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miércoles, 13 de abril de 2011

Agotado y sin real // Por: Antonio Cova Maduro,



Agotado y sin real
Lo peor de todo es que Chávez ni puede entender lo que pasa, ni poner los únicos remedios efectivos
ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 6 de abril de 2011  12:00 AM
Hay dos figuras del siglo XX a quienes mucho aprovechó la muerte temprana: Lenin y el Che Guevara. No dio ni tiempo de ver las inevitables conclusiones de lo que ellos proponían. En su momento lució que la muerte había truncado su cosecha y quizá fuera eso lo que les dio una perdurabilidad que habría que ver si merecieron. Por el contrario, otros tuvieron una laaarga presencia y eso terminó agotándolos: ese ha sido el caso de uno de los peores personajes de la locura totalitaria del siglo XX, Mao Zedong y de su maestro Josef Stalin. Vida larga, torta larga pudiera ser la obvia conclusión.

En eso estamos en la Venezuela contemporánea, en la única vocación que podría endosársele a Hugo Chávez: la de eternizarse en el poder, sin saber -ni él ni quienes lo padecen- cuál sería el propósito de tan larga duración.

Este régimen ya pasó los 12 años de existencia. Ya agotó el entusiasmo con el que fue recibido por muchos, y también -no faltaba más- ha agotado, ampliamente, la paciencia y el aguante de quienes lo adversamos desde el comienzo, de quienes jamás caímos en la trampa de esperar nada sino lo que nos ha dado ampliamente: un desastre continuado que no parece saciarse nunca.

Pero estos años han visto evaporarse más de lo que imaginamos. Lo primero, eso que llamaron "el Proceso", en el que se solazaba la rrr de la dicción de Aristóbulo. Eso murió y murió rápido. Ya nadie recuerda que "esto" es un Proceso, y eso que un término hermano: "serie", nos ayudaría mucho a comprender su historia inexorable. Siempre les insisto a mis interlocutores que "esto" debe ser visto como una serie, nunca como eventos aislados, ni siquiera como "trapos rojos", como deleita a muchos.

Otra cosa que se ha ido evaporando es la (comprada) "simpatía internacional". De eso nada queda, por mucho premio Walsh que la desvergonzada universidad argentina de La Plata le concediese (¿cuánto costó esa concesión de premio? Un día de esto lo sabremos). Ni Hugo Chávez ni su régimen valen una locha fuera de nuestras fronteras, tanto que hasta el Ollanta Humala de Perú se desliga de él como si fuese un apestado.

También se agotó la marca. Por el "socialismo del siglo XXI" nadie, ni aquí ni afuera, siquiera se toma el trabajo de elaborar una exposición para una jornada de estudios. Todo mundo se dio cuenta de que "eso" no ha existido ni va a existir y que, por lo tanto, no tiene sentido gastar pólvora en zamuros. Alguno que otro teórico izquierdista de los que todavía pululan en la UCV trata de iniciar un diálogo al que nadie responde; los que menos, los "aprovechados" del régimen.

Pero lo que ha sido verdaderamente portentoso es el agotamiento de la única energía de la que siempre dispuso: los reales. Nunca período de gobierno (¿?) alguno dispuso, por tanto tiempo, de un chorro de dinero tan potente como inagotable. Esa fue su maldición: contar con real a manos llenas y con unos poderes públicos sinvergüenzas que jamás preguntaron ni en voz baja, llevó al régimen a embarcarse en todo tipo de aventuras y regalos. Lo acaba de remachar con algo que ni siquiera se ha percatado ya no podía hacerse: donar dinero a un hospital de Uruguay en momentos en los que los enfermeros venezolanos están en huelga de hambre porque no les pagan.

Al régimen le llegó la peor maldición que nunca imaginó: ¡no hay real! Y no porque no siga entrando, sino porque abrió demasiados boquetes. Las "misiones" que muchos creyeron eran un dechado de eficiencia (de "eficiencia electoral", sobre todo), hace tiempo que no son sino desaguaderos. Igualmente lo fue el sistema de salud paralelo que creó, entre otras cosas para impedir el derrumbe de la economía cubana, y que ahora no puede cerrar o amalgamar con lo que había.

Y las milicias, y los publicistas en el exterior, y las decenas de universidades piratas que vomitan cientos de "graduados", a quienes tendrá que emplear en nóminas sobrecargadas y exhaustas. A las empresas y terrenos tomados cuya ineficiencia es una máquina traganíqueles; y a una importación desatada de cuanto Dios creó, a la que sólo garantiza el cash contante y sonante.

