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lunes, 11 de enero de 2010

CARUJO: EL TRAIDOR // Por: Fabio Solano

Imàgen: Pedro Carujo y Hugo Chàvez/blog de Eligio Damas

CARUJO: EL TRAIDOR
Fabio Solano
¡Agarraron a Carujo! La noticia corría como el agua en una crecida. Miguel caminaba por la Plaza Mayor rumbo a la botillería, para encontrarse con su amigo y socio Ernesto. Al oír la nueva, pensó: "Menos mal. Con eso se acaba esta guerra de pacotilla que para lo único que ha servido es para el regreso de Páez, lo cual está bien. En el fondo son militares comerciantes contra militares hacendados. Y yo, comerciante, estoy con los de Páez. Ahora se acabará el sitio al puerto y me llegarán los trajes y muebles de última moda de Madrid y París. Allá es donde se dice lo último, y aquí el negocio funciona bien pues todo entra por Puerto Cabello. Los navíos deben llegar en un mes a más tardar". Con paso animado por su pronóstico, pues pensaba ampliar su tienda con las ganancias de ese cargamento, enfiló hacia una de las esquinas de la plaza.
Cuando el comerciante casi llegaba a su destino, de pronto vio que en su dirección venía el abogado Elías Pimentel. El saludo era obligatorio, pues a pesar de que no gustaba mucho de la personalidad del abogado, lo utilizaba cada vez que era necesario sin llegar a ser cliente fijo. "¿Cómo está don Miguel? ¿Ya supo que apresaron al general Carujo? Qué cosas tiene la vida. Ese es un hombre a quien el destino lo ha colocado en situaciones difíciles. Y pensar que apenas tiene 35 años. Casi nadie sabe que tiene una buena educación, que estudió matemáticas y filosofía en Bogotá. Todo el mundo se olvidó que Carujo estuvo en varias de las batallas importantes, siendo casi un niño. Todo porque se metió con Bolívar, pero la gente no ve el contexto: El general era un dictador en el 28, en la época del atentado. Carujo no era un militarzote ignaro, sino un oficial ilustrado, y, lo importante, antidictatorial. Por alguna razón el Libertador le perdonó la vida".
El especialista en importaciones prefirió no contestar, y más bien intentó salirse por la tangente: "Sí. Claro. Voy a una reunión en este momento", dijo y apuró un poco el paso. El abogado no captó la indirecta y más bien se invitó: "Ya veo que va a la botillería. Vamos, que lo voy a invitar con un nuevo brandy recién llegado de Francia", y ya en el sitio, empujó la puerta. Fue un verdadero contraste entre el brillante sol de la tarde y aquella tenue luz que iluminaba la gran barra de color desvaído por los centenares de brazos acodados a lo largo de los años. Aquella vieja madera pulida parecía reflejar los pensamientos ocultos de los parroquianos, quienes dejaban que el licor corriera por las venas, mientras que sus mentes divagaban persiguiendo sueños rotos.
Ernesto vio llegar a su compadre y, furibundo bolivariano, arrugó el entrecejo al ver al abogado, pero igual tuvo que saludarlo. Luego de pedir tres brandis, fue el propio cantinero, el gordo Abel, quien metió el tema: "¿Ya saben que capturaron a Carujo? Dicen que está mal herido y que de ésta no se salva". Ernesto no aguantó y se disparó: "Bien hecho. Ese hombre es mala hierba y ha debido morir en 1828, cuando comandó el asalto al San Carlos en Bogotá. Todo el mundo sabe que con la anuencia de Santander organizó, planificó y comandó el atentado contra el Libertador. Pero la cosa no le salió bien por la avispada Manuela Sáenz. Ese día Carujo asesinó al coronel Fergusson malamente: Le disparó sin compasión cuando se lo encontró de frente y desarmado. Carujo es un traidor a la patria y ojalá que esta vez sí lo fusilen".
Con la reticencia de Miguel, que veía que la charla derivaba por caminos espinosos, Pimentel saltó a la palestra: "¡Epa! Un momentico. Ni tan calvo ni con dos pelucas. Yo venía diciéndole a don Miguel que Carujo es un hombre educado, inteligente, que habla inglés y francés, y siempre fue enemigo de los dictadores. Es cierto que Bolívar fue el jefe de la Independencia, pero en el 28 se había convertido en dictador, cuando la Convención de Ocaña le dio la espalda. Hay que ver las cosas en su contexto. Cierto. Es condenable el atentado, pero ¿Por qué Bolívar perdonó a Santander, el autor intelectual? Ojo, una cosa es ser enemigo político del gran líder, y otra muy distinta ser traidor a la patria. ¿Verdad?".
El atentado a Bolívar
Contra toda la vocería popular sostenida por más de un siglo, Pedro Carujo no era un ignorante, ni falto de educación, y a pesar de lo que dicen muchos, tenía sus posiciones políticas claras. Este oficial del Ejército Libertador, nació en Barcelona, en 1801, hijo de una venezolana llamada Juana Hernández y de un capitán realista, Pedro Carujo, originario de Canarias. El niño Carujo recibió una educación esmerada, tanto, que cuando ya era un adolescente dominaba el inglés y el francés, hecho poco común entre los jóvenes de la época. A pesar de que su padre estuvo con el bando del Rey, a los 18 años Pedro Carujo ya aparecía enrolado en la causa de la emancipación, como integrante del batallón Orinoco, con sede en Angostura.
En 1821 destacó bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez, oriental como él, en campañas en Caracas y Santa Lucía. Dos años después Carujo era capitán y participaría en la batalla de Maracaibo, donde resultó herido en combate. Nadie sabe qué sucedió, pero el joven oficial decidió irse a Nueva Granada, aun cuando algunos dicen que fue por su herida. Lo cierto es que arribó a Bogotá y si bien ingresó de nuevo al ejército, realizó actividades poco comunes para un militar de aquellos días: Se dedicó a estudiar matemáticas y geometría bajo la orientación de un fraile llamado Tomás Sánchez Mora. Estos estudios de alto nivel lo introdujeron en los círculos intelectuales de la capital de la Nueva Granada, participando en sociedades selectas de literatura y filosofía. Se cree que en estos niveles tomó contacto con gente educada, entre quienes estaban muchos de los que luego conformarían el ala afecta a Francisco de Paula Santander.
