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lunes, 18 de noviembre de 2019

Bolivia: ¿Golpe militar? "No comparto ese criterio". Por: Fernando Ochoa Antich. Opinión. Bolivia. Venezuela.


Estimados amigos:
                  Les remito anexo mi artículo de opinión de este domingo. Cordialmente, Fernando Ochoa Antich                                                      

                                                    Bolivia: ¿Golpe militar?                                           
                                                                                              Fernando Ochoa Antich
            Varios jefes de Estado han declarado, con alguna ligereza, que lo ocurrido en Bolivia, con la renuncia de Evo Morales, fue un golpe de Estado protagonizado por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.  No comparto ese criterio. El gobierno de Evo Morales es un excelente ejemplo de lo que significa un régimen influido por la visión del Socialismo del Siglo XXI: alcanzar el poder a través de elecciones democráticas para preservarlo indefinidamente mediante la permanente violación de los valores fundamentales de una democracia: el equilibrio de los poderes del Estado, la limitación de las libertades ciudadanas, la alternancia republicana, la utilización indebida de los dineros públicos y la  politización de las Fuerzas Armadas.  Además, el régimen de Morales buscó modificar la base social de Bolivia al reconocer constitucionalmente que en su territorio convivían 36 naciones distintas y no un solo pueblo, mestizo racialmente,  como base del Estado para tratar de crear  la mitología del Estado plurinacional. El deber de las Fuerzas Armadas bolivianas era reconstituir las bases fundamentales del Estado.
            Además, la candidatura de Evo Morales, para las elecciones presidenciales del 20 de octubre de 2019, presentaba un grave cuestionamiento que comprometía,  de antemano, la legitimidad de su posible triunfo. El 21 de febrero de 2016 se presentó a referéndum una propuesta de reforma constitucional que, entre otras modificaciones, planteaba eliminar la prohibición existente de poder reelegirse por tercera vez. Ese proyecto fue rechazado con una victoria del no, con el 52 %, frente al sí, con el 48 % de los votos. El 28 de noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional Plurinacional, parcializado a favor del régimen, falló a favor de una “repostulación indefinida” aduciendo que los derechos políticos estaban por encima de la voluntad popular. Acto seguido, el Tribunal Supremo Electoral, también parcializado a favor del gobierno, convocó a elecciones presidenciales y legislativas permitiendo que  Morales lanzara su candidatura. Las numerosas irregularidades ocurridas durante las elecciones fueron rechazadas por todos los factores de  oposición a través de multitudinarias manifestaciones.  

Las protestas de esos factores, ante la represión policial y de grupos organizados del oficialismo, tomaron mayor fuerza al desarrollarse en antiguos  reductos controlados por el régimen. Universitarios y clases medias se movilizaron durante la noche para enfrentar a las patrullas policiales y a los poderosos sindicatos  y “movimientos sociales” oficialistas generándose centenares de heridos, aunque de manera sorprendente las fuerzas del orden sólo causaron tres muertos. El sector minero amenazó con utilizar tacos de dinamita en el enfrentamiento social existente creándose dos bandos, en permanente y violenta lucha que no daba muestras de perder fuerza. Al contrario, el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, con  un particular carisma, endureció las exigencias, en medio de multitudinarias manifestaciones, al solicitar la renuncia de Evo Morales, de todos los miembros de su gobierno, del  Tribunal Supremo de Justicia, del Tribunal Constitucional y de los senadores y diputados.

Las protestas, en lugar de disminuir se incrementaron. Los hechos se complicaron  aún más al surgir  en la Policía Nacional un creciente descontento que se manifestó en diferentes actos de desobediencia en las unidades policiales de los distintos departamentos. Convencidos los altos mandos militares bolivianos que la causa de la violencia  era la presencia de Evo Morales en la presidencia de la República, el general Williams Kaliman, a nombre de las Fuerzas Armadas, le sugirió al presidente Morales “renunciar a su mandato presidencial por el bien de Bolivia, para poder permitir  se recupere la estabilidad social y la paz". El gobierno de México le concedió asilo diplomático territorial.  La senadora Jeanine  Añez se juramentó como presidente de la República y con gran tino señaló que su única política era conducir a Bolivia a unas elecciones justas y equitativas.  De manera sorprendente, destituyó al general William Kaliman, exageradamente comprometido con el anterior régimen, y designó en su reemplazo al general Carlos Orellana Centellas, un oficial de excelente hoja de servicio y un reconocido sentido institucional.

            De inmediato, dirigentes del Socialismo del Siglo XXI y del Foro de Sao Paulo, empezaron una fuerte campaña de opinión a fin de desacreditar la solución política y militar que condujo a la renuncia de Evo Morales. En una situación tan compleja, los militares profesionales deben orientar su actuación  en aspectos doctrinarios fundamentales. Lo primero que se debe conocer es que unas Fuerzas Armadas nunca están al servicio de un gobierno ni de un determinado proceso político. Su lealtad le corresponde exclusivamente a la Nación y al Estado. De allí que en un momento de crisis política, el militar profesional debe realizar una profunda reflexión para conocer cuál va a ser su posición en medio de las circunstancias violentas que pueden estarse desarrollando. De todas maneras, estoy convencido que en Venezuela ocurrirán  acontecimientos que exigirán de los cuadros militares una firme posición.  ¿El régimen de Nicolás Maduro representa los intereses nacionales? Creo que no. Al contrario, su gobierno ha comprometido el destino de Venezuela. El mejor ejemplo es la destrucción  de  PDVSA, la impagable deuda pública, la descarada corrupción y pare usted de contar. ¿Cuál debe ser, ante esta circunstancia, la actitud de un oficial activo? Recordar su juramento de soldado. A partir de esa reflexión actuar de acuerdo a lo que le dicte su consciencia.  Eso sí, recuerden que Venezuela está en peligro.

