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martes, 10 de noviembre de 2015

Auge y caída de la institución militar. Por: Humberto Seijas Pittaluga. Opinión. ND.

 

Humberto Seijas Pittaluga: 

Auge y caída de la institución militar

10 Nov 2015, 05:07
Opinión. ND

Después de 1830, nuestras fuerzas militares dejaron de ser la muy buena organización que luchó con éxito contra los españoles y que llevó el pabellón nacional hasta las cumbres bolivianas.

En todo lo que restó del siglo XIX, hay una declinación del estamento uniformado hasta llegar a miserables montoneras comandadas por caudillos regionales; la mayoría de ellos iletrados y sin conocimiento de la profesión, pero con plata suficiente para mantener a su peonada en armas contra el Estado. Con la llegada del siglo XX, empieza una cierta profesionalización de la institución: Castro decreta la creación de la Academia Militar y Gómez inaugura su sede en La Planicie, la república recibe una misión chilena que logra impulsar el avance profesional. El mismo Gómez acaba con los gamonales de antaño, y unifica y moderniza a las Fuerzas Armadas.

Pérez Jiménez, con todo lo que se pueda denigrar de él, profundizó la profesionalización de la oficialidad y dotó a las FAN de los más modernos equipos. Está mal que yo lo diga, pero la calidad de la instrucción impartida en pregrado y posgrados era de primera calidad. Tanto en los tiempos de la dictadura como en los años de la democracia representativa, éramos enviados a estudiar en los mejores centros de aprendizaje de Europa y América. Y no solo cursos relacionados con la profesión de las armas; fuimos a las mejores universidades norteamericanas para obtener maestrías y especialidades. Hasta doctorados en Salamanca, la Sorbona y la Ecole Polythecnique tuvimos. Hubo un momento en el cual, 2/3 de los generales de la Guardia Nacional había estudiado en el exterior con becas Gran Mariscal de Ayacucho.

Ese contacto con países e instituciones más avanzados que los nuestros contribuyó a que hayan sido esas fuerzas armadas las que —reconociendo aquello de: “cendant armae togae” e imbuidas de espíritu civilista—defendieron al Estado y la nación de los intentos de acabar la democracia a partir de la década de los sesenta. Era un enemigo cruel, sin rostro, traicionero, que nos llegó de Cuba, que nos causó muchas muertes y que envenenó las mentes de muchos de nuestros jóvenes. Logramos prevalecer contra ellos sin ayuda de nadie. A los pocos núcleos que quedaban alzados en armas no les quedó más recurso que acogerse a la pacificación ofrecida por Caldera.

El país, aunque con pies cambetos, progresaba. Hasta que en una madrugada de 1992 volvimos a escuchar las palabras “golpe de Estado”, “cuartelazo”. De ahí en adelante, las FAN empezaron a menguar, a decrecer, en calidad profesional y humana, sin importar cuántos efectivos conformen hoy el pie de guerra por la agregación de una fulana milicia que no es sino el brazo armado del PUS, ni por cuántos Sukhois compren —más por las comisiones que quedan que por lo que sirven. ¿Y ahora para dónde mandan a los oficiales? Para Nicaragua, Cuba, Bielorrusia. ¿Qué puede enseñarnos un nicaragüense, de nada? ¿A cómo sale cada cadete que mandan a Bielorrusia por cuatro años? Aparte de la jerigonza, ¿aprenderán algo distinto, o mejor, que lo que hubiésemos podido enseñarles aquí? Pero había que ayudar a los colegas dictadores…

La catajarra de generales, ascendidos por docenas, y escogidos de entre los de más bajo escalafón, indica cuán bajo ha descendido la organización militar. Todo, porque Boves II necesitaba diluir el liderazgo, no fuera a salirle un antagonista. ¿O ustedes creen que en verdad Baduel está preso por corrupción? Para poder meter a ese gentío, creó dos grados más de general y almirante. El Libertador, con todo su esplendor y gloria, no tuvo sino tres soles sobre sus hombros. Alguien como Padrino —y otros antes que él— se pavonean con cuatro. ¡Por el amor de Dios!

Prostituyó tanto el mando que se da la paradoja de que aquí hay más generales que tenientes. O sea, la pirámide organizacional no es tal; cuando mucho, es un prisma de caras trapezoidales y con lo ancho para arriba. Además, el pitecántropo barinés inventó —populista hasta la cacha que era— que el ascenso es un derecho. ¡Único país del mundo en eso! En todos los demás —y aquí antes del invento— se parte de que el ascenso es un premio al mérito. Y se otorga en base a las plazas vacantes. Pero como el tipo dijo que “meritocracia” era una mala palabra…

Hay generales aun en estados tan despoblados y con unidades militares de poco nivel como Delta y Cojedes. Y uno es viceministro, ¡en el Ministerio del Trabajo! ¿Qué sabrá de sindicalismo, de contratos colectivos, de derechos de los trabajadores? De seguro que nada. Pero como en los regímenes totalitarios todos sirven para todo porque “el carné habilita”.

Ha caído muy baja la institución militar. Pero unas encuestas que vi recientemente me sirven de consuelo: después de 16 años intentando lavarle el cerebro a los uniformados, el 81% de los encuestados no percibe que “la actual FAN encaja en los valores de profesionalización que demandan la mundialización de los conflictos, el avance tecnológico (y) el manejo de tecnologías de información…”. Y el 92% no está dispuesto a “cumplir órdenes inconstitucionales y violatorias de los derechos humanos”. O sea que, debajo de la costra podrida que representan los altos mandos, todavía hay tejidos sanos que irán revigorizándose con el tiempo. ¡Ten confianza, Venezuela!

hacheseijaspe@gmail.com
 
 
Remisión: Miguel Aparicio.
 
 

jueves, 18 de abril de 2013

Seguirán… ¡Y seguiremos! Por: Humberto Seijas Pittaluga. Sesquipedalia

Sesquipedalia

Seguirán… ¡Y seguiremos!

