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lunes, 4 de mayo de 2015

Los gringos quieren ponerle los ganchos a Diosdado. Por: Manuel Malaver @MMalaverM

MANUEL MALAVER: 

Los gringos quieren ponerle los ganchos a Diosdado

Added by admin on May 3, 2015.

¿Se atreverá Maduro a
entregar a Diosdado?

Diosdado Cabello, 
el teniente o capitán presidente de la Asamblea Nacional, pasó a ser la presa más codiciada por los organismos antidrogas de los Estados Unidos.

Según se desprende del esfuerzo que hace el gobierno de Maduro por lograr la anulación del “Decreto Obama”, y la decisión del presidente de la primera potencia del mundo de mantenerlo, a menos que la administración postchavista le entregue al hombre que está emergiendo de las confesiones de los testigos protegidos, Rafael Isea y Leamsy Salazar, como el jefe del “Cartel de los Soles”.
De modo que, en la recolección de los supuestos 13 millones de firmas para que Obama licúe su amenaza, o de los millones de dólares que se gastan mensualmente en lobbies y avisos en el New York Times, o de la campaña de ministros maduristas por los cinco continentes denunciando “la planta insolente del extranjero”, no hay nada parecido a una defensa de la patria, ni de la independencia y la soberanía nacional, sino la protección de un presunto narcotraficante que, para los gringos, ha ido demasiado lejos.
En otras palabras: que una situación que copia párrafos enteros de la que vivió Colombia cuando los jefes de los carteles de Cali y Medellín, los hermanos Rodríguez Orejuela y Pablo Escobar, presionaron desde comienzos de los 80 a los gobiernos neogranadinos para que no firmaran un “Tratado de Extradición” con los Estados Unidos y desembocó en la “Guerra de los Carteles” contra el gobierno de César Gaviria, que casi termina con el estado colombiano.
La gran pregunta es: ¿Se atreverá Maduro a entregar a Diosdado, o, al menos, a dejarlo a la buena de Dios, y, en respuesta, la emprenderá Cabello contra Maduro al extremo de derrocarlo o provocar una guerra civil?
En respuesta diría que la realidad se mueve a desmentir una presunta hermandad entre los “sucesores” del Comandante Eterno, y ofrece elementos para afirmar que cada uno toma posiciones contra el otro, cada uno se prepara para un enfrentamiento que rueda sin parar, como puede verse en la evidencia de un “estado dentro del estado” (el de Cabello), que toma sus políticas y se las impone a un presidente Maduro sorprendido y desconcertado.
A este respecto, nada más oportuno que recordar las declaraciones del ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica, el 2 de febrero pasado -una semana antes de abandonar el cargo-, en el sentido de que: “El problema que puede tener Venezuela, es que nos podemos ver frente a un golpe de Estado de militares de izquierda y con eso la democracia sí se va al carajo”.
Afirmaciones crípticas para aquellos días, incluso para un analista aguzado como el colega y amigo, Rafael Poleo, quien las anotó, reseñó e hizo preguntas sobre su significado, pero que, según se van deshojando las políticas que salen de Miraflores y las que vienen de Fuerte Tiuna, del jefe de la promoción “Mariano Montilla”, nos ubican frente a una película que no trae reparto, pero sí una trama, protagonistas e imágenes que espeluznan.
Así, por ejemplo, Cabello, convocó de motu propio, sin tener facultades para ello, aquel desfile militar del 12 de febrero pasado, que, por cierto, fue frustrado por un larguísimo aguacero torrencial (que también hizo lo suyo con un cacerolazo que le daban a Maduro en La Pastora, cuando celebraba un acto de homenaje a Robert Serra), pero del cual salió el atentado y la conspiración del Tucano, que se le impuso a trancas y barrancas a Maduro, y lo empujó a encabezar la última ola represiva contra la oposición.
Fue no solo una mentira, sino un ridículo monumental, por el que se expuso a risotadas en la OEA, la Cumbre de las Américas, y las cancillerías de América y Europa, pero donde se intentó demostrar que Venezuela tenía de presidente a un payaso, Maduro y a un dueño de circo de lujo, Cabello.
Pero de esos mismos lodos, sale el charco de la “conspiración” de la “Transición” que conduce a los atropellos contra el Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, que casi alcanza a la presidenta de “Vente Venezuela”, María Corina Machado, y endurece todas las posiciones del establecimiento madurista para convertirlo en blanco de la opinión pública, las ONG y multilaterales internacionales.
En otras palabras: que ya Cabello no está solo en el paredón donde lo arrastran las acusaciones de los testigos protegidos, Rafael Isea y Leamsy Salazar, y puede ahora esperar que, Maduro, para protegerse de su dies irae, también se abrace a la piedra que hunde al teniente o capitán hasta el fondo.
En el contexto se pregunta una y otra vez: “¿Pero quién mandó a Isea y a Salazar a Washington, acaso Maduro, Raúl Castro, o Rafael Ramírez? ¿Y qué papel juega el ex presidente de Pdvsa en todo esto, tan calladito? Porque algo está claro: lo de los testigos protegidos, fue para joderme a mí, y a Tareck El Aissami que son los dos hombres cuyas cabezas piden los gringos.