Caracas, 17 de noviembre de 2019
Zona de los archivos adjunt

domingo, 18 de marzo de 2018

Fernando Ochoa Antich: Carta pública al ministro de la Defensa @FochoaAntich @vladimirpadrino OPINIÓN.


Carta pública al ministro de la Defensa
Fernando Ochoa Antich.

Caracas, 18 de marzo de 2018
Señor general en jefe
Vladimir Padrino López,
 Ministro de la Defensa.
Presente,
         Me dirijo a usted, impulsado por la angustia que siento ante la tragedia que enfrenta nuestro pueblo, para plantearle públicamente los graves peligros que, a mi criterio, acechan a nuestra Patria y a la Institución Armada. No puede usted desconocer que la situación política, económica, social y militar es de tal gravedad  que es imposible  para el actual gobierno poder encontrarle una solución adecuada. Lamentablemente, en lugar de entender esta realidad, el presidente Maduro ha creído factible poder  continuar en el ejercicio del poder mediante una inconstitucional convocatoria, realizada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente, a unas elecciones presidenciales absolutamente plagadas de irregularidades. Esa deplorable decisión ha generado un rotundo rechazo tanto nacional como internacional.
Un nuevo gobierno de Nicolás Maduro difícilmente sería reconocido internacionalmente por los países democráticos de la América Latina, los Estados Unidos, Canadá, y la Unión Europea, los cuales rechazan las numerosas e inaceptables violaciones constitucionales y legales cometidas por su actual gobierno. Además, este rechazo se incrementaría al pretender mantenerse en el poder a toda costa. Llego a pensar que, de inmediato, esos gobiernos retirarían sus embajadores y posiblemente hasta la totalidad de sus funcionarios diplomáticos. También creo que Luis Almagro,  Secretario General de la Organización de Estados Americanos, solicitaría la reunión del Consejo Permanente para aplicar la Carta Democrática Interamericana, obteniendo con facilidad los 24 votos necesarios para suspender a Venezuela de dicha organización regional. Ante esta situación, se radicalizarían las sanciones ya impuestas y las anunciadas por los Estados Unidos y la Unión Europea. En esas circunstancias la supervivencia de su gobierno quedaría muy comprometida.
         En estos días mantuve, en uno de mis artículos, que al cerrarse la solución electoral como vía posible para resolver el actual enfrentamiento nacional se abrían tres posibles escenarios: la protesta popular, la salida militar y la intervención militar multilateral. En ese momento, las consideré como escenarios probables, pero no inmediatos. Sorprendentemente, en estos últimos días la intervención militar multilateral y la salida militar se han transformado en realidades cercanas. Me imagino, general Padrino, que usted debe de haber analizado, con sus asesores, el significado que tiene la designación de Mike Pompeo como Secretario de Estado de los EE.UU. Usted debe recordar que en distintas oportunidades, en sus funciones de director de la CIA, ha mantenido posiciones muy duras sobre la situación venezolana, llegando a considerar que la presencia en Venezuela de cubanos, rusos, iraníes y miembros del Hezbollah es una potencial amenaza para la seguridad de los Estados Unidos
No fue casual que esas declaraciones de Mike Pompeo, hayan coincidido con las más graves apreciaciones mantenidas por Donald Trump sobre la situación de nuestro país: “tenemos muchas opciones para Venezuela. Por cierto no voy a descartar una opción militar. Es nuestro vecino. En todo el mundo hay problemas en sitios lejanos. Venezuela no está tan lejos” Pompeo las respaldó con fuerza: “El presidente Trump  intentó darle al pueblo de Venezuela una esperanza y una oportunidad de crear una situación en la que la democracia sea restaurada”. Sin duda existe una gran afinidad entre la visión del presidente Trump y la de su nuevo Secretario de Estado. Esta coincidencia facilitará cualquier decisión que se tome después de las elecciones. Es significativo también el anunciado viaje de Trump a Colombia después de la reunión de Lima. No hay duda que existen razones y hechos para que usted reflexione. No es con demostraciones cívico militares  que puede enfrentarse un problema de tanta gravedad. Le sugiero, general Padrino, presionar para que  el actual gobierno modifique su irresponsable y aventurera política exterior.
 En relación al problema interno de la Fuerza Armada, usted tiene información de primer orden para conocer lo que allí ocurre. De todas maneras, creo mi obligación advertirle que existen grandes rumores en la opinión pública sobre un creciente descontento militar. No tengo manera de confirmarlo, pero hay razones para pensar que puede ser cierto. La angustia y desesperación que azota a la sociedad venezolana también afecta a los familiares de los cuadros militares. Usted conoce perfectamente bien que la manera de pensar en los cuarteles es un fiel reflejo del sentimiento nacional. También me preocupan  las denuncias que hacen los familiares de profesionales militares detenidos, en los medios de comunicación, ante la certeza que tienen del irrespeto a sus derechos humanos y de las pocas consideraciones que se le tiene a su grado militar. De igual manera, surgen en la opinión pública rumores sobre la detención  y destitución de oficiales, comandantes de unidades tácticas, gracias a informaciones procesadas a la ligera por la dirección de Inteligencia  Militar y fundamentalmente por el SEBIN. En todo caso, sería lamentable que esas quejas estuviesen justificadas y que precisamente los atropellos  y las vejaciones que se denuncian hayan sido perpetrados por otros compañeros de armas y peor aún, con la anuencia de sus superiores, quienes por ley y, por un mínimo principio ético, están obligados a velar por el respeto del honor y la dignidad de sus subalternos.
A mí me correspondió ser ministro de la Defensa en circunstancias muy complicadas. Por lo que veo, usted también las está enfrentando. De todas maneras, le aseguro que si la Fuerza Armada Nacional logra, a través de una presión respetuosa, pero firme,  que Nicolás Maduro tome la acertada decisión de solicitarle al Consejo Nacional Electoral la suspensión de las elecciones del mes de mayo, realizarlas en diciembre como corresponden, con un nuevo y equilibrado Consejo Nacional Electoral, acompañado de las necesarias condiciones de equidad y justicia, estoy seguro que los delicados problemas que usted tiene que enfrentar se superarían inmediatamente y los venezolanos  quedarían inmensamente agradecidos de usted y de nuestra Institución. De no ocurrir una rectificación de parte del presidente Maduro, debido a su ambición personal, la historia lo responsabilizará por comprometer gravemente la soberanía nacional y exponer a la Fuerza Armada a la vergüenza de un inmenso fracaso.
         Sólo espero, general Padrino, que usted reflexione sobre el contenido de esta carta, la cual, como le dije al principio, la escribo impulsado por la angustia que siento ante la grave tragedia que enfrenta Venezuela. Nuestro pueblo espera una respuesta que le permita superar, por la vía democrática, y constitucional, tan complejas circunstancias. No aspiran a nada más.
Atentamente, 