A todo ello no hay presupuesto que pueda responder. No hay real ni modo de conseguirlo. Y sin real la revolución se desploma sin remedio. El régimen es ya, por donde usted lo mire, una vasta mafia que no tiene propósito de enmienda ni vocación suicida y por eso rápido corre hacia la muerte. Lo peor de todo es que Chávez ni puede entender lo que pasa, ni poner los únicos remedios efectivos.

antave38@yahoo.com
 
FUENTE: EL UNIVERSAL Remision: Ginesa

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Venezuela en un pueblo costero // Por: Antonio Cova Maduro

Venezuela en un pueblo costero
Ese pueblo costero, junto con otros miles, dará importantes sorpresas este 26S, y los chavistas lo saben
ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 1 de septiembre de 2010  12:00 AM
Cuántas Venezuelas caben en nuestro territorio? Bastantes, por lo que parece, y ellas han tenido la oportunidad de expresarse históricamente. Baste con recordar cómo la Venezuela que emergió de nuestras luchas de independencia fue, en mucho, la Venezuela llanera. Tiempo duró esa Venezuela, hasta que la llegada de los caudillos andinos hizo que el centro de atención se desplazara a esa región más occidental del país.

Fue justamente cuando aquella Venezuela -la del andino Juan Vicente Gómez y la del predominio del café- descubrió que su suelo albergaba petróleo, y lo hacía en grandes cantidades, cuando Venezuela dejó de ser lo que hasta ahora había sido. Nació la Venezuela rentista, la que engordó grandes ciudades que, o quedaban en zonas petroleras -tal el caso de Maracaibo y de Maturín- o a las que la rápida explotación petrolera creó: Cabimas y Lagunillas en el Zulia y las recién nacidas Punto Fijo en Falcón y Puerto La Cruz en la costa de Anzoátegui.

Con el petróleo, Venezuela definitivamente se transformó en una franja costera, la que va de Maracaibo hasta Guanta, que sería la que dominaría todo el siglo XX. Habría que esperar el último cuarto de ese siglo para ver entrar a competir a Guayana con el hierro y el aluminio. Puerto Ordaz sería la última gran ciudad venezolana creada expresamente en razón de la directa explotación de riquezas naturales.

Pero hoy quiero ocuparme de otra Venezuela, de esa que al calor de nuestra riqueza de más de un siglo se fue haciendo como a la vera del camino. De la Venezuela de pueblos moribundos que adquirieron vida por obra y gracia del paisaje que tenían para posibilitar vacaciones y entretenimiento. Y lo quiero hacer con una población costera, de una cuyo gran capital es el mar y todo lo que él sugiere y posibilita.

Estos días de vacaciones me dieron la posibilidad de visitar una de esas poblaciones en la costa oriental, en donde confluyen Miranda y Anzoátegui si quieren. En ella la razón de ser de su existencia, que como lo explica el cronista de esa zona tampoco es de ayer, sino que se remonta al mismísimo siglo XVII, cuando la creación y explotación de salinas le dio su razón de ser, para transformarse en un poblado que albergaría miles de temporadistas desde fines del siglo XX. Esa zona hoy vive de construir para ellos casas y clubes, y luego prestarle todo tipo de servicios. Un poco como sucede con el oriente del litoral varguense.

Es un pueblo, como cabría esperar, víctima de la gestión eléctrica del chavismo -16 horas seguidas sin luz dan testimonio de ello- y con pocas posibilidades de empleo para su creciente población. Es un pueblo, me afirmaba alguien que allí habita, donde los chinos controlan la alimentación -los tres automercados, único signo de negocio moderno en la zona, son suyos- y los árabes, la ropa. Como sabemos -es el patrón que se repite por todo el país- ambos grupos funcionan con un cerrado sistema familiar: el grueso de sus empleados son de la familia y, por lo tanto, su oferta de empleo es limitada.

Es un pueblo que, con otros de la zona, conforma un cinturón chavista y por eso es interesante examinarlo más de cerca, porque lo disimula muy bien. A un mes escaso de las elecciones del 26S, ni marchas ni franelas rojas ni fotos de Chávez.

Es un pueblo donde la gente está en lo suyo, que es tratar de sobrevivir y al que poco entusiasma el récord del régimen; pero además es un pueblo cuyo récord electoral (2007, 2008 y 2009) muestra una siempre presente oposición a la que el chavismo nunca ha sobrepasado por más de 200 votos. No es, pues, como estilan decir muchos, "un pueblo de ¡puros chavistas!".

Hay un vasto número de pobladores que ni se siente atraído por, ni confiado en la propuesta -y la gestión- de Chávez; mucho menos está dispuesto a rendirse ante ella. Y por eso es la muestra más admirable de lo que es el país, y de porqué una vocación totalitaria como la que tiene el chavismo no ha podido imponerse definitivamente. Y que, a la chita callando, lista está para infligir un duro golpe a ese proyecto demencial el 26S.

Ese pueblo costero, junto con otros miles, dará importantes sorpresas este 26S, y los chavistas lo saben. Sin ruido cobrarán sus facturas -las de Pudreval, de la inflación, de los apagones y la muy gruesa de la matanza sin respiro. Serán ellos quienes darán un giro de 180° a lo que aquí se ha venido dando. ¡Bienvenidos y que Dios les pague!

 antave38@yahoo.com

 FUENTE: EL UNIVERSAL
IMAGEN: Ilustración de Alberto Rdriguez Barrera

jueves, 24 de septiembre de 2009

Tiempos de agobio / Por: Antonio Cova Maduro



TIEMPOS DE AGOBIO

Por: Antonio Cova Maduro

No hay día en que no despiertes con la angustia de que se prepara una nueva ley...