Humberto Seijas Pittaluga

Lo que provoca hoy es repetir, como El Chapulín Colorado: “lo sospeché desde un principio”.  Porque en el aparente triunfo del oficialismo —y enfatizo lo de “aparente”— uno tiene que tomar en cuenta la absoluta falta de escrúpulos del candidato del PUS y su gente en la apelación a los más descarados abusos para intentar prevalecer en el poder.  Partiendo desde la inequidad en los tiempos permitidos en los medios —para ellos: horas de cadenas, cuñas y programas escatológicos como el que conduce el drogo hojillero; para el opositor, escasos minutos—; pasando por apelar a personajes tan despreciables como el Maradroga, traído, atendido y pagado munificentemente con fondos oficiales para cantar loas al candidato oficial —otro de los muchos extranjeros traídos por el régimen para intervenir en política interna—; apelar a bandas violentas (sus integrantes dotados con motos y armas que debieran ser solo para uso oficial) que coaccionaron el voto de los opositores; hasta mantener como MinPoPoDef a un imbécil, a una fichita política sin ningún ascendiente en la Fuerza Armada, para desvirtuar a esta de sus altos fines y convertirla en mecanismo de agitprop que sirviese para intentar aterrorizar a quienes nos atrevemos a pensar distinto, y para “caletear” compulsivamente a las mesas a partidarios remisos.  Todo ello, bajo la mirada complaciente y parcializada de la “banda de las cuatro”, que no lograba encontrar falta en nada de lo que hicieron el contendor oficialista y sus conmilitones; bajo la alcahuetería de una funcionaria que confunde sus funciones y cree que es defensora solo de sus copartidarios; bajo las amenazas de una fiscala que emplea su función y a sus subalternos para el hostigamiento de los opositores; y la bendición de unos “magistrados” que fueron quienes originaron la ilegalidad del interregno.  Total, que el presunto triunfo antenoche estaba cantado.
Lo que le espera a Venezuela en el futuro cercano es negro cacho.  Seguirán los mismos ineptos (para la función pero avivatos para sus enriquecimientos) al frente de los ministerios e industrias básicas.  Y, al igual que en el pasado, cuando metan sus respectivas patas, serán rotados a otros ministerios, nunca destituidos.  Porque para el régimen seguirá siendo más importante el carné que los conocimientos y destrezas, y porque no tienen con quién reemplazarlos.  No son sino un pequeño grupo de encantadores de serpiente —de culebreros de fiestas patronales, para ponerlo en el lenguaje popular— que a punta de regalar lo que no es de ellos se mantienen en la manguangua.  Para esto, seguirán quebrando al país, sin entender (ni importarles) que no somos ricos, que hay que incentivar el trabajo productivo y no los cambures; seguirán apelando a la inseguridad jurídica para imponerse a las empresas privadas y hacerlas quebrar, favoreciendo así la creación de empleo en otros países, no aquí.  Y, como eso no será suficiente para seguir con la regaladera a nuestros compatriotas que necesitan sobrevivir a como dé lugar —así sea vendiéndose por un pollo de Mercal—, seguirán pidiéndole prestado a potencias “amigas”, que les concederán créditos con intereses usureros y condiciones que hacen declinar la poca soberanía que nos queda después que ellos nos regalaron a Cuba.
No tengo dudas de que la solicitud de Capriles para que se digan los verdaderos resultados de los escrutinios caerá en los oídos sordos de la “banda de las cuatro”.  Entonces, Nicolás será presidente sin siquiera haber resultado ganador.  Y él y ellos seguirán con el desconocimiento y las faltas de respeto en contra de la otra media Venezuela. Seguirán sin entender que los resultados del domingo no los autorizan para radicalismos insensatos, sin valorar a la oposición como una fuerza que no puede ser despreciada.  Seguirán, pues, cabeza gacha, con todo lo que la gerontocracia cubana les ordene.  Órdenes que no son para que Venezuela progrese sino para que la isla no termine de morirse de hambre. 
Al tiempo que esto sucede, nosotros seguiremos empobreciéndonos, viendo como otros países de la región avanzan hacia el desarrollo usando las armas de verdaderas democracias; seguiremos mirando cómo el populismo seguirá creciendo, pero de manera más ramplona; seguiremos observando cómo organismos e instituciones se deterioran hasta reducirnos a lo más oscuro del siglo XIX. 
Seguiremos presenciando cómo el bendecido por Tiby habla por los dos lados de la boca.  Antenoche llamó al cese del odio, y pidió a la oposición que “sepan administrar el resultado que han obtenido. Con humildad, sin prepotencia y sin retar a Venezuela, sin llamar a la violencia” —cosa que nosotros le recomendamos a él.  Pero, al mismo tiempo, seguía vomitando infundios en contra de quienes sabemos que él no tiene el equipaje mental, ni el equipo humano, para sacar a Venezuela de la crisis en la que la irresponsabilidad de ellos la han zampado durante estos catorce años.
Por eso, también, seguiremos diciendo nuestras verdades, así vayan a contrapelo con la realidad panglosiana que nos intentan pintar…
 
NOTA DE REMISIÓN:
Antonio Pérez-Criollo
16 abr (hace 2 días)

 
Este artículo del buen amigo GD (GN) Humberto Seijas Pittaluga debió salir publicado en la edición de hoy del diario NotiTarde pero parece que funcionó la censura. El nos solicitó a sus amigos que lo divulgáramos y eso es lo que estoy haciendo. Un abrazo
---------- Mensaje reenviado ----------
De: Humberto Seijas Pittaluga
Fecha: 16 de abril de 2013 10:40
Asunto: ¡Qué vaina con la pacatería! (¿o será culillo?)
Me volvieron a censurar en Notitarde.  Y ni siquiera se tomaron la molestia de prevenirme.  Les envío de nuevo mi escrito con el ruego de que --los que puedan-- multipliquen su lectura mediante reenvíos a su lista de correos.