Fernando Ochoa Antich         

martes, 28 de noviembre de 2017

A mis compañeros de armas. Por: Fernando Ochoa Antich @FOchoaAntich OPINIÓN.


A mis compañeros de armas
I
Fernando Ochoa Antich.
         Los aspectos tratados en la reunión celebrada el pasado 8 de noviembre, entre Nicolás Maduro y el cuerpo de generales y almirantes, casi no se conocen. Me imagino que a causa de la permanente restricción impuesta a los medios de comunicación no gubernamentales. La poca información difundida ha sido sumamente repetitiva. Tampoco se percibe en las diferentes tomas televisivas, con suficiente claridad, si hubo un período de preguntas y repuestas después de terminar la intervención de Nicolás Maduro. Lo que si se trató de resaltar, con particular interés, fueron los  aplausos que los generales y almirantes prodigaron  a sus palabras. No tengo la menor duda en afirmar que la idea de dicha reunión debe haber surgido como consecuencia de informaciones recibidas de los servicios de inteligencia que señalan un creciente descontento en todos los cuadros militares. Este hecho es normal que esté ocurriendo, ya que el malestar nacional se incrementa permanentemente como consecuencia de la gravedad de la crisis que en todos los órdenes aqueja a la sociedad venezolana. Ese malestar es imposible que no se transmita a los cuadros militares, ya que sus familiares tienen que enfrentar diariamente el indetenible proceso inflacionario, la escasez de productos de primera necesidad, la inexistencia de medicinas, el colapso de los servicios públicos, la inseguridad desbordada y pare usted de contar.
Durante estos dieciocho años les he dirigido permanentemente numerosos mensajes, tratando de hacerles ver la inconveniente orientación que, en todos los aspectos del devenir nacional, ha tenido y tiene el régimen chavista, ahora llamado madurista. El caos generalizado que vivimos actualmente los venezolanos es una clara demostración de cuanta razón teníamos quienes nos dedicamos obstinadamente a advertir los peligros que enfrentábamos. Sin embargo, uno de los aspectos que siempre me ha sorprendido es el silencio de la Fuerza Armada Nacional ante el creciente proceso de disolución nacional.  Desde 1958, año en que los Altos Mandos decidieron abandonar el ejercicio directo del poder político, nos transformamos en un importante factor de poder que le permitió a la Institución Armada opinar con prudencia y discreción, pero con gran firmeza, sobre cualquier circunstancia que pudiese comprometer el destino nacional. Esa patriótica actitud le fue reconocida por los venezolanos que siempre la colocaron entre las tres instituciones de mayor prestigio en nuestra sociedad. Esa trascendente conducta fue desechada durante estos años. Los mandos de la Fuerza Armada Nacional consideraron involucrarse en el ejercicio directo del poder político, sin valorar lo que significaba comprometer a nuestra Institución en los graves errores que se estaban cometiendo en la conducción de Venezuela
Intento retomar mi prédica con la esperanza de ser escuchado por ustedes y poder así contribuir a que se tomen las medidas necesarias para evitar se sigan cometiendo tantas equivocaciones. Su contenido buscara hacerles ver la realidad de lo que ocurre en Venezuela. Analizaré en seis artículos los principales problemas políticos, económicos, sociales, internacionales y militares de la actual realidad nacional.  Estoy seguro que la mayoría de ustedes la conocen, aunque la permanente campaña de propaganda del régimen puede confundir, a través del engaño y la ilusión, a cualquier ciudadano que no sea suficientemente perspicaz para dedicarse a buscar la verdad de lo que ocurre en nuestra Patria. Comenzaré por responder a algunos de los planteamientos puntuales realizados por Nicolás Maduro durante su disertación. En un primer aspecto busca convencer a los asistentes que los permanentes accidentes ocurridos en instalaciones vitales de servicios públicos se originan por permanentes sabotajes de militantes de la oposición. Ustedes saben perfectamente bien que ese señalamiento es una irresponsable manipulación política. El problema se reduce a varios aspectos: robo de materiales que tienen un alto costo en un mercado ilegal que no ha sido controlado por existir complicidad con funcionarios públicos, un limitado entrenamiento de los operadores y una absoluta falta de mantenimiento.
Así mismo, Nicolás Maduro resaltó en su exposición  que “Venezuela vive una arremetida nunca antes vista por razones que obedecen a motivos de geopolítica, una batalla por los territorios, las riquezas y los minerales”. La supuesta “arremetida” contra Venezuela ha sido otro factor de manipulación de la opinión pública que busca explotar, a través de la propaganda, nuestro exacerbado nacionalismo al insistir permanentemente que el imperialismo norteamericano busca apoderarse de las riquezas de Venezuela. Sin embargo, tanto a ustedes como a todos los venezolanos nos consta la política entreguista que Hugo Chávez y Nicolás Maduro han mantenido en contra de los más altos intereses nacionales. Evidencia de ello han sido, entre otras, la invasión cubana en todos los aspectos, incluyendo los más sensibles de la vida nacional, la negligencia cómplice en el manejo de nuestra reclamación en el Esequibo, la permisividad ante las grandes transnacionales en la explotación  petrolera y minera y la negligencia cómplice con el crimen organizado. Además, se ha buscado una alianza con China y Rusia, no solo desde un punto de vista comercial, perfectamente aceptable, sino político estratégico, que busca reeditar los tiempos de la guerra fría, en la cual Venezuela tendría un papel importantísimo en el enfrentamiento contra los Estados Unidos. Hay que recordarles a estos estrategas de pacotilla el fiasco de Fidel Castro en la crisis de los cohetes en 1962.
Mantener que la posición de la Fiscal Luisa Ortega Díaz era parte  de “un plan acordado con sectores externos de poder para intentar incendiar a nuestro país” es una exageración difícil de aceptar. Su posición surgió ante la inconstitucional sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que buscaba disolver en la práctica la Asamblea Nacional. También es necesario recordar que la doctora Ortega Díaz era de reconocida militancia chavista. Es mucho más lógico pensar que su distanciamiento con el gobierno madurista surgió por razones de luchas internas en el PSUV. Otro aspecto, que por lo menos causa sorpresa, es su afirmación: “la oposición no tomó en cuenta mi llamado a un diálogo”. Es más que conocida la carta pública del cardenal Pietro Parolin en la cual mantuvo que el diálogo había fracasado por irresponsabilidad del gobierno de Maduro y las palabras del Santo Padre con respecto a Nicolás Maduro en septiembre pasado: "Lo que dice (el presidente Maduro) que lo explique él. No sé qué tiene en su mente. Pero la Santa Sede hizo mucho". También afirmó que la solución de la crisis había sido consecuencia de la Asamblea Nacional Constituyente Comunal. Parece no recordar la forma inconstitucional que fue convocada y el rechazo a su legitimidad realizado por más  de 90 países en el mundo.
Caracas, 19 de noviembre de 2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