Menos mal que alguien “piensa un día” del mismo entorno de Maduro, Raúl o Ramírez (o de los tres), se le ocurrió lo de Andorra y así todos terminamos en el mismo saco, túnel o foso”.
Por todo ello, y porque no hay que confiarse de nadie, se robusteció repitiendo el horario y extendiendo la duración de su programa en el canal 8, “Con el mazo dando”. Pero Maduro le replicó devolviéndole el espacio a su archienemigo, Mario Silva. Cabello vuelve a embestir y logra que el presidente nombre a su esposa, Marlenis Contreras, ministra de Turismo. Y el “hombre del mangazo” viene por la revancha autorizando a su esposa, la primera combatiente, Cilia Flores, para que tenga su propio show de televisión: “Cilia, en familia”.
Pero política menuda, fresca, picaresca y pintoresca como la mayoría de las incidencias de la política nacional, y muy lejos de la pelea estelar que es la que se lleva cabo entre el Departamento de Estado y el Palacio de Miraflores, para que el gobierno venezolano retire de sus filas al teniente o capitán, Diosdado Cabello y lo deje en manos de la justicia norteamericana o Barack Obama renuncie a una petición tan viral.
Ese fue el tema central, por ejemplo, de la reunión celebrada el 9 de abril pasado, en la noche, en el propio palacio de Misia Jacinta, entre el enviado especial de Washington a Caracas, Thomas Shannon y el presidente Maduro, como un esfuerzo contra reloj para bajar las tensiones antes de la Cumbre de Panamá y lograr una reunión, a al menos, un saludo cordial entre el gringo y el venezolano y, en la cual, este último insistió en la anulación del “Decreto Obama”.
“Eso presidente es imposible” respondió Shannon, “pero sí nos ofrecemos a normalizar las relaciones siempre y cuando Diosdado Cabello sea separado del gobierno y entregado a la justicia norteamericana”.
“Pero ¿qué tienen ustedes contra el presidente de la Asamblea Nacional?”, atinó a preguntar Maduro.
“Esto” dijo Shannon y explayó en un mesón copias de los documentos, fotografías, videos y testimonios que Isea y Salazar acababan de entregar en Washington contra Cabello.
El sucesor vio, examinó, perdió el habla durante casi un cuarto hora y al final susurró:
“Pero ustedes, si esto es cierto, me están pidiendo una extradición del segundo hombre del gobierno, y en este país, la extradición de nacionales está prohibida por la Constitución”.
“No hablamos de una extradición sino de una deportación”, replicó el enviado “una deportación por delitos comunes”.
“Está bien”, dijo Maduro, “pero si yo me niego a una y a otra ¿qué harían ustedes?”.
Solo le recuerdo”, dijo Shannon, “un principio de nuestra legislación antidrogas: el narcotráfico no tiene fronteras, y por tanto, los gobiernos que lo combaten, tampoco tienen fronteras”.
“¿Me está amenazando con un “Noriegazo?”, soltó Maduro ahora sí con voz temblorosa y como prevenido de la respuesta.
“No presidente”, dijo el enviado, “porque usted no es Noriega, pero su segundo sí recuerda a Pablo Escobar, los hermanos Rodríguez Orejuela, y al Chapo Guzmán”.
Y así terminó una reunión cuyos resultados fueron el marcador para el endurecimiento del gobierno de Obama en Panamá, el virtual congelamiento de las relaciones EEUU-Venezuela, el regreso de Maduro a los brazos de Raúl Castro que ahora hace de mediador entre el gringo y el venezolano y la enorme presión que Cabello y el “Cartel de los Soles” realizan para que el sucesor radicalice sus posiciones, lleve al socialismo hasta sus últimas consecuencias, y en el momento del hundimiento, puedan arrastrar a Maduro, al gobierno, la revolución y a toda Venezuela.
Típica política de “Aprés moi le delúge” (“Después de mi el diluvio”), exactamente igual a la que quisieron imponerle los carteles colombianos de la droga a César Gaviria, y que encuentran a un Maduro en un grado extremo de debilidad, sin apoyo en el ejército, la mayoría de los colectivos, el Psuv y una estructura gubernamental que hace agua por los cuatro costados.
Pero sobre todo, rodeado de “cabellistas”, como Jesse Chacón, ministro de Energía Eléctrica; Marco Torres, alias, “Comando”, de Economía, Finanzas y Banca Pública; Padrino López, de la Defensa; Carlos Osorio, de Alimentación; cada uno contribuyendo con sus “mini crisis” a que el barco se hunda rápido y sin posibilidad de salvataje.
Un Maduro, que prefiere celebrar el primero de mayo entre la burocracia cubana que entre los trabajadores venezolanos que han sido dejados de la mano de Dios y esperando anuncios que se comerá la inflación, el desabastecimiento y el hampa.
Un remedo de gobierno asediado por un cogobierno que es, a fin de cuentas, el que decidirá el tiempo que le queda al presidente en Miraflores, ya se trate de entregar el país a Cabello o de convivir con él.
¡Dios proveerá!
*Manuel Malaver. Analista político mejor informado de Venezuela, reconocido periodista de larga y respetada trayectoria en los medios impresos, autor del libro: “La DEA contra la Guardia Nacional de Venezuela”.

