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jueves, 16 de noviembre de 2017

Chávez, sembrado en el estiércol, Por. Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr OPINIÓN




Chávez, sembrado en el estiércol, 

Por. Gustavo Tovar-Arroyo


Nov 11, 2017 8:32 am

Publicado en: Opinión

Los apestados
Las alertas mundiales contra la peste chavista –esa epidemia creadora de miseria– están encendidas. Están sucediendo cosas que no narraré por esta vía, pero que darán un giro total a los acontecimientos políticos en Venezuela. Estamos hilvanando con meticulosa paciencia los apoyos que necesitaremos para alcanzar la liberadora curación nacional.
Poco o nada será lo que aporten los diferentes factores de la Mesa de la Unidad (MUD) para el cambio, salvo contadas figuras, ya son percibidos como ineptos y en el mejor caso como secuestrados.
No será fácil lo que viene, pero ya es infalible: Venezuela ha sido tomada por un cartel de narcotraficantes (los apestados).
¿Los encarcelamos?
Poco o nada será lo que aporten los diferentes factores de la Mesa de la Unidad (MUD) para el cambio, salvo contadas figuras, ya son percibidos como ineptos y en el mejor caso como secuestrados.
No será fácil lo que viene, pero ya es infalible: Venezuela ha sido tomada por un cartel de narcotraficantes (los apestados).
¿Los encarcelamos?

El teatro y la peste
Le cedo la palabra a mi amigo de la juventud y compañero de mis horas más nihilistas, el poeta maldito Antonin Artaud.
Esto dice en su El teatro y la peste: “Cuando la peste se establece en una ciudad, las formas regulares se derrumban. Nadie cuida los caminos; no hay ejército, ni policía, ni gobiernos municipales; las piras para quemar a los muertos se encienden al azar… El hedor sube en el aire como una llama… Entonces las casas se abren y los pestíferos delirantes van aullando por las calles con el peso de visiones espantosas. Otros apestados, sin bubones, sin delirios, sin dolores, sin erupciones, se miran orgullosamente en los espejos, sintiendo que revientan de salud, y caen muertos con las bacías (recipientes) en la mano, llenos de desprecio por las otras víctimas.”
No es teatro, maestro, es Venezuela.

Adoptemos un chavista
Otro apreciado amigo –pero de la actualidad– me asegura, con la nobleza que tanto lo caracteriza, que nuestra reconciliación nacional pasa por adoptar un chavista.
Yo, que como sabemos no soy tan santo, que en mi juventud leí con entusiasmo a Artaud, lo vi con algo de duda y le respondí: a menos que sea como mascota, no veo muy claro qué voy a hacer con uno de esos. Claro, no lo niego, me encantaría pasearlos con su collar y cadena gateando por las calles y mostrarlos tal como son, a rastras, pero lo dudo, la sociedad protectora de cosas de esas me multaría.
Aunque pensándolo bien podría tener un cerdito como mascota chavista, lo llamaría Diosdi. Atizarlo para hacerlo chillar sin que la sociedad protectora de esas cosas se entere.
¿Sería inocente?

La pocilga pisoteada
Aunque no lo sintamos así, frente a la historia, hemos vencido. A pesar de nuestras heridas y tristezas, hemos vencido. Hemos logrado sembrar a Chávez en el estiércol de la memoria venezolana. Es una pocilga pisoteada.
No hemos logrado liberarnos de la dictadura, no hemos logrado alcanzar la anhelada libertad, pero hemos aniquilado al mito. Algún día los venezolanos tirarán los restos del tirano por las escalinatas de El Calvario. Lo merece.
Son el asco.

Sembrado en el estiércol
Peor que estar muerto es causar repugnancia, y Chávez, el chavismo y los chavistas la causan. Están marcados por la peste. Nosotros estamos mal, pero ellos están peor. Nadie los quiere. Nadie se les acerca, no saben dónde esconderse, su fatalidad es que hieden. Esa ha sido nuestra verdadera victoria cultural y tarde o temprano llegará la política.
El costo humano, político y económico de nuestra lucha –que no ha terminado– ha sido monumental, pero hay que entender que extirpando al chavismo frente a la cultura y la historia extirpamos lo peor de Venezuela: la trampa, la delincuencia, el crimen organizado, la corrupción y el cinismo. Hay que seguir. La peste está identificada y sancionada mundialmente. Lo estamos logrando.
Hemos sembrado a Chávez en el estiércol
Yo sigo…

Gustavo Tovar-Arroyo 
FUENTE: LA PATILLA 

IMAGEN SUPERIOR: Foto referencial al texto por cortesía de LA BALA


lunes, 16 de septiembre de 2013

El amante de Hugo Chávez. Por: Gustavo Tovar-Arroyo.