En 1828 el teniente coronel Pedro Carujo era ayudante del Estado Mayor del departamento de Cundinamarca, y fue ascendido a comandante. Luego el general Bolívar lo nombró director de la primera Escuela Militar que se fundaba en Bogotá. La Convención de Ocaña había sido un fiasco para el partido de los bolivarianos, y al Libertador no le quedó otra vía que hacerse dictador para conservar el poder. Ese fue el momento del rompimiento no escrito con el otro bando, el santandereano, que no ganó la convención porque los partidarios de Bolívar se retiraron de Ocaña para evitar el quórum reglamentario. Carujo se alineó con el sector de Santander, y hasta ahora no hay una explicación concreta de porqué lo hizo:
Algunos sostienen que el joven oficial era antidictatorial y consideraba que Bolívar se había convertido en un tirano. Otros dicen que fue por el fusilamiento de Piar. También hay una versión que señala que Carujo ambicionaba el poder, y bajo la tutela de Bolívar no tenía futuro.
En 1828 el ambiente en Bogotá era de abierta conspiración e incluso sucedió que el general asistió a una fiesta de máscaras, sin escolta alguna, corriendo grave peligro, ante los fuertes rumores sobre un atentado en su contra. Manuela Sáenz, la compañera del Libertador en esos tiempos, sabía todo lo que se tramaba, y fue al sarao armando un escándalo que obligó a Bolívar a retirarse. Fue esta mujer quien hizo que el 25 de septiembre Bolívar se lanzara por una ventana del piso superior. Cuando los conspiradores entraron a la casona donde dormía el Libertador, Manuela lo despertó y mientras se vestía, el general le pregunto qué hacer, por lo que su compañera, viéndolo espada en mano, dispuesto a batirse en desventaja evidente, contestó: "¿Usted no dijo a Pepe Paris que esta ventana era muy buena para un lance de estos?".
Bolívar estuvo por algunas horas bajo un puente, mientras aclaraba el día, y luego vino la persecución de los complotados.
De inmediato se supo que el coronel Pedro Carujo comandaba a la gente armada que invadió San Carlos. Igual se conoció la muerte del coronel Fergusson, quien regresaba a la casa al momento del ataque: Se encontró de frente con Carujo, quien sin miramiento alguno le descerrajó un tiro con su pistola, y luego, para rematarlo le dio un golpe con su espada en la cabeza. Carujo fue detenido con varios de los conspiradores, pero al igual que a Santander se le perdonó la vida. El joven coronel estuvo en la prisión de Bogotá, luego fue trasladado a la cárcel de Boca Chica en Cartagena. Al año siguiente, en el mes de marzo, fue llevado finalmente a Puerto Cabello, donde terminó por fugarse en agosto. Recapturado, se dedicó a escribir abogando por su libertad, especialmente al general José Antonio Páez, jefe del Departamento de Venezuela. También escribió algunos artículos desde la cárcel, a favor del movimiento separatista La Cosiata, los cuales fueron publicados en el periódico "El Fanal" de Tomás Lander. En 1830 fue deportado a Curazao, pero regresó cuando Páez concedió un indulto general al momento de la separación de la Gran Colombia. Pedro Carujo estaba libre para seguir el camino que mejor quisiera.
La Revolución de las Reformas
Pedro Carujo regresó a Maracaibo el mismo año de 1830, pero no se quedó tranquilo; al contrario, organizó un cuerpo de milicias con mil efectivos y pasó la frontera para actuar en las cercanías de Río Hacha, población que se había alzado contra el presidente de Colombia, general Rafael Urdaneta. Al año siguiente el general José Félix Blanco lo derrotó y eso obligó al retiro de Carujo de la lucha armada en 1833. Entonces se hizo periodista de fuste, escribiendo artículos contra realistas y antipatriotas, según su particular punto de vista. Esas publicaciones aparecieron en el periódico "El Republicano", y tuvieron su efecto, especialmente porque entre los más criticados estuvo José María Vargas, quien sería electo presidente en 1835.
Era el primer civil en llegar a la presidencia luego de la Independencia, aun cuando respondía a intereses de un grupo de militares contrarios a Páez, cuyo candidato, Carlos Soublette, fue derrotado en la elección en el Congreso.
La estabilidad política de Vargas en verdad era precaria, tanto que renunció a las pocas semanas, pero su planteamiento no fue aceptado por el parlamento.
Entonces estalló la llamada Revolución de las Reformas, encabezada por otro grupo de militares que se consideraban desplazados del poder. Ellos fueron encabezados por Santiago Mariño, Perú de la Croix, José Laurencio Silva, Pedro Carujo, todos próceres de la Independencia.
Estos "revolucionarios" pedían la reconstitución de la Gran Colombia y la vuelta al federalismo, aunque se sospechaba que no era más que un "quítate tú, para ponerme yo". Carujo pasó a la historia nuevamente, al ser el encargado de poner preso al Presidente, y ante los reclamos del derrocado le espetó: "Doctor, el mundoes de los valientes", a lo cual Vargas respondió: "No. El mundo es de los justos".
Carujo anduvo luego por el oriente con Mariño como jefe militar, obteniendo algunas victorias en las postrimerías de su revolución. Vargas había sido restituido en la presidencia, cuando Páez fue llamado para sostener la estabilidad de la República. Luego el prócer llanero se dirigió a oriente, y Mariño y Carujo tomaron unos navíos para irse al centro del país, arribando a Puerto Cabello. En esta zona llegaron incluso a intentar tomar Valencia, en octubre de 1835, pero Carujo fue apresado y llevado al Fortín Solano. De allí escapó y prácticamente solo se dedicó a la guerra de guerrillas con algunos hombres, manteniendo a Puerto Cabello como último reducto de los alzados.
Páez en persona actuó en contra de Carujo en una confrontación en Paso Real, y el alzado cayó herido feamente.
Al día siguiente, 26 de diciembre de 1835, Pedro Carujo fue trasladado a Valencia y a pesar de sus heridas fue llevado a juicio sumario y rápido. El defensor fue el abogado Ricardo Labastidas, quien no pudo hacer nada por su cliente. El 27 de enero de 1835 el alcalde municipal, Diego Escorihuela, le impuso la sentencia que lo condenaba a muerte, la cual debería cumplirse el 31 de enero en la Plaza Mayor de Valencia. Esa decisión no pudo ser llevada a efecto, pues el hombre que comandó el atentado al Libertador y apresó al presidente Vargas, murió el día anterior por la gravedad de las heridas. Así se fue de este mundo, luego de 15 años sumido en la guerra y la conspiración, este oriental que dejó su nombre escrito malamente en la historia patria, pues para la mayoría de los venezolanos Pedro Carujo es sinónimo de traidor.
solanofabio@hotmail.com / www.el-carabobeno.com