El colapso del gobierno de Nicolás Maduro. Por: Fernando Ochoa Antich @FOchoaAntich




El colapso del gobierno de Nicolás Maduro
I
Fernando Ochoa Antich
La historia universal nos presenta frecuentemente  muchos  trágicos ejemplos de gobiernos que empiezan a presentar marcados signos de decadencia sin que sus dirigentes y las camarillas que se benefician de sus acciones logren percibir los factores políticos, económicos y sociales que conducirán indefectiblemente a su catastrófico final. Un excelente ejemplo de esta fatalidad lo constituye la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. La írrita constitución de 1953 señalaba dos principios fundamentales: períodos presidenciales de  cinco años y la no reelección. Eso obligaba a que se convocaran elecciones directas, universales y secretas en 1957 y que el general Pérez Jiménez no pudiera postularse para un nuevo período presidencial. La oposición democrática planteó formalmente  la convocatoria a elecciones populares, la reforma de la constitución de 1953,  con el fin de que el general Pérez Jiménez  pudiera ser candidato, y la aceptación del régimen de  la candidatura del doctor Rafael Caldera.  
La respuesta de la dictadura  fue la detención de Rafael Caldera por la Seguridad Nacional y su posterior exilio. Esta medida indicó claramente que la dictadura no aceptaría la convocatoria a elecciones. En su lugar, decidió realizar un plebiscito para que los venezolanos dijeran “sí” o “no” a la permanencia del general Pérez Jiménez en la presidencia de la República,  sin considerar el creciente rechazo popular, señalado en la pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco, el inicio de una grave crisis económica, producto del inmanejable crecimiento de la deuda interna y el surgimiento de un marcado descontento en los cuadros medios y subalternos de las Fuerzas Armadas. Lo demás es historia: el fraude plebiscitario, la insurrección militar del 1° de enero de 1958, las protestas populares, la huelga general del 21 Enero, la insurrección de la Escuela Militar, la constitución de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal en la madrugada del 23 de Enero, y la decisión del general Pérez de viajar a Santo Domingo. Todo había concluido.  
El régimen de Nicolás Maduro presenta actualmente signos de deterioro mucho más graves que la dictadura pérezjimenista. Difícilmente un gobierno se ha encontrado en nuestra historia en tan crítica situación. Los motivos que justifican tan complejas circunstancias son ampliamente conocidos por los venezolanos. Desde el inicio de su gobierno, se dedicó con extraordinaria tozudez, a mantener la desastrosa política económica diseñada y mantenida criminalmente por Hugo Chávez durante el esplendor petrolero, la cual comprometió gravemente el destino de Venezuela y el futuro de las nuevas generaciones. Además, ha insistido, de manera contumaz, en irrespetar la Carta Magna, violar los más elementales derechos humanos, propiciar la corrupción administrativa, garantizar impunidad al crimen organizado, permitir el incremento de la injerencia cubana en los asuntos más sensibles del Estado, comprometer la soberanía e integridad de nuestro territorio y un largo etcétera de tropelías, que han conducido a un creciente rechazo a su gobierno en el ámbito internacional y la repulsa generalizada de los venezolanos a su persona y a toda su corrupta camarilla, en medio de una indetenible inflación que ha producido hambre, pobreza, muerte, diáspora, delincuencia y represión. Ante tan graves errores, es inexplicable su permanencia en el poder.   
Esta dolorosa situación condujo a que en diciembre del año 2015 fuera derrotado en las elecciones parlamentarias de una manera aplastante. En lugar de aprovechar esa circunstancia para reorientar su gobierno mediante un amplio acuerdo nacional,  su respuesta fue la de continuar agudizando la crisis, mediante la utilización de una brutal represión en contra de la disidencia, que lo ha convertido en posible reo de la justicia internacional. Además, su respuesta ha incluido la persecución de la Fiscal General de la República, hasta obligarla a exiliarse, el empleo de un írrito Tribunal Supremo de Justicia y del no menos írrito y desprestigiado Consejo Nacional Electoral. Por último, transgrediendo nuevamente la Constitución Nacional, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente Comunal. Todo esto con el objetivo de contar con pseudo instituciones que puedan justificar ilegalmente sus desafueros.
A los pocos días de iniciar sus sesiones la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente Comunal le comunicó al CNE su decisión de establecer el 15 de octubre como nueva fecha para las elecciones de gobernadores, la cual había sido previamente saboteada por Nicolás Maduro al impedir su realización en diciembre de 2016 como correspondía constitucionalmente. Esta decisión estuvo marcada por un avieso interés político: Nicolás Maduro y su camarilla consideraron que la inminencia de la fecha electoral podía favorecer a sus candidatos. La situación de la Mesa de la Unidad Democrática era bastante comprometida. Tenía que realizar sus elecciones primarias, resolver los posibles problemas que podían surgir entre los distintos pre candidatos y superar la insatisfacción existente entre algunos sectores de la oposición como consecuencia de la suspensión de las protestas de calle. Estos factores psicológicos podían generar una creciente tendencia abstencionista en las filas opositoras. En efecto, ello se reflejó en las primeras consultas de opinión. Sin embargo, afortunadamente, esa situación ha sido superada de manera definitiva. Las últimas encuestas indican que la tendencia abstencionista ha disminuido considerablemente y, en este momento, más del 60 % del padrón electoral, con tendencia muy marcada a aumentar, asistirá a votar el próximo 15 de octubre.  
Al percibir el fracaso de la maniobra electoral, Nicolás Maduro presionó al expresidente del gobierno español,  José Luis  Rodríguez Zapatero, para que convenciera al presidente dominicano,  Danilo Medina, de la importancia que tendría invitar al gobierno y a la oposición venezolana, a Santo Domingo, a iniciar una nueva negociación. La MUD tuvo, desde el principio,  una clara visión del objetivo de dicha invitación: dividir a la oposición, generar descontento en el sector opositor por las amargas experiencias previas, y restituir la superada tendencia abstencionista para la elección de gobernadores. La decisión no era fácil de tomar. No asistir a la invitación del presidente dominicano podía influir negativamente en el importante apoyo que la comunidad internacional le había dado a los sectores democráticos, fundamentalmente después del viaje de Julio Borges a Francia, Inglaterra, Alemania y España.
La decisión fue tomada con gran tino: asistir a una primera reunión con el presidente Medina para establecer las condiciones exploratorias del diálogo. El gobierno nacional creyó que los representantes de la MUD se sentarían a negociar, en una segunda oportunidad,  sin exigir previamente el cumplimiento de los compromisos establecidos en presencia del presidente Medina. Craso error. El comunicado fue terminante: no asistiremos a una nueva reunión mientras el gobierno nacional no libere a los presos políticos y se inicien las gestiones para permitir el acceso de donaciones de alimentos y medicinas a Venezuela. En definitiva, el gobierno de Nicolás Maduro no tiene destino. Se encuentra en medio de un total e inmanejable colapso que, por el bien de Venezuela y de los venezolanos, esperamos que, más temprano que tarde, lo obligará a ceder ante las legítimas exigencias de los sectores democráticos.
Caracas, 1° de octubre de 2017
fochoaantich@gmail.com.