 
Gracias.  Y sepan perdonar la molestia...
 
H. Seijas

 

martes, 5 de marzo de 2013

Cuando la imbecilidad y la ineptitud se juntan. Por: Humberto Seijas Pittaluga.


11:30 p.m. 04-03-13 
Cuando la imbecilidad y la ineptitud se juntan 
Por: Humberto Seijas Pittaluga
Ahora resulta que nosotros, los ciudadanos, somos los culpables de las escaseces que uno nota en todos los anaqueles, sean de supermercados, farmacias, ferreterías, tiendas o almacenes de repuestos. Por lo menos, eso es lo que uno colige de las campañas publicitarias del gobierno —por lo que escribir “propaganda” no sería una equivocación— en las que se nos acusa de acaparadores llenos de afanes pecaminosos cuando, ¡por fin!, aparecen algunos productos y tratamos de obtener más de un kilo de azúcar, un paquete de harina de maíz o una botella de aceite. Eso no puede ser visto —a la luz de una mente equilibrada— sino como una previsión sensata. Porque ya estamos curados en salud de esa mezcla de imbecilidad e ineptitud que reina en el gobierno y que nos ha traído hasta esta mísera situación en la que nos encontramos: sin medicinas y sin abastecimientos. Sufrimos la consecuencia de que la “economía roja produce mercado negro”, para ponerlo en las palabras del epígrafe del “Republicano Liberal” del domingo pasado.

Estatizaron las fábricas de cemento dizque “para poner los productos el alcance del pueblo”; ya no se consigue más. Igual sucedió con las cabillas, la leche y mil cosas más. La verdad verdadera es que esas medidas las tomaron porque los rojos no conciben que exista la empresa privada, ni que nadie obtenga un retorno por las inversiones que hace. Los altos objetivos que pregonaban en campañas milmillonarias no fue lo que los movió. Fue esa aspiración de igualar a todo el mundo por debajo (que es peor) para que seamos idénticos a la Cuba famélica que diseñó Fidel. Cuesta un mundo conseguir cosas tan elementales como dentífrico, papel higiénico, detergente. Ya estaríamos a punto de regresar a los tiempos medievales del bicarbonato en las axilas. ¡Pero es que tampoco lo hay! Sencillamente, porque ni lavan ni prestan la batea. En mucho, por la majadería convertida en política económica: buscar que solo el Estado (que ellos confunden con la nomenklatura del PUS) pueda tener acceso a las divisas. La consecuencia es una mezcla insalubre de dogma comunista con corrupción galopante. En mucho, también, por esa pretensión, casi anhelo, de que un carné partidista valga más que una licenciatura y tres maestrías. Lo cual no pasa de ser una asnada estólida.

Están tan ocupados averiguando de qué color son las nalgas de los estudiantes que protestan, que no se ocupan de lo suyo: de que los hospitales, las escuelas, los puertos y la economía en general funcionen bien y para todos. Están tan ocupados en los latrocinios de los últimos días, porque ven que se les acaba la manguangua, que no atinan sino a inventar aquello de que “con la devaluación gana el pueblo”. Es que creen que hacerle tragar esa farsa a la gente. Que podrá, alguna de ella, ser de mente sencilla y de escasa ilustración. Pero no por eso tienen que tragarse esa conseja chapucera. Y ahora no se les ocurre que —para hacer más amenas las largas colas para comprar un pollito brasilero en Mercal— dotar de megáfonos a una suerte de perifoneadores asalariados, con la estulticia y el fanatismo a millón, para que les hagan creer que viven en el mejor de los mundos, que Esteban está al frente del gobierno, mandando a través de la cánula, y que todas esas medidas fueron ordenadas por él (no por platanote) porque los quiere tanto que está empeñado en que los venezolanos no suframos de obesidad. Por dentro, mientras rumian su rabia por la humillación y el solazo que están soportando para poder llevar algo para que los hijos coman, dicen: “Ahora cuéntame una de vaqueros”.

¿Hilación o ilación?

Fueron abundantes los tuit y correos que recibí y que decían, más o menos: “Ah, Pittaluga, —tú, que te las echas de gramático— te cogimos en un error: escribiste ‘hilación’ sin hache en tu artículo”. ¡Pues no! Dos veces. Ni me las echo de eso, ni es un error lo que escribí. Eso sí, procuro redactar de tal manera que el corrector de pruebas del periódico no me vaya a corregir. Vale decir: como alguien que tiene algo más de lo indispensable en instrucción y que trata de esmerarse ante sus lectores. Al tema: hay personas que tienen la errónea idea de que como “hilación” viene de “hilo”, no existe esa palabra sin una hache inicial. Falso. Existe y no viene de “hilo”; nos viene del latín illatio-illationis, que traduce como: “inferencia”, “conexión”, “relación”. El DRAE trae tres acepciones para esa palabra. Me referiré solo a la tercera, porque fue el contexto en el que la usé la semana pasada: “Enlace o nexo del consiguiente con sus premisas”. Complacidos aquellos que me pidieron que dijera algo…

hacheseijaspe@gmail.com?