Por: Manuel Malaver
@MMalaverM
Politica | Opinión
Domingo, domingo 3 Mayo, 2015
 FUENTE:  Reportero 24

domingo, 16 de noviembre de 2014

La FANB: ¿En desbandada o en repliegue táctico? Por: Manuel Malaver.


La FANB ¿en desbandada o en repliegue táctico? 


La Razón / ND
 
16 Noviembre, 2014
Seguramente no existe en el país una institución más agredida, deshonrada, atacada, desgarrada, adulterada, invadida, y, finalmente, hecha trizas por el castrochavismo que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. 

Conspiración diseñada en el más puro estilo hitleriano, promovida y monitoreada por los dictadores cubanos Fidel y Raúl Castro y ejecutada por un hombre de la institución que, desde el primer día que ingresó a sus filas, no tuvo otro objetivo que verla caer a sus pies agonizante y sin posibilidades de sobrevivir.

Hablamos de Hugo Chávez, quien arribó por un hecho fortuito a la Academia Militar, en Caracas, desde su natal Barinas, en 1971: había reprobado en química en el quinto año –ya para graduarse de bachiller- y, sin ganas de repetir el examen (seguramente convencido de que reprobaría de nuevo), se planteó darle otro sentido a su vida, lo más alejado posible de las ecuaciones, las fórmulas, los laboratorios, el estudio y el trabajo paciente que se traduce en logros para el bien individual y/o colectivo y de todo lo que se conoce como un destino científico e intelectual.