domingo, 24 de septiembre de 2017

La permanente manipulación de Oscar Schémel. Por: Fernando Ochoa Antich @FOchoaAntich


La permanente manipulación de Oscar Schémel

Fernando Ochoa Antich.
         
Desde el mismo momento en que Oscar Schémel fue electo miembro de la írrita Asamblea Nacional Constituyente Comunal, en representación del sector empresarial, mediante un monumental fraude jamás visto en nuestra historia, comenzó a emitir un conjunto de curiosas declaraciones y opiniones, sugiriendo una trascendente modificación en la política económica del régimen madurista. Estoy convencido de que esa audaz posición en un comunicador y encuestador de su experiencia y conocimiento de la realidad nacional solo busca proteger sus beneficios personales y el de fuertes grupos económicos, enriquecidos a la sombra del chavismo en estos dieciocho años, que han llegado a la conclusión que de no ocurrir una inmediata rectificación de los lineamientos económicos establecidos en el Plan de la Patria, la catástrofe electoral de Nicolás Maduro sería inevitable. Esa es la razón por la cual considero de interés analizar esos planteamientos para interpretar sus verdaderos objetivos y a la vez determinar sus posibles equivocaciones.
        
 A los pocos días de ser electo fue invitado a una sesión del Consejo Nacional de Economía Productiva, en la cual expuso en una ponencia sobre la crisis económica lo siguiente: “En la Asamblea Nacional Constituyente todavía no hemos entrado a debatir las líneas estratégicas de la Carta Magna. Hoy, las demandas de soluciones y respuestas con respecto a los problemas de desabastecimiento e inflación se han acentuado. El foco vuelve a estar en la gestión, el foco vuelve a estar en la economía y en la esperanza de una solución. La gente quiere respuestas. La población está sufriendo los embates de una inflación desmedida. La mayoría de los venezolanos aprueban una economía mixta  y están de acuerdo con un consenso entre el sector privado y público. El Estado debe conducir la economía, que gobierne con el mercado y no contra el mercado. Si se posterga este debate puede ser determinante en el resultado de las elecciones regionales y comprometer gravemente el triunfo del chavismo”.
        