martes, 26 de febrero de 2013

Dos temas sueltos pero con ilación. Por: Humberto Seijas Pittaluga

 
Sesquipedalia
Dos temas sueltos pero con ilación
Humberto Seijas Pittaluga
 
Una carta que debieran leer nuestros uniformados
El Cónsul de Portugal en Valencia, Antonio Chrystêllo Tavares —un querido amigo que ha hecho revivir en esa ciudad la costumbre de las veladas cultas de conciertos y de conferencias— escribió una semblanza acerca de Joaquim de Albuquerque, un oficial portugués de finales del siglo XIX que se cubrió de gloria en varios combates en África y que fue, además de pacificador de Mozambique, un gobernante exitoso que le buscó solución a los problemas sociales, económicos y culturales de ese territorio con un trabajo solo comparable al de su alto prestigio militar.  Esos méritos hicieron que don Carlos I, el rey de Portugal, lo designara como preceptor del príncipe heredero, Luis Felipe de Bragança, cuando este cumplió los 13 años.  Sus enseñanzas parecen haberle sido de mucha utilidad al príncipe en su corta vida —resultó muerto a los 21 años, junto a su padre, en el regicidio de 1908.  Después de leer algunos párrafos de esa carta que el cónsul incluyó en el programa del más reciente concierto, me decidí leerla completa, vía Wikipedia, y descubrí una joya de la literatura patriótica y militar que debiera ser de lectura obligatoria para los militares venezolanos de hoy.
 Si dejamos de lado los tratamientos protocolares de esa época y nos enfocamos en lo que predica Albuquerque, las palabras tienen vigencia y mucha pertinencia con lo que sucede hoy en nuestro país.  Solicito la clemencia de los lectores por la traducción que hice de algunos apartes que quiero compartir y transcribo de inmediato: “Triste del hombre que sólo se preocupa por el presente, que solo aprecia la intimidad de la vida.  Pobre de aquel que necesita dormir para soñar con el futuro. En la observación dolida de lo que ha pasado y en el imaginar lo que está por venir se va formando el alma, se van estableciendo las cualidades, desarrollando la fuerza”.  Pareciera ser una admonición para tanto aprovechador codicioso que abunda en el escalafón militar y los ministerios solo para lucrarse hoy sin importarle cómo dejan de empobrecida a la nación de cara al futuro.
 Más adelante, el lusitano le explica a su pupilo: “Su Alteza nació en una época bien desdichada para este país. Tal vez fue un favor de Dios porque la fuerza de carácter se prueba más en la desventura que en la felicidad.  En cualquier caso es cierto, mi Señor, que vuestra historia ha sido muy triste porque, convénzase bien su Alteza, los príncipes no tienen biografía, su historia es, tiene que ser, la de su pueblo. En esta historia, sin embargo, hay algunas páginas que su Alteza puede leer sin que se le caiga la cara de de vergüenza, sin que le suban a los ojos lágrimas exprimidas del corazón triturado por las humillaciones. Esas pocas páginas brillantes y consoladoras que hay en la historia de Portugal contemporáneo, las escribimos nosotros, los soldados, por las selvas de África. (...) Algo sufrimos, es cierto; corrimos peligros y pasamos hambre y sed, y no a pocos postraron en tierra para siempre la fatiga y las enfermedades. Todos lo soportamos de buena gana porque servíamos al rey y la patria, ¡y para ninguna otra cosa está en este mundo quien tiene el honor de portar una guerrera!”  Vergüenza es lo que —al meditar sobre esto—debieran sentir los que han dejado de lado la frase “de Venezuela” en el nombre de la Fuerzas Armadas y la han reemplazado con un “bolivarianas” que ojalá significara “que se guía por las enseñanzas de Bolívar” pero que todos los venezolanos sabemos que solo denota que fueron ofrendadas a un partido político.  Con el pusilánime y nefando alto mando (minúsculas a propósito) actual no regresarán la ética y la verticalidad al seno de la Fuerza Armada.  Pero, menos mal, que ya les debe quedar poco tiempo…
 
El bufón que se exasperó
Una de las óperas que a mí me gusta más es Rigoletto.  Creo que la escena del último acto en la que Rigoletto lleva a su hija, Gilda, para que se desilusione al descubrir que su adorado duque de Mantua está cortejando a Maddalena, es una de las más hermosas piezas para cuatro voces que se haya escrito en la lírica.  Pero hoy voy a referirme a otra: aquella en la que el deforme bufón confronta a los nobles en palacio y les exige que le entreguen a su hija, que ellos han raptado para ofrecérsela a Mantua.  Cuando estos se niegan, Rigoletto, encolerizado, los apostrofa con su “Cortigiani, vil razza dannata!”  Igual andanada es la que provoca dispararle a tantos adulantes que pululan alrededor del “panal de rica miel” que representa el Tesoro Nacional y que los validos del invisible reparten con una discrecionalidad irresponsable y (sospecha uno) una complicidad despreciable.  Son eso: una vil y maldita raza de cortesanos…

martes, 7 de agosto de 2012

¡Pobre Guardia mía! Por: Humberto Seijas Pittaluga. Sesquipedalia.


¡Pobre Guardia mía!

Hace tres días, la Guardia Nacional (sin más adjetivos) celebró sus tres cuartos de siglo de existencia. Para homenajearla, tenía previsto reproducir en este artículo algunas de las cosas que escribí para El Carabobeño y El Nacional hace 25 años, cuando fue el cincuentenario de esa institución. Pretendía repetir algunas de las frases que utilicé como subtítulos en esa ocasión; quería reiterar que: “el guardia es el fuerte brazo derecho de la ley”, “el guardia es una muralla contra las fuerzas del mal”, “el guardia es un amigo en horas de necesidad”, “el guardia es un hombre para todas las situaciones”. Sin embargo, me aguanto las ganas y solo señalaré que el verdadero guardia es alguien que a menudo se siente frustrado. Por muchas cosas pero, sobre todo, por los jefes que tienen actualmente. Muchos de los hombres y mujeres que conforman la Guardia de hoy quieren seguir siendo lo que eran sus efectivos desde la creación de la institución —que es lo que los antedichos subtítulos intentaban describir— unos venezolanos honorables que, voluntariamente y por afán de servicio, se sacrifican en una labor denodada por todos los rincones de la patria en la promoción del bien común. Los altos mandos han decidido otra cosa: usarlos (chocante el verbo, pero hay que emplearlo) como peldaño para acceder a su muy personal beneficio. Pero que disfrazan con una supuesta visión política. La cual, para más colmo, contradice lo que manda la Constitución. Abundan los ejemplos. Pero comento solo uno.