domingo, 29 de noviembre de 2009

27N, la historia de un baño de sangre / Por: Sandy Ulacio


Militares y civiles estuvieron involucrados en la segunda asonada que le dieron a Carlos Andrés Pérez en 1992. El plan de los insurrectos era establecer una junta de gobierno cívico-militar, compuesta por seis civiles y un militar de cada fuerza antes de llamar a elecciones. Se estima que fueron 800 millones de bolívares en pérdidas económicas.
El 27 de noviembre de 1992, el gobierno de Carlos Andrés Pérez sería amenazado, por segunda vez en ese año, por una intentona golpista. Los insurgentes adujeron como razones para promover el golpe, el fracaso de las salidas institucionales, a la crisis política desatada a partir del intento de golpe de Estado del 4 de febrero, a la falta de voluntad del gobierno para rectificar sus políticas y a las frustraciones ante la ausencia de disposición del alto mando militar para admitir y ejecutar reformas en la Fuerzas Armadas.
Las acciones comenzaron en horas de la madrugada y se prolongaron hasta las 5:00 de la tarde cuando, tras la rendición de los insurrectos, se produjo la suspensión de las garantías constitucionales para terminar con las acciones de calle y retomar el control social en la capital.
Los golpistas también hicieron suyas las razones expuestas por los golpistas de febrero, como el uso de las Fuerzas Armadas en la represión de los sucesos del 27 de febrero de 1989: la incapacidad del gobierno de Pérez; la corrupción de los altos mandos militares, su distanciamiento del resto de la oficialidad y de las tropas; la escasa atención a los problemas de capacitación, equipamiento y financiamiento de las FF AA. Los golpistas tenían planteado arrestar al presidente Pérez para sustituir al gobierno vigente e implantar una “auténtica democracia”.
El plan
El plan trazado por los alzados en armas era que una vez logrado el objetivo militar, el nuevo gobierno recaería en una Junta Cívico-Militar, integrada por seis civiles y cuatro militares, uno por cada arma. Los cargos de Presidente y uno nuevo de Primer Ministro de la Junta corresponderían, por votación entre sus miembros, a dos civiles. Los golpistas elaboraron una agenda de transformación nacional que abarcaba una multiplicidad de áreas, y tenían previsto convocar a elecciones “una vez logrados total o parcialmente los propósitos” de la misma.
Pérdidas
Iván Darío Jiménez, ministro de la Defensa, informó que los enfrentamientos dejaron 17 aviones averiados, cuatro aviones Broncos derribados y los daños a instalaciones militares ascendían 800 millones de bolívares aproximadamente. Cifras extraoficiales calcularon en 300 el número de muertos; en tanto que las cifras oficiales de fallecidos fueron de 142 civiles y 29 efectivos militares (171 personas en total). Se contaron 95 heridos castrences. Se detuvieron 500 personas entre oficiales y suboficiales y cerca de 800 individuos de tropa, además de 40 civiles.
Involucrados
Además de los efectivos militares involucrados y de civiles de Bandera Roja y Tercer Camino, en las acciones también participaron 35 desertores del grupo Zeta, la organización de comando táctico más especializada de la Policía Metropolitana. Aunque en la jefatura del movimiento había representantes de las cuatro ramas, la Fuerza Aérea tuvo una participación decisiva en este intento. En segundo lugar de importancia se colocó el Ejército, pues de la Armada sólo se incorporaron los altos oficiales que dirigieron las acciones y 50 efectivos de la Unidad de Operaciones Especiales (UOPE). La Guardia Nacional no se hizo presente. Las operaciones militares en el Distrito Federal y el estado Miranda comenzaron desde las 4:30 de la madrugada del día 27. La rendición se concretó entre las 3:30 y 4:00 pm, en una comunicación enviada por los jefes golpistas al Ministerio de la Defensa. Los contralmirantes Grüber y Cabrera fueron conducidos a la sede del Ministerio de la Defensa, luego trasladados a la sede de la Dirección de Inteligencia Militar y finalmente recluidos en el cuartel San Carlos, en donde permanecieron hasta su liberación.
Sancionados