 Para fortalecer su planteamiento empezó a utilizar su programa “Análisis Situacional” y editoriales  casi diarios, orientados a presionar un cambio en la  política económica del gobierno de Nicolás Maduro. En ellos trató aspectos aún más delicados y contrarios a las medidas económicas recientemente establecidas por el propio Nicolás Maduro. Entre ellos resaltan: “Es imperativo revisar los controles. Los controles no han servido porque no controlan nada. El control cambiario no ha logrado controlar el precio del dólar, el control de precios no ha servido para dominar la inflación, si se establecen  excesivos controles y se prolongan en el tiempo, generan corrupción e improductividad.  Es necesario establecer garantías a la propiedad privada y respetar las leyes económicas”. Como se podrá apreciar, sus propuestas parecen más las de un economista neoliberal que las de un militante convencido de las bondades del Socialismo del Siglo XXI, pero ¿es sincera su intención de contribuir en la solución de nuestros graves problemas económicos?

Durante varias semanas he tratado de encontrar respuesta a esta inquietud. He leído con detenimiento sus editoriales.  En ellos se repiten algunos aspectos de interés: “el triunfo arrollador de la oposición en la elección de la Asamblea Nacional se debió a un voto castigo contra Nicolás Maduro  por el mal desempeño en el terreno económico”; “la oposición sigue en su discurso tradicional de hace 20 años, discurso basado en la denuncia y la crítica, que antes no funcionaba por los altos niveles de valoración positiva de la gestión  de Hugo Chávez. Hoy es un discurso, que de alguna manera interpreta el descontento y el malestar que existe en el país”; “el chavismo debe actualizar su discurso, las banderas de hace 15 años, no son las mismas de hoy”. Creo conveniente aclarar, que no era la valoración positiva de Hugo Chávez, sino los altos niveles de los precios del petróleo, los que opacaban el contenido del discurso opositor. Además, estos criterios me hacen pensar que el objetivo del sector empresarial boliburgués  es presentar un mensaje renovador que logre penetrar en los sectores de clase media para obtener algún beneficio electoral en los próximos comicios regionales.

Estoy convencido que esa estrategia, la cual quiere presentar como  bandera  una engañosa propuesta económica, va a fracasar estruendosamente. Los venezolanos conocemos perfectamente bien que para lograr superar la tragedia venezolana se requiere, antes que nada, reemplazar el gobierno de Nicolás Maduro y su corrupta camarilla. Además, sus propuestas no son nada novedosas. Numerosos economistas opositores han planteado repetitivamente la necesidad de desmontar el control de cambio y el control de precios, garantizar la propiedad privada y el predominio del mercado, sin que  se le haya prestado atención, ni mucho menos los haya apoyado el Sr. Schémel. En todo caso, estos aspectos coincidentes no son suficientes para lograr superar la tragedia venezolana. Se necesita además fortalecer las reservas internacionales a través de importantes créditos y fundamentalmente crear confianza para que puedan regresar las inversiones extranjeras y venezolanas. Estas dos condiciones son imposibles de alcanzar en la  dictadura chavista. 

Pero si eso fuera posible, existe otro riesgo: que el chavismo trate de  imponer el modelo chino. Una dictadura totalitaria de partido único, sin libertad individual ni pluralismo político, en medio de una sociedad de mercado que respete la propiedad privada.  Esa solución, es la aspiración de  Raúl Castro para Cuba: restablecer relaciones comerciales con los Estados Unidos sin debilitar la dictadura castrista y el partido único. Llego a creer que en definitiva esa es la aspiración de Oscar Schémel y de los empresarios chavistas: preservar el chavismo, limitar los derechos políticos individuales y mantener el control de la riqueza del Estado para continuar enriqueciéndose a sus expensas. Los venezolanos tenemos aspiraciones distintas: reinstaurar un régimen democrático, con absoluto respeto de los derechos humanos y de las libertades ciudadanas, con una sociedad de mercado en pleno desarrollo, en donde impere la libertad de comercio y la honestidad.  Además,  cómo olvidar lo ocurrido en estos dieciocho años. La tragedia de nuestro pueblo, sin importar la clase social, se resume en hambre, muerte, inflación, delincuencia, violación de derechos humanos y diáspora. La única solución posible es un cambio de sistema político. Esta verdad la conoce perfectamente bien Oscar Schémel.

Sin embargo, en el supuesto de que la propuesta del señor Schémel fuera sincera y yo estuviera equivocado, entonces me permito sugerirle que amplíe su planteamiento a Maduro y a su camarilla, sobre la necesidad de dar respuestas apropiadas a todos los problemas nacionales  que mencioné anteriormente. Solo así, reconocería su sincera contribución a la solución de esta insoportable tragedia nacional.

Caracas, 24 de septiembre de 2017.

fochoaantich@gmail.com




domingo, 3 de septiembre de 2017

La mentira como política de Estado. Por: Fernando Ochoa Antich @FOchoaAntich


La mentira como política de Estado

Fernando Ochoa Antich.
         