Sab Sep 14, 2013 9:31 am 
El amante de Hugo Chávez
Por: Gustavo Tovar-Arroyo
Opinión. Noticiero Digital
 
El “Primer Damo” de Venezuela

En Venezuela podríamos pasar todo el día gritando, mentando madres, insultando a diestra y siniestra, lanzando platos y despedazando vidrios. Como dijo Cioran: estamos en la cima de la desesperación.

Si con Chávez vivimos entre sobresaltos y amargura, con Maduro Venezuela se ha convertido en un país despavoridamente absurdo, un cinematográfico caos.

El “Primer Damo” o “Doño” (lo digo por su relación con la “Primera Combatiente” y siguiendo el vocabulario del absurdo que se ha impuesto) ha resultado ser infinitamente más torpe de lo que jamás sospechamos. Un bullicioso bobalicón, el hazmerreír del siglo XXI.

Lo escribo con pena y, sin duda, mucha lástima por él y por el país. El desconcertado “Damo” está perdido, se hunde, y los venezolanos nos hundimos con él.

Nadie entiende el porqué Chávez le legó la responsabilidad de sucederlo en el poder y peor aún, el encargo de salvaguardar a la revolución; no hay lógica que lo explique.

Chávez fue de todo, mas no un pendejo. ¿Qué le pasó? ¿Qué secreta sensibilidad lo inspiró a declarar en su última alocución “desde mi alma, desde mi corazón, tan firme como la luna llena, lo más importante que tengo que decir es que Nicolás será mi sucesor”.

Una incógnita que sólo encuentra respuesta basado en indicios, rumores palaciegos y últimamente en un clamor popular: al “Comandante Supremo” lo inspiró su amor.

Del Magno Alejandro al Infinito Hugo

Nadie debe escandalizarse ante tal revelación. No tiene nada de malo ni es difamatoria. La historia está nutrida de amores de este tipo. Muchos de los más legendarios conquistadores o monarcas de la humanidad han tenido amantes del mismo sexo.

No somos homofóbicos, ¿o sí?

La lista es larga: Alejandro Magno; los emperadores romanos Nerón, Trajano, Adriano; Jacobo I de Inglaterra; hasta Adolfo Hitler según señala el historiador Lothar Machtan en su libro “El secreto Hitler”, a quien aparte de su amorío temprano con su inseparable amigo de la juventud, August Kubizek, se le conoce la devoción íntima que sostuvo con su chofer Julius Schreck.

Semejante a Chávez, que le cambió el nombre a Venezuela, que se adueño de Bolivia, Ecuador y Nicaragua sin disparar y que hasta le agregó una estrella a la bandera (como dedicación a su amado), todas esos monarcas marcaron su tiempo.

La falsa idea que asocia a un homosexual (o bisexual) con conductas histéricas o afeminadas ha sido superado por la historia, sobre todo cuando de política o militares se trata. El ser homosexual nada tiene que ver con debilidad. Los hay recios y guapetones, como Chávez.

¿Alguien podría señalar que el más insigne conquistador que ha tenido la humanidad, Alejandro Magno, o el indomable Hitler eran débiles? No. La historia los ha colocado entre los más temibles y varoniles líderes de todos los tiempos, no obstante, su inclinación sexual los haya llevado a experimentar, como sus admirados héroes griegos (Aquiles, entre otros), con personas de su mismo sexo.

¿Tiene ello algo de malo? No. ¿Tendría algo de malo que Hugo Chávez y Nicolás Maduro hayan sido amantes? Tampoco. Al menos, no a los efectos de este escrito.

La extraña historia de Nicolás Maduro

Nicolás Maduro es colombiano, no sólo por el hecho hipotético de haber nacido en Colombia (nadie sabe a ciencia cierta donde nació, probablemente ni él mismo), sino porque su madre, María de Jesús Moros, nació en Cúcuta, es colombiana, y según la Constitución del hermano país, quien nace de vientre colombiano es colombiano por nacimiento.

Tan inapelable hecho lo inhabilita parar ejercer la Presidencia de Venezuela por prohibición expresa de nuestra Constitución. Nadie con doble nacionalidad -que en todo caso es la situación de Maduro- puede ejercer como primer mandatario de nuestro país.

¿Desconocía esto Chávez o simplemente le importó -fiel a su corazón- un bledo lo que expresamente prohíbe nuestra Carta Magna? Estoy convencido de que Chávez lo sabía, pero su trágico amor, como todo amor secreto y novelesco, lo cegó.

Chávez vivió una historia casi de leyenda y como todo hombre legendario padeció su propia tragedia amorosa, que lo desplomó.