El mismo día del alzamiento, el Presidente, reunido en Consejo de Ministros, decretó la suspensión de las garantías constitucionales. Al día siguiente el Gobierno emitió el decreto Nº 2.669, según el cual se ordenó aplicar un procedimiento extraordinario para enjuiciar a los golpistas civiles y militares, previsto en el título 8° del libro 1° del Código de Justicia Militar, para lo cual se instaló un Consejo de Guerra Extraordinario. En marzo de 1993 la Corte Suprema de Justicia decidió la nulidad del decreto mediante el cual se instaló el Consejo de Guerra Extraordinario, y por lo tanto quedaron invalidados los juicios efectuados por el mismo, así como las condenas decididas. Al igual que lo sucedido con los involucrados en el intento del 4 de febrero, las causas de unos fueron sobreseídas y los oficiales de mayor rango fueron indultados por el presidente Rafael Caldera, a cambio de solicitar su retiro de las Fuerzas Armadas. Bajo estas condiciones retornaron al país los últimos exiliados que aún permanecían fuera.
Acciones de guerra
Las principales acciones de las fuerzas insurgentes ocurrieron en la base aérea Libertador, comandadas por el general Francisco Visconti, y en la base Sucre, al mando del coronel de la aviación Jorge Garrido Martínez. Desde aproximadamente las 5:00 am, unidades aéreas comenzaron a despegar hacia distintos destinos del país. Cuatro aviones Bronco, tres Mirages, dos T2D y varios Tucanes T-27 bombardearon la base Francisco de Miranda en La Carlota, el Palacio de Miraflores y El Helicoide. En el estado Lara bombardearon las instalaciones militares de la base aérea Vicente Landaeta Gil de la capital, causando destrozos en la pista de aviación civil y las instalaciones de seguridad. Las fuerzas leales repelieron los ataques, y haciendo uso de baterías antiaéreas derribaron dos aviones Bronco, cayendo uno en Barquisimeto y otro en Yaritagua. Adicionalmente, dos aviones Bronco fueron derribados, uno en la base Francisco de Miranda en La Carlota y otro en la base aérea Libertador de Palo Negro (Maracay). Los enfrentamientos en las bases Libertador y Sucre ocurrieron cuando unidades blindadas de las fuerzas leales intentaron retomar las bases, y los aviones rebeldes fueron derribados o averiados por baterías antiaéreas y disparos de aviones F-16. Las persecuciones aéreas de los F-16 leales y los ataques de unidades blindadas provenientes de Valencia y San Juan de los Morros, obligaron a los rebeldes a deponer sus armas. Finalmente, a las 3 p.m. un grupo de 93 insurrectos (41 oficiales, 37 soldados y 15 cadetes) al mando del general Visconti, salió de la base Libertador en un avión Hércules C-130 y huyó a Perú, aterrizando en la ciudad de Iquitos. Las relaciones diplomáticas entre Perú y Venezuela estaban interrumpidas a raíz del golpe de Estado que diera el 5 de abril de ese mismo año Alberto Fujimori. Los golpistas solicitaron asilo territorial al gobierno peruano, argumentando que sus vidas corrían peligro. El ministro de Relaciones Exteriores, general Fernando Ochoa Antich, demandó ante las autoridades diplomáticas peruanas la devolución del avión Hércules C-130, de las armas y el retorno de los insurrectos. El gobierno peruano resolvió conceder el asilo solicitado; no obstante, una porción de los exiliados resolvió regresar y el avión Hércules C-130 y las armas le fueron devueltos a Venezuela.4 de febrero
Así fue el otro golpe
El 4 de febrero de 1992, un grupo de militares liderado por el teniente coronel (Ej) Hugo Rafael Chávez Frías y pertenecientes, en su mayoría, a la promoción Simón Bolívar, egresada en 1975, comandaron un intento de golpe de Estado que se rindió tras 12 horas de enfrentamientos.
Según cifras aportadas por el Ministerio de Relaciones Interiores del gobierno de la época, hubo más de 50 muertos (17 de ellos soldados), más de 50 heridos, 1.089 militares detenidos y cuantiosas pérdidas materiales.
En el golpe estuvieron involucradas las guarniciones militares de los estados Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el desaparecido Distrito Federal, en una acción llamada “Operación Zamora”.
Fuentes: TSJ, Vive TV, Fundación Polar.
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Quince años después del golpe de Estado de 1992 las críticas en contra el Ejecutivo nacional son las mismas

Gobierno en manos golpistas
El 13 de enero de 1993, el Consejo Supremo de Guerra de Caracas dictó sentencia en contra de los involucrados en el golpe del 27 de noviembre de 1992. La ponencia estuvo a cargo de Alejandro Angulo Fontiveros.
Los involucrados pudieron retornar a la vida en libertad y en calidad de civiles tras recibir el indulto presidencial por parte de Rafael Caldera. Versión Final les presenta a quienes, luego de este beneficio, incursionaron en la arena política nacional, así como otros que pasaron al olvido.
Los responsables militares emblemáticos de esta asonada fueron:
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Contralmirante Hernán Grüber Odremán