Un portal de noticias reseñó recientemente que algunas fotos que forman parte de la Galería de Excomandantes del Comando Regional Nº 5 aparecen tachadas con diagonales de letras blancas y fondo rojo en los cuales se lee la palabra "traidor". Los generales así indebidamente incriminados no han sido sentenciados por ese delito en tribunal alguno; su único “pecado” fue la adopción de una conducta determinada durante los hechos del 11 de abril de 2002. Básicamente, fueron oficiales que se opusieron a la orden miraflorina de usar a la Guardia para masacrar a los marchantes de ese día, y así lo hicieron saber públicamente.

Todo apunta a que el autor de esa imputación felona, alevosa, contra quienes no pueden defenderse —y a quienes no se les ha siquiera iniciado un juicio por ese supuesto delito— es el actual comandante de esa unidad superior. Un tipo que se ganó el ascenso y el cargo por su “gloriosa” actuación —después de una arenga también “memorable” a sus tropas— en la batalla de la Avenida Libertador. En ella, con “arrojo inusitado” golpeó, arrastró, gaseó, disparó y detuvo a un grupo de estudiantes  provistos solo de banderas y reclamos. Pero que tenían unas armas terribles, a juicio del nuevo Himmel: ¡usaban la cabeza para pensar y tenían las palmas de sus manos pintadas de blanco!

El arrastrado —que quiere seguir ascendiendo y llegando a cargos más relevantes— visto el éxito de su “denodada acción guerrera”, ya se alistó para la continuación de la operación y, por lo pronto, echó otra jaladita: mientras comandaba la parada militar durante un acto en el Ministerio de la Defensa, dio parte a su amado líder y le soltó —impúdicamente, delante de toda la oficialidad e invitados, contrariando la letra y el espíritu constitucionales— la consigna indudablemente política: "Rumbo a la consolidación de la Revolución Bolivariana el 7 de octubre de 2012". En su mente se decía: “De aquí pa’l Comando General, como mínimo”. Debe ser que en su aislamiento de ciego selectivo (ve solo lo que le conviene), no se ha enterado de la cambiante realidad nacional.

Pero, también puede ser que sí haya hecho una apreciación correcta de la situación —que su jefecito lindo tiene muchas probabilidades de perder las elecciones— y, siguiendo la línea del MinPoPoDef y otros narcogenerales, piense formar parte de la gavilla que quiere poner en vigencia la “Operación Jalisco”: que cuando pierde, arrebata. Ese tipo de “jefe” no respeta el paradigma constitucional que rige a la FAN; por el contrario, lo desprecia al propiciar el añadido de “Chavista” al nombre de la institución. Para él, lo importante no es defender la integridad y soberanía de la nación sino mantener al caudillo de la robolución en el poder. Solo así podrán seguir aumentando sus arcas con dineros mal habidos. Un presidente de verdad ya los hubiera, por lo menos, dejado sin cargos y a la orden de un Consejo de Investigación.

Así, pues, que no hay mucho que celebrar en estos 75 años. No obstante, hago llegar mi saludo respetuoso y cordial a los guardias nacionales ver-da-de-ros; aquellos que parecieran descritos por el poeta: Qui procul hinc, qui ante diem periit; sed miles, sed pro patria (Quien lejos de aq
uí, quien antes de su tiempo muere; pero como soldado, por la patria).


Sesquipedalia


Por: Humberto Seijas Pittaluga. 

martes, 12 de junio de 2012

Sin escrúpulos ni vergüenza. Por: Humberto Seijas Pittaluga.

Sesquipedalia
Por: Humberto Seijas Pittaluga
Sin escrúpulos ni vergüenza

 Así será la campaña que adelantarán a partir de hoy los rojos en su afán de perpetuarse en el poder. O sea, que actuarán igualito que como lo han estado haciendo durante estos larguísimos catorce años de irrespetos a la Constitución y las leyes y, lo que es más importante, a la gente. Catorce que ellos aspiran llevar a veinte en otra avanzada hacia la eternización del desmadre legal, económico y moral que ellos propician.
 Escribí el párrafo anterior y ahora me doy cuenta de que falla en dos aspectos. Primero, no es a partir de hoy que ellos comienzan la campaña; tienen aaaaños en eso de tratar de convencernos que tenemos que vivir en lo que ellos juran que es socialismo y no pasa de ser una descarada ambición de poder con visos fascistoides y puntadas comunistas. Y segundo, no son catorce los años: ya son veinte desde la primera manifestación —el cuatro de febrero— de desprecio a la Constitución, a lo legal y a la voluntad de los ciudadanos. Son muchos más si se cuenta desde el momento en que empezaron a conspirar desde dentro de las Fuerzas Armadas, violentando el juramento que una vez hicieron. Y muchísimos más si, como sospechamos bastantes en el país, el hegemón ingresó en la Academia Militar por instrucciones del Partido Comunista, quien cada año desde la década de los cincuenta había logrado infiltrar en esa institución a por lo menos uno de sus afiliados cada año.
 En fin, que a partir del inicio legal (insisto en lo de legal porque ilegalmente ya se sabe cuánto han hecho) seguiremos viendo las tropelías de todo orden que cometen con descaro desde el mismo inicio de este desgobierno sus detentadores. Tropelías, arbitrariedades, iniquidades, desmanes —llámenlas como quieran— llevadas a cabo por centenares de ignaros plenos de mala intención, dirigidas por la batuta de un tipo que no sabe de música, mucho menos de gobierno, sobre una partitura escrita por un extranjero lleno de malicia que hala la brasa para su sardina a fin de matarle el hambre a la misma gente a la que subyugó hace más de medio siglo.
 Es esa descarada falta de escrúpulos, sumada a la desvergüenza que los caracteriza, la que hace que pongan en negro sobre blanco —como lo denunció la sin par Charito Rojas el miércoles pasado— lo que intentan hacer con los fondos públicos para “ayudar” a su querido jefe en su empeño de seguir en la macolla, regalando lo que es de todos nosotros, que todos ayudamos a formar, y él cree que es suyo. Por eso, sin rubor alguno, declaran que “53.565 brigadistas en 3.571 brigadas socialistas de trabajo (…) recibirán salario mínimo por parte del Ministerio de las Comunas”. Y que también se hará  "transferencia de recursos a las salas de batalla social”. Eso son solo dos perlas entresacadas del fulano “Plan Batalla de Carabobo” pero hay mucho más. Todo ello pone a funcionarios públicos  a desviar parte del presupuesto nacional para financiar una campaña partidista. Por eso —cito el colofón de lo dicho por Charito—, “el candidato Chávez y todos los funcionarios públicos están incursos en delitos electorales al utilizar la cosa pública para sus fines electorales. Los cálculos estiman que esta campaña está costando alrededor de 2.500 millones de dólares. Y vienen del tesoro nacional. ¿Qué dice el CNE de esto?” ¡Pues nada Charito, pues nada! Porque las cuatro directoras que hacen mayoría obedecen la voz del amo.
 Como lo hacen, también con absoluta desfachatez e inescrupulosidad, los del Tribunal de la Suprema Injusticia, al quitarle a los líderes naturales del PPT y Podemos las siglas de esos partidos para dárselas a algunos tan desprestigiados y rastacueros como Didalco y el otro. Como igualmente lo hace con cinismo y descomedimiento la rubia oxigenada del Ministerio Impúdico cuando deja de lado lo que tipifica el código y declara que no se puede abrir una averiguación por lo dicho por sus colegas—y, presumiblemente, viejos cómplices—, huidos del país, porque no denunciaron los hechos en Venezuela. Como lo hacen con insolencia y petulancia las focas del dizque parlamento cuando niegan con su mayoría espuria las solicitudes de averiguaciones de corrupción que se hacen desde la bancada opositora. 
 Pero, un viejo refrán que nos viene desde los romanos nos explica que por más negra que esté la nube, siempre tiene los bordes plateados. Hay pie para la esperanza. Porque esas jugarretas con los dineros públicos, esas marranadas leguleyas, esas vivezas pendejas, lo que hacen es aumentar en la población venezolana la certeza (que ya tiene) de que deben apelar a ese tipo de trastadas viles porque se saben perdidos. Quieren ganar en la mesa técnica, ya comprados los árbitros, tratando de anular un partido en el minuto 89 después de haber recibido una goleada 5-0…