Para todos. Si algo caracterizará a este período histórico será cómo lo vivió la población entera, no sólo una fracción de ella; aunque muchos la habrán vivido de un modo particularmente intenso. Todos, empero, con una clara consciencia de que si algo se encontró en minusvalía en estos tiempos fue la esperanza, sin la cual jamás sociedad alguna pudo -ni podrá- encontrar su camino.

Por supuesto que a este término puede resultar difícil llenarlo de contenido; por eso la pregunta: ¿esperanza de qué?. Bueno, esperanza de que vas a concluir tus días en un país en paz, donde los tuyos no se sientan amenazados. De que en ese país habrá leyes hechas para todos y logradas por consenso general, y por eso las harán suyas.

Esperanza de que vivirán en un país donde la vejez sea la conclusión de toda una vida de esfuerzos con sentido, y con logros que corroboren esos esfuerzos. Donde la mayor garantía de paz estará en que "lo mío es mío y lo tuyo tuyo", pues sólo así se consigue que el país sea nuestro. Sólo en un país al que sintamos nuestro, los ciudadanos se esforzarán de continuo para convertirlo en próspero y hermoso.

Lamentablemente no son estos los tiempos que vivimos. Son, más bien, tiempos de agobio, de un agobio que padecemos todos. Esa es, quizá, su característica más singular. Nadie escapa de él, aunque adopte la estrategia del avestruz. Y si me permiten el adjetivo, es un agobio hiperquinético. No es el que te deja estático, o el de la depresión melancólica, sino el que te hace ir de un tema a otro. De un agobio, en suma, ni te da cuartel, ni te permite concentrarte en nada concreto.

Irritabilidad No da chance de pensar con calma, ni de ponderar decisiones y, en el mejor de los casos, logran resultados magros. La ineficacia, entonces, se convierte en fuente de una irritabilidad espesa que penetra por los poros de la nación. No hay día que no despiertes con la angustia de que se prepara una nueva ley, o que, una vez más, decisiones vitales son pospuestas, vete a saber por qué; y que esa omisión no hará otra cosa que acelerar la caída libre que todos queremos evitar.

Y este agobio, que corta la esperanza, tiene un rasgo aterrador: ciega a la gente a cualquier luz que ilumine el final del túnel. Vamos de aquí para allá, porque secretamente nos acosa la idea de que son vanos e inútiles nuestros esfuerzos por cambiar la situación. La esperanza también se ve acorralada porque la gente no cree en el poder del tiempo, y por lo tanto, no utiliza el que tiene, del que dispone, para analizar con cabeza fría la fuerza y dirección del torbellino en el que estamos metidos; con eso se corta la posibilidad de descubrir -y utilizar cuando sea apropiado- los meandros que ese mismo torbellino deja entrever.

A estas alturas, muchos lectores podrían pensar que ese agobio es exclusivo de un sector de la población, que sólo se ceba entre quienes disienten y padecen agudamente el "proceso" que intentan imponernos. Nada más lejos de la verdad. Lo hace también, y de modo bastante perverso, quienes deberían estar encantados con el mismo y creen ser sus exclusivos beneficiarios.

En esa orilla ya no hay confianza. Y no la hay porque ya se tienen las primeras pruebas de que el "arrebatón" a Pdvsa, ofrece ya sus amargos frutos por doquier: desde la Costa Oriental del Lago hasta Anzoátegui y Monagas, desde los Llanos hasta las arcas exhaustas del Banco Central. Están las pruebas de la devastación en Ciudad Guayana, donde cunde el desempleo y la falta de pago. Y están los anaqueles vacíos: el "no hay" y el "llegó poco y con nuevos precios" es una realidad que no escapa a los consumidores.

Rabia Las quejas -que nutren una rabia sorda que pronto estallará por doquier- son ya el coro que se entona por todas partes. Y eso se contagia a los amigos del "Proceso", que, ni pueden ocultarlo, ni ocultárselo a sí mismos, y perciben que ya la población apunta a los culpables.

La luna de miel se agota mientras se agolpan las facturas. Y el cobro comenzará rápido y con estrépito. Por ello está inquieta la boliburguesía, siente que su riqueza súbita igual podría evaporarse; mientras los de La Piedrita y los chamos del "Alexis vive", ven -y sienten- la sistemática posposición de la Revolución... y sus efectos.

Mientras, la burocracia del régimen crece descontroladamente, viendo mermar recursos y posibilidades. Los resultados, por tanto, se aproximan cada vez más a los de una metástasis ¿Hay razones para las de su agobio? ¿Qué creen ustedes?

antave38@yahoo.com
Remitido por: Alberto Rodriguez


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