Ex gobernador del Distrito Federal. Fungió como jefe de la operación y dirigió el alzamiento desde el Museo Histórico Militar de La Planicie. Fue sentenciado a la pena de veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio por el delito de rebelión militar, previsto en el artículo 476, ordinal 1º del Código de Justicia Militar. Su condena terminaría en 7 años.
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Contraalmirante (ARV) Luis Enrique Cabrera Aguirre

Miembro del Estado Mayor Presidencial. Fue uno de los cabecillas de la asonada golpista y uno de los pocos oficiales de la Armada. Al fallar la insurrección fue puesto preso en el Cuartel San Carlos junto con sus compañeros de armas hasta su liberación. Condenado a veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio por rebelión militar. En el 2014 cumpliría su sentencia.
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Tcnel. (Av) Wilmer Alfredo Castro Soteldo
Ex constituyente, ex ministro de Producción y Comercio y de Turismo. Su pena fue de veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio por rebelión militar. No habría ocupado ninguno de estos cargos hasta el 2014 que cumpliera con la pena impuesta, es decir, dentro de siete años.
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Teniente Coronel (Av) William Ramón Fariñas
Fue presidente del Fondo de Crédito Industrial (Foncrei). Su condena fue de veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio, y a las accesorias de ley, como reo del delito de rebelión militar. Este plazo establecia que su libertad seria retomada en el año 2014. Actualmente coordina el Psuv-Nueva Esparta.
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Teniente Coronel (Av) Luis Ramón Reyes Reyes
Gobernador del estado Lara. Uno de los hombres de confianza del presiden Chávez.Por su participación en los hechos del 27 de noviembre de 1992 se le impuso una pena de veintidós (22) años de presidio. Su salida de prisión estaría prevista para el 2014, pero fue indultado por Rafael Caldera.
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Teniente (Ej) Jesse Alonso Chacón Escamillo
Ministro de Telecomunicaciones. Encargado de tomar las instalaciones del canal 8 (VTV). Recibió veintidós (22) años de presidio, y a las accesorias de ley, como reo del delito de rebelión militar en grado adherente. En la actualidad le faltarían 7 años para cumplir con su sentencia. Muchos lo responsabilizaron de muertes innecesarias en VTV.
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Teniente (Ej) Eliecer Reinaldo Otaiza Castillo

Director del Sistema Nacional de Contrataciones. Su participación le llevó a una sentencia de 22 años de presidio. Fue absuelto en el gobierno de Caldera de su delito de rebelión militar en grado adherente. Para 2014 estaba prevista su salida de prisión.
Gral. de Brigada (Av) Francisco Visconti Osorio
Por muchos es considerada la figura principal de la insurrección. Comandó las principales acciones de las fuerzas insurgentes en la base aérea Libertador. Al ver que la intentona estaba siendo repelida con éxito por militares institucionales decidió huir del país sin afrontar la situación. A las 3:00 de la tarde un grupo de 93 insurrectos (41 oficiales, 37 soldados y 15 cadetes) al mando del general Visconti, salió de la base Libertador en un avión Hércules C-130 y huyó a Perú, aterrizando en la ciudad de Iquitos. Solicitaron asilo político y les fue concedido.
Coronel (Av) Jorge Garrido Martínez
Comandó las acciones en la base Sucre, bombardearon la base Francisco de Miranda en La Carlota, el Palacio de Miraflores y El Helicoide. Fue sentenciado a veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio por rebelión militar. Le restarían siete años de condena. Fue beneficiado en el indulto otorgado por parte del ex presidente Rafael Caldera a los golpistas. Tras su participación en la intentona se vinculó en la carrera política junto con Francisco Arias Cárdenas, pero su paso por este ámbito fue fugaz.
Teniente Coronel (Ej) Raúl Enrique Salmerón
Ex alcalde del municipio Guaicaipuro, en el estado Miranda hasta el año 2005. Pese a su conocida amistad con el hoy presidente Hugo Rafael Chávez Frías, con quien llegó a jugar beisbol en la Fuerza Armada, falló en sus aspiraciones de ser reelecto en el cargo. Salmerón fue sentenciado a veintidós (22) años de presidio, y a las accesorias de ley, como reo del delito de rebelión militar en grado adherente. En el año 2014 cumpliría su condena. Sin embargo, las cosas no ocurrieron así gracias al indulto presidencial de Rafael Caldera.
Mayor (GN) Carlos Jesús Salima Colina
El hoy gerente del Servicio Nacional de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) Región Centroccidental fue uno de los alzados en armas del 27 de noviembre y fue sentenciado a veintisiete (27) años y seis (6) meses de presidio por el delito de rebelión militar. En el 2014 retomaría su participación en la vida civil. En varios homenajes a los insurrectos el 27N, recibió de parte del presidente Hugo Chávez, elogios por su determinación en aquel día sangriento.
Condenados a 27 años:
Capitán de navío (Arm.) Ramón Emilio Rodríguez Chacín; teniente coronel (Av.) Ricardo José Delon Romana; mayor (Ej.) Edgar Ramón López; y el capitán (Ej.) José Gregorio Valera Rumbos.
Condenados a 22 años:
Teniente de fragata (Ar.) Arne Stevenson Chacón Escamillo; mayor (Av.) Marisela Arévalo Rauseo; coronel (Ej.) Jacinto Arturo Colmenares Morales; teniente coronel (Ej.) Luis Guillermo Pineda Castellanos; teniente coronel (Ej.) (r) Miguel Armando Madriz Bustamante, capitán de fragata (Ar.) Carlos José Reyes Rodríguez; teniente coronel (Av.) José Antonio Arévalo Colmenares; teniente coronel (Av.) Jesús Juan Guiar; teniente coronel (Av.) José Alí Jiménez; teniente coronel (Av.) Dalmiro Pastor Meléndez; teniente coronel (Av.) Antonio Rojas Pixner; teniente coronel (Av.) Pedro José Torres Finol; teniente coronel (Av.) José del Valle Villarroel Suegart; Mayor (Av.) Roberto Andelmetti Bergo; mayor (Av.) Ricardo Arangua Lumbierres; mayor (Av.) Pedro Miguel Arroyo Mejías; mayor (Av.) Norbis José Añez Valbuena; mayor (Av.) José Berroterán Acosta; mayor (Av.) Carlos García Contreras; mayor (Av.) Jesús Ibarra Delgado; mayor (Av.) Carlos Alberto López Borjas; mayor (Av.) José Rafael Osuna Olivieri; mayor (Av.) Hiran Enrique Pérez Santaella; capitán (Ej.) Rubén Oswaldo Garaicoa López; capitán (Av.) Alexis José Colina Sánchez; capitán (Av.) José Almerida González; capitán (Av.), Oswaldo Espinoza Wasner; capitán (Av.), José Gregorio Martín Rincones; capitán (Av.), Alfonso Javier Ortiz; capitán (Av.) Leonardo Frank Ovalles De Pablo; capitán (Av.) Luis Alberto Plaza Paz; teniente (Ej.) Daniel Alejandro Falotico Ortiz; teniente (Ej.) Efrain Javier López Rodríguez; teniente (Ej.) Carlos Raúl Tang Villanueva; teniente (Ej.) José Alberto Mecías Sánchez; teniente (Ej.) Alejandro Ramón Maya Silva; teniente (Av.) Rafael Arturo Brito; Teniente (Av.) Wiliam (Sic.) Eduardo Cestaris Navarro; teniente (Av.) José Rafael Cordero Urguelles; teniente (Av.) Edgar Valentín Cruz Arteaga; y el teniente (Av.) Arturo José Tariba Guillén.
Condenados a 14 años:
Miguel José Vivenes Escobar, Raúl Antonio Varela Marín, Ronny Hernis Vegas Chirinos, Eduardo José Garrido, Ranihery José Yajaro Yánez, Luis Roberto Rodríguez y Angelo Mario Aufiero Morales.
Condenados a 7 años:

Capitán De Corbeta (Arm), Diego Hernández Guzmán Molinos y el Teniente (Ej) Wilfredo José Morales Márquez.
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Monseñor Mario Moronta narra vivencias inéditas del segundo intento de golpe de Estado de 1992

“Las muertes del 27-N son injustificables”
“Yo nunca estuve de acuerdo con todo lo que rompiera el orden constitucional”, dijo el Obispo del Táchira. Reveló cómo masacraron a los presos de Yare. “Les abrieron las puertas y cuando se iban les disparaban”. “4 de febrero y 27 de noviembre fueron unas campanadas que mucha gente no escuchó”, dijo.
Gilberto González / Foto: Edwin Barroso
El obispo del Táchira, monseñor Mario Moronta, retrocedió en el tiempo para narrar y ofrecer su visión sobre los sucesos del 27 de noviembre de 1992. Moronta fijó posición sobre los intentos de golpes de Estado. “Ninguna muerte se justifica”, manifestó a Versión Final.
?Puede describir el episodio en el cual usted, supuestamente, se metió en una ambulancia para visitar a Hugo Chávez en San Carlos?
?Hay muchas que se dicen que no son ciertas. El 27 de noviembre de 1992 yo estaba terminando los ejercicios espirituales en la casa Cristo Rey de El Hatillo, donde estaba con el Cardenal con un grupo de sacerdotes. Hugo Chávez, en ese momento, no estaba en el Cuartel San Carlos, estaba en Yare, y yo no estuve con él. Hay que precisar muy bien todo, porque a veces existen varias versiones y se generaliza. Ya Chávez, desde abril, estaba en la cárcel de Yare junto con otros comandantes.
?¿Qué evaluación hizo sobre las muertes de civiles aquel día?
?Ese día 27 de noviembre hubo muchos muertos, unos conocidos y otros desconocidos. Hay un hecho triste, en el retén de Catia hubo un grupo, numeroso, de presos a quienes les abrieron las puertas para que se fueran y ellos estaban escapando por un sector, y a medida que iban saliendo los iban masacrando. Hubo muchos muertos, yo denuncié el hecho y pedí que se aclarara la situación, pero la respuesta que recibí del Gobierno fue muy dura.
?¿Se justificaba esta acción?
?No se justificaba y ninguna muerte se justifica. Yo estoy en contra de la pena de muerte, por las razones que se resumen en que creo en el Dios de la vida, creo que hay otro tipo de sanciones, nunca se puede apelar a la muerte para castigar a una persona, y menos si ha no habido ni siquiera un juicio, porque nadie tiene la autoridad en la tierra para quitarle la vida a una persona. Yo nunca estuve de acuerdo con todo lo que rompiera el orden constitucional, que me tocó ser mediador por una petición del Presidente al cardenal José Alí Lebrún, pero no fui yo solo, estaban otros sacerdotes, representantes de la Fiscalía y también del Ministerio de la Defensa, y entre todos hicimos la mediación el 4 de febrero, y para el 27 de noviembre habían cambiado un poco los escenarios y días después fuimos a hablar con el Presidente para reafirmar el compromiso que teníamos con la conservación del orden constitucional, lo que no significaba que no pudiéramos denunciar irregularidades.
?¿Qué opina sobre la supuesta participación de Jesse Chacón como coautor de la toma del canal 8 y que ahora dirija Conatel?
?Yo a Jesse Chacón lo conozco porque lo he visto alguna vez, no personalmente, respeto su posición y habría que aclarar si verdaderamente lo que sucedió en el canal 8 es responsabilidad de los militares y civiles o de otra gente, porque hay versiones encontradas de fiscales del Ministerio Público que estaban cubriendo ese momento. Preferiría que las investigaciones serias y documentales determinen quiénes son los responsables de esos hechos.
?¿Piensa que a Hugo Chávez se le garantizaron sus derechos a raíz del golpe?
?No sólo a Chávez, a todos, a mucha gente, a pesar de muchas incomprensiones que hubo, a mí me tocó, en un momento dado, atender a las esposas de los golpistas y logramos hacer muchas cosas, pero a veces el camino era cuesta arriba, porque eran las que estaban sufriendo y muchas veces no recibían la atención de los abogados, jueces, de los personeros militares, entonces había que acompañarlas, sobretodo desde el punto de vista humanitario. Recuerdo que uno de los que estaba detenido, su hijo estaba muy enfermo, y me tocó intervenir para que se superara cualquier tipo de odio, porque el niño no tenía ninguna culpa de lo que pasó.