REMISIÓN: Germán Guillén

martes, 6 de septiembre de 2011

Al pan, pan...// Por:Humberto Seijas Pittaluga // Notitarde


Al pan, pan...
Por:Humberto Seijas Pittaluga // Notitarde
10:30 pm 05-09 
Si por algo se caracteriza el régimen es por el empleo de palabras edulcoradas para hacer más digerible la ración diaria de mentiras que intenta hacernos tragar. Es un lenguaje bombástico, pomposo, que trata de cubrir la ineptitud de las ejecutorias (cuando las llevan a cabo) y la ruindad de las maniobras subterráneas que planean para terminar de perjudicar a esta tierra que fue de gracia. Sus voceros intentan ser grandilocuentes, darle altura al discurso, pero lo que logran es que todo el mundo -hasta las mentes más sencillas- descubran la flatulencia verbal y la pedantería que les rebosa. Solo hay que darle con la uña al goldfilled con el que se cubren para que se les vea el cobre. De eso es de lo que vamos a hablar hoy.
La perversión más notoria la encuentro en el término "nacionalización", cuando se trata de una mera (y pérfida) estatización. Cuando le "expropian" -otro eufemismo del jetabulario rojo- sin pagar la hacienda a un productor rural, no se está nacionalizando esa tierra; es una mera confiscación lo que se hace. Muchas veces para "solucionarle un problema" a un camarada; la mayoría de ellas, para que se convierta en un erial rápidamente. Cuando se "nacionalizó" las lanchas que transportaban a los obreros petroleros hacia los pozos del lago, ¿se las quitaron a unas empresas extranjeras? No, fue a unos connacionales. A los que todavía no les han pagado. Al "nacionalizar" la fábrica de aceite, a la torrefactora de café, a la empresa láctea, ¿dejaron a alguna transnacional sin esos bienes? No, fue a empresarios venezolanos. Todo, para aumentar el tamaño de un Estado que ya no se ocupa de los grandes problemas nacionales -educación, salud, seguridad- sino de poner areperas, hacer botellas y de dizque sembrar tomates. Y si fuera con reales de ellos que se hace las "nacionalizaciones", pase; ¡pero es con los nuestros!
Otra falacia es lo de "bolívar fuerte". ¡Esa vaina no fue fuerte ni el mismo primer día de su aparición en el mercado! ¿Qué era conveniente quitarle tres ceros al signo monetario usado? Sí, ya se estaba dificultando hacer cuentas, las calculadoras no tienen tantos dígitos. Pero de eso a que el bolívar fuese "fuerte" hay una distancia. Algo que se ha devaluado casi el 150 por ciento desde su aparición no puede ser fuerte en ninguna parte. Hay que hablar de bolívares "nuevos" y viejos", o de "actuales" y "anteriores", sin disfraces verbales.
En la misma onda económica, tenemos que hablar de los "aumentos de sueldo" que decreta mentira fresca. Eso no ha existido en Venezuela en muchos años. Cuando lo concede es porque ya la inflación nos pasó por encima. Cuando mucho, se llegaría a una equiparación entre lo que se percibe y lo que ha crecido el costo de la vida. Pero ni eso; siempre se queda corto. Por lo que la estabilidad económica es una meta que corre delante de nosotros. Y de ñapa, nos sacan más plata del bolsillo con las fulanas "contribuciones" que Corpoelec nos impone ilegalmente, porque no pasan de ser simples multas a quienes queremos vivir con la nevera funcionando (aunque esté casi vacía) y más de un bombillo prendido por las noches. Las imposiciones fiscales son materia de reserva legal; entonces, ni un decreto ejecutivo puede establecerlas. Solo leyes caben en esa materia. Las tales "contribuciones" son una exacción ilegal.
¿No dizque "negro" es mala palabra, y que quien la utilice referida a una persona debe ser sancionado? Entonces, propongo muy seriamente que se enjuicie a Elías Eljuri por ponerla en el cuestionario del censo. Que es de una entrepitura total en muchas de sus preguntas. Pero hoy quedémonos en lo del color de la tez. En ese mal uso del español que caracteriza a los rojos y a las feministas, se pregunta si el censado es "negro/negra", "afrodescendiente", "moreno/morena", "blanco/blanca", u otro. Eso, en un país en el que todos somos café-con-leche (unos con más leche que otros). Falta la clasificación que cubre a más del 80 por ciento de la población: "mestizo".
Después del desmadre de El Rodeo -donde tan mal quedaron tanto el minpopó que se encapuchaba en Mérida, como el comandante de la Guardia- se ha puesto de moda eso de "privado de libertad". ¡Tan rico que es nuestro idioma en esa materia! Sin hacer muchos esfuerzos me llegan: "preso", "encarcelado", "internado", "prisionero" y "recluso". No pongo "penado" porque la inmensa mayoría de los confinados (otro término) no ha sido sentenciada. Es que Luisa Estella y sus compinches están muy ocupados inventando cómo eludir el texto constitucional…
Se acabó el espacio. Se me quedan en el tintero entelequias como "soberanía", cuando estamos colonizados por Cuba; "pueblo", con el cual solo designan a sus enceguecidos; e "independencia de poderes", donde no la hay…
hacheseijaspe@gmail.com