El talón trágico de Chávez fue Nicolás Maduro, es la única explicación.
Poco o nada se sabe de Maduro. Lo comprobado es que fue chofer y guardaespaldas de Chávez una vez que éste fue irresponsable indultado por Caldera. Desde entonces y hasta el último aliento, compartieron viajes, habitación y, por qué no decirlo, intimidad. ¿Se lo imaginan?

Recordemos que Maduro ni fue parte del Ejercito Bolivariano Revolucionario 200 (EBR 200), ni juró frente al Samán de Güere, ni se batió a duelo para usurpar el poder el 4 de febrero de 1992. Su único mérito, insisto, es haber guardado la espalda de su “Supremo”.

(Por cierto, que se sepa la única pistola que sabe usar el “revolucionario” Nicolás Maduro es su secador de pelo.)

No es ficción, es Venezuela

Como señalé antes, a los efectos de este artículo poco importa el tipo de amor que existió entre Chávez y Maduro. Eso es un tema personalísimo que sólo les atañe a ellos.

A los efectos de este artículo lo que interesa -y aturde- es que una decisión de índole exclusivamente amorosa -en ningún caso política- haya hecho naufragar a un país y nos haya convertido en una plétora de absurdos y desatinos que no parecieran tener término.

Lo más terrible es que no se trata de una fábula griega o de una ficción truculenta de la literatura. Es Venezuela. No es Alejandro Magno y Hefestión, es Hugo Chávez y su guardaespaldas y chofer Nicolás.

Fidel Castro es un erudito del mal, conoce bien el eterno retorno de la historia y lo usó para sus oscuros fines. Posible celestino de este ensordecedor idilio revolucionario, está cobrando caro su alcahuetería. Mientras tanto Venezuela es una ruina y lo seguirá siendo mientras el amante de un dictador, por puro capricho, sin explicación racional posible, siga rigiendo nuestro destino.

De Maduro no podemos esperar nada, sólo improvisación y decadencia.

Entendamos cómo llegó al poder. Sus constantes alusiones sexuales, homosexuales, bisexuales son un espejo de su sífilis espiritual. En su lógica, multiplicar los penes entre los niños de las escuelas es lo que lo mantendrá en el poder. Así de jodidos estamos.

La polémica no debe surgir en torno al amorío entre Chávez y Maduro, sino en torno a cómo un amorío puede devastar a una nación.

Nicolás, el pobre Nicolás, no es el responsable del desastre venezolano. Lo fatídico es que él lo único que está intentando es completar el catastrófico legado de su amor…

@tovarr
 
FUENTE: Noticiero Digital 
 
IMAGEN SUPERIOR: El Nacional

sábado, 3 de agosto de 2013

¿Quién asesinó a Hugo Chávez? Por: Gustavo Tovar-Arroyo. Noticiero Digital.

¿Quién asesinó a Hugo Chávez?
3 Agosto, 2013


Por: Gustavo Tovar Arroyo 

“Porque tú a mis espaldas me hiciste traición
hoy por eso te voy a quitar lo farsante”
Juan Gabriel

Los farsantes
No sé si fue el jefe del cartel de la mafia boba, Miguel Rodríguez Torres, y sus demenciales y cinematográficas tragedias conspirativas las que me hicieron volver a escuchar los desgarradores dramas musicales de Juan Gabriel, lo cierto es que fue al divo michoacano y su interpretación de “La farsante” quien me hizo entender la trama bufa que han tejido Nicolás Maduro y su jefe, Fidel Castro, tras la enfermedad y muerte del teniente Hugo Chávez para adueñarse de Venezuela.

Quién iba a imaginar que un canto popular latinoamericano, siempre visionario y terapéutico, me haría aguzar los sentidos y abrir los ojos ante tan enigmático deceso.
Recomiendo a los lectores que escuchen a Juan Gabriel -la reina blanca de la fiesta mexicana-, y su “La farsante”, para ver si se les prenden los sentidos como a mí y le mentamos la madre a coro al madurismo y a sus jefazos los Castro, por farsantes.

Hugo Chávez: tengo cáncer
Aunque conocemos de sobra lo embustero que Fidel Castro ha sido y es, no fui jamás uno de los incrédulos que pensó que la enfermedad de Chávez se trataba de otra de sus farsas.
Cuando Hugo Chávez se pronunció públicamente sobre su enfermedad y anunció que la “pelota de béisbol” que le encontraron en la zona pélvica contenía células cancerígenas, supe desde el primer instante que era en serio.
Sin embargo, debo confesarlo, no pensé que fuera a morir, pensé que con los avances científicos y la evolución de los tratamientos médicos, Chávez sanaría su cáncer.
Dilma Rousseff, Fernando Lugo y Luis Inácio Lula da Silva habían logrado sanar -o mejorar- sus respectivos cánceres al ser tratados con éxito en el Hospital Sirio Libanés, con medicina verdadera no farsas cubanas ni brujerías.
¿Por qué Hugo Chávez no habría de curar su enfermedad?