?Muchos recuerdos, pero ¿qué imagen le quedó grabada?
?Hay varias cosas que yo he pensado. Cuando uno era niño no soñaba con un país, sino que estaba seguro con un país bueno, próspero, de abundancia, cuando yo me ordené sacerdote, hace casi 34 años, decía: voy a ser sacerdote en un pueblo que tiene mucha seguridad, nuestra economía, nuestra moneda era fuerte, entonces me había preparado para hacer un acompañamiento del pueblo en una situación mucho más fácil de la que estamos viviendo ahora. Entonces de la noche a la mañana, siendo estudiante en Roma, vino el “Viernes negro”, otra serie de cosas, las devaluaciones, el 27 de noviembre, el 4 de febrero, 27 de febrero, entonces surgió en mí una inquietud que todavía permanece y es que uno como sacerdote debe ser un pastor que no se debe instalar, sino que siempre debe estar pendiente de los acontecimientos.
?¿El 4 de febrero y 27 de noviembre están unidos?
?Mucho, aún con características diversas, fueron unas campanadas que mucha gente no escuchó, más que campanadas fueron ecos, los dos, de situaciones como las del 27 de febrero y mucha gente nos las escuchó, porque pasados los acontecimientos y restablecido cierto orden se volvieron a caer en los mismos vicios que abrieron otras posibilidades que todos nosotros conocemos. Personalmente la angustia de mis padres y mis hermanos, porque en ese momento yo era secretario de la Conferencia Episcopal y tenía que dar la cara por la Iglesia. Yo era el encargado de la zona este de Caracas y me la mantenía por todos los barrios, y escuchaba muchas cosas, desilusiones y desesperanzas, ilusiones y esperanzas, a la vez, y la gran interrogante de la gente y todo eso fue golpeándome en el sentido que uno tiene que leer en cada acontecimiento lo que uno pueda descubrir para bien de los demás.
?¿Fue lo mejor, lo que pasó?
?En una carta de los obispos, del 13 de enero de 1992, allí indicábamos que si no se tomaban las previsiones del caso, podrían venir las tentaciones a las soluciones de fuerza. Yo creo que la respuesta es una pregunta: ¿Y si se hubiese evitado el 4 de febrero y el 27 de noviembre no hubiera sido mejor? Porque ahora es muy fácil decir fue lo peor o fue lo mejor, pero es que todo eso tuvo una causa, generalmente nosotros los venezolanos cuando analizamos las situaciones vemos poco las causas, más importante es preguntarnos: ¿Se pudo haber evitado? Y yo creo que sí.

viernes, 4 de septiembre de 2009

NO MÁS CHÁVEZ y algo más/ Por: Sammy Landaeta Millán

NO MÁS al despilfarro del patrimonio público en regalos, donaciones, financiamiento de obras y exportación de un modelo SOCIALISTA agotado; inconveniente e irrespetuoso de los Derechos Humanos “comprando” aliados en Latinoamérica y otras partes del Mundo.

Por lo Tanto. NO MÁS Evo Morales, presidente Bolivia. NO MÁS Cristina Fernández de Kirchner, presidente de Argentina. NO MÁS Rafael Correa, presidente del Ecuador. NO MÁS Fernando Lugo, Presidente del Paraguay. NO MÁS Tabaré Vásquez, presidente del Uruguay. NO MÁS Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua. NO MÁS Luiz Ignacio Lula Da Silva, presidente del Brasil. NO MÁS a diversos funcionarios de Naciones o “beneficiarios” en material, dineros o “subsidios” obtenidos del Estado Venezolano y NO MÁS regalos para Antigua.

NO MÁS al SECUESTRO de las INSTITUCIONES y PODERES PÚBLICOS del País. NO MÁS a los funcionarios ACÓLITOS que han puesto en bandeja de plata de un régimen OPROBIOSO la justicia, las leyes, la contraloría, la procuraduría y proyectan la Nación hacia un ESTADO FORAJIDO. Por lo Tanto. NO MÁS Cilia Flores, Presidente de la Asamblea Nacional. NO MÁS Luisa Estela Morales, presidente de Tribunal Supremo de Justicia. NO MÁS Gabriela Ramírez, Defensora del Pueblo. NO MÁS Tibisay Lucena, Presidente del Consejo Nacional Electoral. NO MÁS Clodoswaldo Russian, Contralor General de la República y NO MÁS Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República que pretende “criminalizar” las protestas de todos los venezolanos.