martes, 7 de septiembre de 2010

Carta a un abstencionista /Por: Humberto Seijas Pittaluga /Sesquipedalia



Sesquipedalia
Carta a un abstencionista
Humberto Seijas Pittaluga
No lo niegues, a ti te dolió la muerte de Brito. Porque tú no eres un ser indiferente. Esas cosas trascendentales de vida y muerte dejan una marca, así el protagonista sea un desconocido. Que Brito no lo era. Todos sabíamos que era alguien que estaba luchando, con las armas que él libremente decidió, contra una injusticia que se había cometido contra él y su familia. También estás enterado de cuál fue la reacción oficial: declararlo loco. Y lo hizo una persona que no sabe nada de psiquiatría pero que sí de encontrar argumentos para defender las tropelías que comete el régimen: la oxigenada fiscala general. Por tanto, una de sus subalternas pide a una jueza que “para defender la vida” del huelguista se le fuerce a ir adonde él no quiere y se le someta a regímenes médicos que no necesita. Y la juez —no se sabe si por temor a seguir los pasos de la doctora Afiuni o porque pertenece a la caterva que grita: “¡Uh, ah!”— en un tris concede el pedimento.

Todas ellas —raro que las mejores cómplices en las arbitrariedades gubernamentales sean mujeres, siendo que usualmente son dechado de virtudes — arropadas con una excusa a primeras luces aceptable: el primer derecho es el derecho a la vida. Lo cual es verdad. Pero quien decide si ejerce dicho derecho es el sujeto de éste, nadie más puede hacerlo por él. Porque si es derecho, se debe tener la opción de ejercerlo o no. A menos que ya hayamos entrado en esa etapa del comunismo en el cual uno no se pertenece a sí mismo sino que el estado es el dueño de uno. En fin, que todas ellas parecen ser corresponsables en el resultado final de algo que dizque para preservar una vida. ¡Ah, pero no había terminado de enfriarse el cuerpo de Brito cuando salieron con muy farragosos alegatos a tratar de tapar la torta que pusieron!

Y, de una vez, la defensora del régimen (que no del pueblo) se unió al combo, con otro escrito, explicando que sus subalternos visitaron a Brito varias veces. Pero es que el asunto no era visitar, ¡era de solucionarle el problema! La tapa del frasco es la decisión de la misma fiscala —para “perfeccionar” la evasión de su responsabilidad— de pedir el enjuiciamiento de la familia del difunto por dizque “incitación al suicidio” ¡El colmo de la vesania! No sólo las deja viuda y huérfana, sino que también las quiere meter presas. Me imagino que la misma jueza que se prestó a la canallada de ordenar el internamiento de Brito, con la misma celeridad sería la encargada de cometer la otra de ordenar el encausamiento y prisión de las dos desdichadas mujeres.

Por eso, para tratar de que en el futuro Venezuela no tenga que padecer magistrados, jueces, fiscales y defensores de esa calaña, —quienes creen a ellos los pusieron ahí, no para buscar lo que es moral y legalmente correcto, sino para alcahuetear al régimen en la comisión de sus iniquidades— es que debes dejar de lado tu postura (¿filosófica?, ¿comodona?) y decidirte a votar.

Tú eres una persona recta, que te gusta que los demás se comporten como tú, honrada y dignamente. Por eso no puedes ver con buenos ojos a quienes transgreden las normas y la moralidad. Entonces, a ti te debe caer de la patada que el Nerón Sabanetero no se comporte como el primer magistrado que debe ser sino como el primer mandón y decida violar, una vez más, la Constitución y dedicarse a hacerle propaganda a los anodinos candidatos de su partido cuando tiene impedimentos legales para participar en la campaña. Después, para añadir ludibrio a la ofensa, sale arrogantemente a preguntarse, retóricamente, que quién se permite decirle a él que no puede hacer algo; para contestarse inmediatamente que nadie puede evitar su intervención en política. ¡Claro, quién se lo va a impedir, si los que deben hacerlo están todos sumisos a sus pies!