Las dictaduras marxistas se han caracterizado, desde los ya lejanos tiempos de la toma del Palacio de Invierno durante la revolución bolchevique, por falsificar la verdad de los hechos históricos mediante agresivas campañas de propaganda y un permanente control de los medios de comunicación. Esa fue parte de  las enseñanzas que recibió Nicolás Maduro durante los años de “formación”, para cuadros políticos de izquierda, que realizó en la escuela “Ñico López”, en la ciudad de La Habana, durante los años 1986 y 1987. Convencido como está del inmenso rechazo popular que tiene su imagen presidencial y su desastroso gobierno no se atreve a contarse en elecciones universales, directas y secretas. De hacerlo, la derrota sería aplastante. En estas circunstancias, decidió utilizar al TSJ para anular a la legítima Asamblea Nacional. Los resultados no pudieron ser peores: la doctora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, denunció que la aplicación de las sentencias 156 y 157 constituiría una ruptura del orden constitucional. Acto seguido, decidió continuar violando la Constitución, mediante la ilegal convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente Comunal, la cual, según él, era necesaria para la solución de los problemas nacionales. En verdad, su propósito  fue crear una írrita estructura parlamentaria que le permitiera “validar” sus atropellos, pretendiendo, además, darle valor constitucional al inmenso e irresponsable endeudamiento al que, sin autorización de la Asamblea Nacional, sigue sometiendo a la República.
         Esa convocatoria pudo haber sido una excelente solución a la inmanejable crisis política nacional, pero exigía cumplir cabalmente los artículos 347 y 348 de la Constitución Nacional de 1999. Sin embargo, ante la seguridad de una catastrófica derrota electoral, no quiso consultarle a todos los venezolanos y en su defecto creó un absurdo sistema electoral que obvió totalmente el principio fundamental de toda elección democrática: un ciudadano, un voto. Lógicamente, en esas condiciones no era posible que la oposición democrática aceptara  participar y legitimar unas elecciones claramente manipuladas e inconstitucionales para que el triunfo electoral lo obtuviera el régimen madurista. Las elecciones del 30 de julio resultaron un inmenso fiasco. Los venezolanos observamos la casi inexistente presencia de votantes en los centros electorales. El  fraudulento resultado anunciado por el Consejo Nacional Electoral de ocho millones de votos dejó en evidencia su conducta delincuencial y marcó la conciencia de nuestro pueblo, pero al mismo tiempo orientó todos los informes del cuerpo diplomático acreditado en Venezuela e incrementó el rechazo internacional a la dictadura. Cincuenta países consideraron írrito el resultado y desconocieron la legalidad y legitimidad de la espuria Asamblea Nacional Constituyente. Nuevamente, la mentira se hizo presente en una avasallante campaña de propaganda, afortunadamente, sin ninguna posibilidad de éxito.
         Era imposible que, en esta circunstancia, no surgiera una firme respuesta de una personalidad tan particular como la de Donald Trump. Su sorprendente y peligrosa declaración, indicando que entre las posibles opciones para superar el problema que representa la dictadura venezolana, para sus nacionales y para la región, se encuentra la militar, el periplo del vicepresidente Mike Pence a Colombia, Argentina y Chile  y las declaraciones del director de la CIA, Mike Pompeo, señalando que “la presencia de cubanos, rusos, iraníes y el Hezbolah es un gran riesgo para los Estados Unidos”… deberían hacer reflexionar al Alto Mando Militar. Imaginarse que la respuesta a esa amenaza son unos ejercicios “militares” de fin de semana es un absurdo. La primera jugada de la panoplia de opciones de los Estados Unidos ha sido las sanciones económicas. En conclusión, las posibilidades de obtener recursos financieros  suficientes para poder  enfrentar el hambre, la creciente  escasez de medicinas y de productos de primera necesidad empeorará la crisis humanitaria que vive nuestro pueblo. Esta es la realidad que enfrenta Venezuela. Su gravedad está a la vista. No valorarla sería una irresponsabilidad criminal que debería tener consecuencias penales, tanto nacionales como internacionales, para los responsables. Sin embargo, la mentira ha hecho acto de presencia una vez más. La dictadura ha pretendido, sin éxito, convencer a los ciudadanos de que las causas de sus penurias son estas muy recientes medidas. Además, creer que se puede aplicar un “Período Especial” de limitaciones económicas a los venezolanos, en estos tiempos, como ocurrió en las Revoluciones  rusa, china y cubana,  es desconocer las grandes transformaciones históricas ocurridas a finales del siglo XX.
Soy de los que  creen que todavía existe espacio político para buscar una solución de consenso entre todos los factores nacionales que le evite a Venezuela tener que enfrentar una inmanegable tragedia nacional.  No hay duda que la iniciativa le corresponde a Nicolás Maduro y a su gobierno. No es posible continuar con las acciones represivas de la espuria Asamblea Nacional Constituyente, que por lo que veo, está siendo controlada por el sector más radical del chavismo. De no rectificarse a tiempo, el campo de maniobra continuará reduciéndose hasta conducirnos a un desbordamiento de la insatisfacción social de consecuencias impredecibles. Una extraordinaria oportunidad para superar el inmanejable “choque de trenes” que se otea en nuestro porvenir  como sociedad podrían ser las elecciones para gobernadores. Si el Consejo Nacional Electoral se comprometiera a garantizar un proceso electoral absolutamente imparcial con el respaldo del Ejecutivo Nacional,  podría abrirse una nueva posibilidad para reiniciar un verdadero diálogo entre el oficialismo y la Mesa de la Unidad con alguna perspectiva de solución para la crisis nacional.  De no aprovecharse esta posibilidad de diálogo, es difícil prever el desarrollo de los acontecimientos futuros, pero se perdería una gran oportunidad para reorientar a Venezuela por un camino de paz y de progreso. La mentira como política de Estado no resuelve los grandes problemas nacionales. Al contrario, los incrementa. 

Caracas, 3 de septiembre de 2017
fochoaantich@gmail.com

 @FOchoaAntich 



domingo, 28 de mayo de 2017

A mis compañeros de armas Por: Fernando Ochoa Antich @FOchoaAntich


A mis compañeros de armas
Fernando Ochoa Antich.