NO MÁS a los “dirigentes” del vandalismo cívico- militar que tratan de conducir a una país hacia las fauces del COMUNISMO sobre la base de le ESCLAVITUD de la Población. NO MAS a la subyugación de las libertades públicas, el cercenar los derechos de la información, el CIERRE de Medios de Comunicación, el irrespeto a la propiedad privada y NO MAS a la etiqueta de sus adversarios como ESCUALIDOS, GUSANOS, PITIYANQUIS, OLIGARCAS, TERRORISTAS o GOLPISTAS.

Por lo tanto. NO MAS Jorge Rodríguez. Alcalde de Caracas. NO MÁS Jesse Chacón Escamillo, Ministro de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias. NO MÁS Diosdado Cabello Rondón, Ministro de Obras Públicas y Viviendas. NO MÁS Francisco Rangel Gómez, Gobernador del Estado Bolívar. NO MÁS Tarek William Saab, Gobernador del Estado Anzoátegui. NO MÁS Nicolás Maduro Moros, Canciller de la República. NO MÁS Mario Isea y María de Queipo, Diputados a la Asamblea Nacional. NO MÁS Mario Silva, moderador del Programa: “La Hojilla.” NO MAS Williams Lara. Gobernador del Estado Guárico. NO MÁS Rafael Isea, Gobernador del Estado Aragua. NO MÁS Héctor Navarro, Ministro de Educación. NO MÁS Rafael Ramírez, Ministro de Energía y presidente de PDVSA y en general NO MÁS a los miembros del Socialismo vandálico del Siglo XXI, que pretenden sumergir a toda VENEZUELA en la DESGRACIA.

NO MÁS autoridades en Ministerios, cuerpos de Seguridad del Estado, cuerpos policiales y Fuerza Armada Nacional que en una simbiosis de SERVILISMO político de MILITARES y CIVILES se conducen como dueños de la verdad. Pero algunos han sido señalados en actos reñidos con la justica por su participación en muertes, narcotráfico, fuga de capitales, inobservancia a la salvaguardia y soberanía del territorio nacional y otros. Es insólito que ahora pretendan someten a un PUEBLO a las acciones de una “justicia particular” de Hugo Chávez Frías y sus CAMISAS ROJAS, pese a ser auténticos representantes de la vagabundería y el SERVILISMO.

Por lo tanto. NO MAS Tarek EL Aissami y Juan Francisco Romero Figueroa, Ministro y viceministro de Interior y Justicia, respectivamente. NO MÁS Orlando Hernández, Director de la Policía Metropolitana. NO MÁS Henry Rangel Silva, ex Director de la DISIP. NO MÁS Hugo Carvajal Barrios, Director de Inteligencia Militar. NO MÁS Miguel Rodríguez Torres, Director de la DISIP. NO MÁS Juan Vicente Paredes Torrealba, Comandante General del Ejército. NO MÁS Carlos Máximo Aniasi Turchio, Comandante General de la Armada. NO MÁS Jorge Oropeza Pernalete, Comandante General de la Aviación Militar. NO MÁS Carlos José Mata Figueroa, Comandante del CEO y NO MÁS Freddy Alonso Carrión y Antonio Benavidez Torres, Comandante General y Jefe del Estado Mayor del Comando Regional N° 5 del Guardia Nacional, respectivamente.

Mientras el país sufre diversas embates naturales, sociales, económicos y políticos el pretendido reencarnado de EL Libertador Simón Bolívar, se pasea por el Mundo abandonado todas funciones inherentes al cargo ostentado, pese a la renuncia, revocatoria, usurpación y fraude. Este se exhibe sin desparpajado haciendo alusión a la “bondades” de su revolución “bolivariana” y alude en forma sistemática a Colombia y a los Estados Unidos de Norteamérica.

Por lo tanto. NO MÁS al enfrentamiento. NO MÁS al amedrentamiento. NO MÁS al llamado hacia “la pulverización” de los adversarios. NO MÁS a la inseguridad. NO MÁS al Hambre. NO MÁS a la Miseria. NO MÁS al Desempleo. NO MÁS a las promesas incumplidas para la fabricación de Viviendas. NO MÁS Hospitales sin Médicos, Equipos y Ambulancias. NO MÁS Leyes de Educación Comunista. NO MÁS Militarismo. NO MÁS AUTORITARISMO. NO MÁS DICTADURA constitucional. NO MÁS ataques a la Iglesia Católica y NO MÁS REPRESIÓN

En definitiva NO MAS TERRORISMO DE ESTADO. NO MÁS Al SECUESTRO de personas. NO MÁS a la intervención del socialismo vandálico en toda Latinoamérica. NO MÁS a la instigación a la Guerra. NO más MUERTES por la INSEGURIDAD. NO MÁS Persecución. NO MÁS DETENCIONES “amañadas.” NO MÁS Presos Políticos. NO MÁS EXILIO. NO MÁS Clandestinidad. NO MÁS FARC. NO MÁS Socialismo. NO Más Comunismo. NO MÁS Fidel castro Ruz. NO MÁS amenazas de GUERRA por parte de Hugo Chávez Frías y finalmente NO MÁS ESTIGMATIZACIÓN de sus OPOSITORES, porque en ese sentido, también podríamos proponer, que aquel Guerrerista, amigo de la FARC -que todos conocemos- lo llamásemos: “El Mono-Sukhoi.”

Cita:

"Siempre es grande, siempre es noble, siempre es justo, conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inocua."

Simón Bolívar

Coronel (FAV) Sammy Landaeta Millán

Caracas, 04 de Septiembre de 2009.



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