Hugo Chávez: me curé del cáncer
Mi pensamiento al respecto cambió cuando insospechadamente Chávez decidió ponerse en las manos médicas de Fidel Castro y sus prisioneros de la medicina cubana.
Hugo Chávez no tenía salvación. No sólo porque la medicina cubana tiene años de retraso respecto a la medicina venezolana y mundial, sino porque Castro, cuya megalomanía no admite ninguna competencia, acabaría con su aprendiz de dictador, cometiendo lo que en el derecho se conoce como un “homicidio culposo”.
No me alegré, lo digo honestamente. Me hubiese gustado ver a Chávez tras las rejas o derrotado democráticamente, pero en manos de su médico de cabecera, Fidel, su destino estaba escrito: moriría.
Castro, un embebido del poder, un fingidor de siete suelas, es conocido por las traiciones con las que se deshizo, entre muchos otros, del Ché Guevara o de Camilo Cienfuegos. Cuando en torno a la enfermedad de Chávez surgió el más estricto y disciplinado secretismo entendí lo obvio: el discípulo había caído en las garras siniestras de su maestro.
Lo confirmé aún más cuando Chávez -todavía delirante por la cantidad de drogas que contraindicadamente le estuvieron suministrando para mitigar el dolor y mantenerlo vivo hasta las elecciones- llegó de uno de sus viajes a Cuba anunciando “estoy libre de enfermedad”, que estaba curado.
Estaba totalmente perdido en la farsa médica cubana y del maquinador del mal: Fidel Castro.

Hugo Chávez: Nicolás Maduro será mi sucesor
Lo incomprensible, por indolente, inhumano y maquiavélico, es que hayan obligado a Chávez a rechazar el ofrecimiento de Dilma y de Lula para ser tratado con medicina real y eficaz en Brasil.
Fidel nuevamente se salía con la suya, su psicótica megalomanía triunfaba. Además, empujó a Chávez a completar una suicida campaña electoral que lo llevó sin ninguna duda a la muerte.
Hoy sabemos que el haber rechazado la oferta de los brasileños y el haber desconfiado de Venezuela y de su medicina lo llevó al cruel respiro final, al estertor, a la muerte.
Considero que Castro lo tenía todo previsto, por no decir planificado. Sacrificaría a su discípulo e impondría a un criado como sucesor: Nicolás Maduro, su cómplice, para adueñarse de Venezuela.
Maduro, el criado obsecuente, quien años antes había sido adoctrinado en Cuba, era la garantía absoluta para lograr lo que Rómulo Betancourt y nuestras fuerzas militares le habían negado al comunismo cubano en los años sesenta, a fuego limpio.

Nicolás Maduro: Chávez ha muerto
Fidel Castro, consciente o inconscientemente, su brujería médica y su hipocresía, llevaron a Chávez a la tumba, lo asesinaron.
Lo que seguramente era un cáncer tratable, como tantos otros, terminó siendo la excusa perfecta para acabar con la vida del teniente de Sabaneta. ¿Por qué? Porque con Chávez tenían un aliado y benefactor, pero sin él serían dueños totales de Venezuela (como hoy lamentablemente es un hecho ante la mirada complaciente de nuestros militares).
Su cómplice incontrovertible es Nicolás Maduro, el único autorizado, aparte de Castro, para conocer el verdadero estado de salud y tratamiento de Chávez. Entre ambos manejaron con fina perversidad a Chávez y lo condujeron en alfombra roja rojita a su desenlace mortal. Aquella irresponsable conversación de cinco horas con el convaleciente y agónico Chávez fue la estocada última.
Nicolás Maduro anunció la muerte de Chávez y dio inició a la traición más grave que ha conocido Venezuela en su historia: la entrega de nuestro país y de nuestra riquezas al invasor cubano y a su patrón, el dictador Fidel Castro.
No creo que paguen su culposo crimen (o no tan culposo). Sin embargo, Juan Gabriel nos ha dado con su canto la posibilidad de mentarles la madre a ambos -a coro- por farsantes. Eso hacemos: mentarles la madre por un lado, pero, por otro, luchar con más fuerza y convicción para liberar a nuestro país de la farsa castrocomunista.
A falta de militares que nos reivindiquen y honren, este escrito es mi artillería, mi fuego limpio…

 
IMAGEN SUPERIOR: Cortesía de GRANMA

NO BASTA SER PRESIDENTE. Por: Humberto Marcano Rodríguez. Opinión Venezuela.REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS

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