         Venezuela se encuentra en peligro. Nuestro pueblo está en las calles. El asesinato de 57 jóvenes y el elevado número de heridos, detenidos y torturados, no tiene justificación alguna. Han sido reprimidos criminalmente  por la Guardia Nacional, la Policía Nacional y las bandas armadas al servicio de la tiranía sólo por defender la libertad y la democracia. Esta forma de actuar compromete la responsabilidad del general Vladimir Padrino López, la del Alto Mando Militar, incluyendo a los comandantes de REDI, ZODI y de todos aquellos, que en funciones de mando, han permitido que se ataque, con inusitada sevicia, a venezolanos que reclaman, pacíficamente, el ejercicio de sus derechos constitucionales. ¿Cómo puede justificarse que circulen en la red irrefutables fotografías y videos en los cuales se observa a efectivos militares y policiales, en compañía de miembros de las bandas armadas, disparando a quema ropa, realizando saqueos a los comercios, penetrando a residencias privadas para destruir sus entradas y romper los vidrios de los vehículos particulares? ¿Se puede guardar silencio ante la profusa evidencia existente del uso de armas de guerra y del empleo de francotiradores en contra de manifestantes pacíficos? ¿No generan estos hechos, y tantos otros, un profundo rechazo hacia la Fuerza Armada Nacional? La opinión pública nacional e internacional espera una respuesta.
 La catástrofe nacional se agrava, en todos los órdenes, con el correr de los días. Tan trágicas circunstancia obliga a los venezolanos a una profunda reflexión, y en mayor medida a los miembros activos  de la Fuerza Armada Nacional. Justamente, ustedes tendrán que decidir el camino a tomar para restituir la paz de la República. Nicolás Maduro perdió totalmente la base de sustentación de su gobierno. El rechazo popular a su figura no le permite resolver la crisis nacional. Su descrédito político y financiero en el ámbito internacional no permite que Venezuela pueda obtener algún tipo crédito, sea bilateral o multilateral, para poder fortalecer sus reservas internacionales.  Ante la necesidad de evitar incurrir en default, lo único que ha podido hacer es disminuir las importaciones de alimentos, incrementando la escasez y el hambre. Así mismo, su responsabilidad en las  graves violaciones de los derechos humanos durante  su gobierno, lo han convertido en reo de la justicia internacional.   El colmo de su crueldad e insensatez llega a tal nivel que ni siquiera ha sido capaz de aceptar el ofrecimiento realizado por la Iglesia Católica de una ayuda humanitaria a través de Cáritas. Ha preferido rechazarlo, por razones de prestigio político, aun conociendo que numerosos niños y ancianos pueden morir por falta de medicinas y comida en los hospitales,
Para colmo de males, asesorado por el régimen cubano, ha decidido tomar el tortuoso camino de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, presentándola como el “mejor camino para la paz”. Nada más falso. Para nadie es un secreto, y eso los incluye a ustedes, que lo exigido por amplios sectores nacionales es precisamente el cabal cumplimiento de la Constitución Nacional vigente, ya que un proceso constituyente convocado de manera inconstitucional y arbitrario sólo puede agravar la insatisfacción y el  rechazo de los venezolanos. Es absolutamente inaceptable, y ustedes deben tomarlo muy en cuenta , que la sola decisión de Nicolás Maduro pueda reemplazar la voluntad soberana de todo el pueblo venezolano al pretender confundir aviesamente la “iniciativa de convocatoria” a una Asamblea Nacional Constituyente con la “convocatoria” propiamente dicha, para consolidar así un  golpe de Estado. Ustedes también deben saber que la írrita Asamblea Nacional Constituyente, que ellos piensan reunir de una manera fraudulenta para tener segura mayoría, modificará totalmente la visión establecida en la Constitución de 1999,  la cual mantenía que Venezuela era un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, reemplazando  sus principios fundamentales. Lo más doloroso es que pretenda utilizarlos a ustedes, para sojuzgar a los venezolanos e imponer un régimen totalitario.
Es muy doloroso que el venezolano común considere, no sin razón, que la tiranía de Nicolás Maduro, la cual lo ha sometido a tantas penurias, se sostiene única y exclusivamente gracias al apoyo cómplice e incondicional de la Fuerza Armada Nacional. Los hechos y las expresiones de sus máximos representantes así lo demuestran. Sin embargo los venezolanos siguen teniendo fe en ustedes. No los decepcionen. Ustedes conocen la realidad de las carencias y el sufrimiento infligido a nuestro pueblo en tantos años de rapiña y corrupción. Es justo señalar, lo conocemos perfectamente bien los militares en situación de retiro,  las permanentes arbitrariedades que se cometen dentro de la Institución Armada al privilegiar la adhesión político partidista por encima de los méritos profesionales para el otorgamiento de cargos, ascensos y reconocimientos. Eso tiene que terminar. Sin embargo, ustedes deben saber que, en tan compleja situación nacional, lo único que  nuestro pueblo les exige es el fiel cumplimiento de lo establecido en la Constitución Nacional, en particular lo pautado en el artículo 328. Queremos militares profesionales, conscientes de sus deberes, disciplinados y obedientes, pero nunca obsecuentes y sumisos a un partido político. Igualmente,  les recuerdo, que en los artículos 333 y 350 constitucionales  se establece el deber que todos tenemos de defender nuestra Constitución cuando su vigencia es amenazada. La conciencia de cada uno de nosotros y solo ella le indicará la actitud a asumir. Recuerden sus obligaciones militares.
Nuestra historia es prácticamente una relación de hechos, en los cuales la Fuerza Armada Nacional, ya sea el Ejército Libertador o la moderna organización militar creada a partir del Siglo XX, siempre desempeñó, con aciertos y errores, un papel protagónico en el rescate de la libertad del pueblo venezolano. Así ocurrió en la guerra de Independencia; luego en la dictadura de Juan Vicente Gómez al insurreccionarse en contra de su gobierno en los años de 1919, 1922 y 1928  y ser factor fundamental en la pacífica transición hacia la democracia presidida por los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. Posteriormente contribuyó al derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; combatió y derrotó a la insurgencia castro-comunista que pretendía arrebatarnos la democracia durante los años sesenta y setenta; y por último, combatió y derrotó la felonía cometida por Hugo Chávez y su logia conspirativa, cuando pretendieron derrocar al gobierno legítimamente electo de Carlos Andrés Pérez. Esas han sido las referencias permanentes en la memoria de los venezolanos y, entre otras, la causa del inmenso prestigio y respeto que los venezolanos siempre le profesaron a la Fuerza Armada Nacional. Entonces, me pregunto: ¿cómo quieren ustedes ser recordados en nuestra historia?  Cumplan con su deber en esta hora dolorosa de Venezuela.                
                                                             Caracas, 28 de mayo de 2017.

fochoaantich@gmail.com.

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