Todo ello lo hace en medio de una cadena de varias horas, instrumento al cual no debiera apelarse sino para los asuntos trascendentales de la nación. Luego, todas las televisoras oficiales hacen (adivinen por orden de quién) un “avance informativo” ¡de dos horas! en el cual reseñan el desarrollo de una caravana del PUS. Terrible ventajismo. Para la ilustración de los ignorantes crasos que “gerencian” ANTV y VTV, el mataburros de la DRAE especifica que “avance informativo” es: “Parte de una información que se adelanta y que tendrá ulterior desarrollo”. Si el avance fue larguísimo, ¡cómo sería el desarrollo!

Contra esos groseros ventajismos, que te chocan, contra esa palpable violación de los postulados legales que tipifican que los empleados públicos no pueden hacer campaña (ni emplear medios ni recursos oficiales para ellos), de manera que todos los candidatos compitan en igualdad de condiciones, es que debes abandonar tu postura usual y meterte en la cola de votar. Hazlo, que te vas a sentir muy satisfecho contigo mismo. Te lo garantizo...

IMAGEN: Logotipo abstencionista //Wikipedia

martes, 24 de agosto de 2010

Acerca del incidente en Fuerte Tiuna // Por: Humberto Seijas Pittaluga

 Sesquipedalia
Acerca del incidente en Fuerte Tiuna
Humberto Seijas Pittaluga
 Una de las versiones más recurrente acerca de lo sucedido en Fuerte Tiuna es la del abuso al imponer castigos por parte de uno de los hoy difuntos. Para ser franco, debo señalar que sangrientos episodios como éste, el del soldado que mató a dos de sus jefes recientemente, o como el del teniente que quemó con un lanzallamas a unos alistados hace varios años, no son cosa de estos tiempos recientes. Siempre hubo abusos en las Fuerzas Armadas por parte de algunos superiores. Y de cuando en cuando, retaliaciones por parte de subalternos a quienes se les había colmado la paciencia. Vienen a mi mente muchas vivencias. Unas, de casos de poca monta, pero que sirvieron para descubrir la personalidad futura del perpetrador; como el de las arbitrariedades que cometía cada viernes, hace cincuenta y seis años, Müller Rojas —hoy devenido en venerable miembro del santoral rojo—, quien abusivamente les quitaba dinero a quienes estábamos alojados en su mismo dormitorio para tener bastante con que beber sábado y domingo (a él la caña le gustó desde chiquito). Y otros de más envergadura, como el del teniente que, en el Comando Regional en Valencia, se vio impelido a dispararle a un coronel que, presumiblemente, lo acoquinaba excesiva y frecuentemente y lo “cargaba a monte” todo el tiempo. Afortunadamente, por milímetros no entró la bala en el cráneo y sólo le voló una oreja al abusivo. Como ésos, miles de casos más que conozco y que son el resultado de treinta y pico años sirviendo bajo bandera.
 Compañeros de armas somos cuantos combatimos —unos, con un procesador de palabras porque estamos retirados; otros con instrumentos más letales por su condición de activos— porque tenemos un mismo ideal: lograr una patria grande, un país donde se progrese en lo económico y lo espiritual, una nación unida en la búsqueda de la libertad; y unas Fuerzas Armadas donde las impurezas del partidarismo no existan más, donde las pasiones mezquinas no tengan cabida, y en las que se oiga sólo las actitudes marciales de quienes sirven y el latir de los corazones que quieren vivir para ella y hasta morir por ella. Pero no por causas inventadas.
 En todo caso, ya cumplida la gesta liberadora de nuestros próceres, ha quedado para los oficiales de hoy una tarea quizás menos refulgente en apariencia, pero más difícil en realidad, y por tanto, no menos atractiva: la de formar no sólo soldados sino ciudadanos. Con todo lo que eso implica de acatamiento a las normas justas, de respeto al derecho de los demás, de productividad para el avance nacional. Y eso no se logra con procedimientos “gomeros”.
 Desde hace casi una década, los venezolanos miran a sus Fuerzas Armadas con desconfianza. Y hechos como los acontecidos recientemente no ayudan en nada a la recuperación de la estima que hasta hace poco tuvieron los militares en la sociedad venezolana. Hasta que los altos mandos no reflexionen acerca de la responsabilidad formativa que tienen, hasta que no entiendan que hay que predicar más principios cívicos  y menos adoctrinamiento partidista a sus subalternos, y hasta que no sigan permitiendo que se irrespete los derechos del caudal humano que les entrega la nación para su perfeccionamiento, dichos jefes seguirán siendo estigmatizados justamente.
 Hay que romper el molde de la vieja milicia machetera que, en una suerte de atavismo, pareciera que todavía está en la mente de muchos oficiales, especialmente en el Ejército. Los alistados, cuando regresen a la vida civil debieran recordar a sus oficiales como maestros que quisieron cuerdamente llevarlos hacia la evolución ascendente que el signo de los tiempos actuales. Ya se acabó con el reclutamiento forzoso, una de las mayores ignominias que manchaban a la república. Hoy, quizás acicateados por el hambre, muchos de los conscriptos, quizás la mayoría, llegan como voluntarios. La república debiera atenderlos como se merecen y  a los oficiales que la representan no les es dado ignorar que tienen deberes que es preciso cumplir con los alistados porque representan la sangre joven de la nación y porque deben ser encaminados por la senda del bien moral. En las manos de la oficialidad pone la comunidad la clave de su porvenir, lo que el vientre de abnegadas madres ha dado a luz con dolor y los solícitos afanes de los padres (de quienes los tienen) ha cuidado por casi veinte años.
 ¿De qué manera puede llenar el Estado en este punto su misión? Teniendo como principal empeño la educación de sus oficiales, no sólo su instrucción, porque éstos no sólo deben ser los conductores de sus hombres en el combate, sino mucho más: los maestros, a veces los jueces, y los guías para una vida que debiera ser ancha y fecunda para esos muchachos al regreso a la vida civil. Pero para comportarse así, esos oficiales debieran estar al margen de la política chichera y, más bien, muy por encima de ella. ¿Será pedir peras al olmo? No creo...
hacheseijaspe@gmail.com (SC)  www.notitarde.com

IMAGEN: Noticia al Dia

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