insólito que se encuentra dentro de otro país.
    ¡Y los fantasmas, una vez más, vuelven a entrar y a salir por las puertas en pleno mediodía!
    FUENTE: EL NACIONAL
    REMISIÓN: Alfredo Cedeño 

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    10 DE DICIEMBRE.DIA DE LA FAV // Por: Sammy Landaeta Millán

    10 DE DICIEMBRE.DIA DE LA FAV // Por: Sammy Landaeta Millán
    Hoy 10 de Diciembre de 2010 es el día de la FUERZA AÉREA VENEZOLANA -FAV- Paladín del Espacio Soberano; y en el marco de la celebración del 90° Aniversario de su creación, acaecida el 10 de Diciembre de 1920, DENUNCIAMOS, RECHAZAMOS y NO ACEPTAMOS el cambio de fecha, hacia el 27 de Noviembre promulgado por el SOCIALISMO VANDÁLICO que pretende imponernos el COMUNISMO en Venezuela, amparándose en el ejercicio de una NARCO DICTADURA CONSTITUCIONAL que hoy desconoce el 10 DE DICIEMBRE. DÍA DE LA FAV. Para seguir leyendo haga click sobre la imagen........Gracias