Alguien le habló –unos dicen que su padre, Hugo de los Reyes Chávez, otro que su hermano, Adán- de ingresar a la carrera militar, cuyos requisitos de admisión habían sido simplificados y reducidos para atraer pupilos, y porque su padrino de bautismo, el socialcristiano, Rafael Caldera, presidente de la República, había prometido hacer lo necesario para complacer a compadre y ahijado.

Caldera, al parecer, cumplió y ello explicaría por qué siendo Chávez zurdo, nulo en las pruebas físicas y obteniendo calificaciones algo menos que regulares en las materias de rigor, pudo salir para incorporarse a su primer año de cadete.

Algo no le gustaba de la escuela: los rigurosos ejercicios, los continuos entrenamientos, las horas de guardia, las prácticas de tiro, las clases de estrategia y táctica, de ofensiva y defensiva, de ataque y contraataque y toda la rutina con la que el aspirante sufre un virtual lavado de cerebro para acostumbrarlo a mandar y obedecer.

Por el contrario, le fascinaban las clases (más bien discursos) que desde la recién fundada “Cátedra Bolivariana”, impartían profesores como los oficiales, José Luís Pietro y Jacinto Pérez Arcay. Iluminados, más que militares, y que propagandeaban un bolivarianismo decimonónico, guerrerista pero no civilista, cuartelario no legislador, autoritario no democrático, y que deslizaban críticas solapadas al sistema de partidos que empezaba a enraizarse en el país.

Pero de estos años -mediados y finales de los 70-, el cadete recibe otra influencia, la de su hermano, Adán, quien estudia ingeniería en la Universidad de Los Andes, y habiéndose hecho militante de la “Juventud Comunista”, emprende la tarea de catequizar para las ideas marxistas al Chávez militar.

De modo que, cuando Chávez decide usar la “carrera militar” para fundar un “partido militar”, cuenta con dos ideologías decimonónicas y anacrónicas: el bolivarianismo de los profesores Prieto, y Pérez Arcay, y el marxismo “adánico” que se prepara para pulverizarse con la caída del Imperio Comunista Soviético a comienzos de los 90.

Años en los que también Chávez irrumpe con un golpe militar (el 4 de febrero del 92), pero no para triunfar como “militar” sino para imponerse como “político”, y partidizando a los compañeros que lo habían acompañado en la intentona, regresarlos a los cuarteles cuando fuera electo presidente a emprender la obra “magna” de destruir a la Fuerza Armada Nacional.

Conspiración a la que se presta, idealmente, el Alto Mando Militar y el liderazgo de los partidos Acción Democrática y Copei al reincorporar a la FAN a cientos de los alzados, de modo que, en efecto, cuando Chávez llega a Miraflores en el 99, ya tiene un miniejército de militares (pero no de oficiales, puesto que habían interrumpido sus carreras) que pasan a cumplir sus órdenes y a ser la falange con la que desprofesionalización, el partidismo, la politización y ideologización empiezan a cumplirse cabalmente.

De esta época también datan dos flagelos: el narcotráfico que ingresa con la alianza con la narcoguerrrilla de las FARC (y en el cual juegan un papel de primer orden el capitán Ramón Rodríguez Chacín y desde el DIM, en etapas sucesivas, los generales Almidién Moreno Acosta y Hugo “El Pollo” Carvajal (el primero y el tercero en la “lista Clinton” de Estados Unidos, y el segundo asesinado por una operación de sicariato en Barcelona en abril del 2012); y la penetración cubana en los cuarteles por la que la FAN pasa a ser una fuerza de apoyo a una ocupación extranjera.

No es, sin embargo, sino a través de tres reformas a La Ley Orgánica de la FAN (2005, 2008, y 2010), redactadas de puño y letra de Hugo Chávez, y por facultad de Leyes Habilitantes, de las que emerge una FAN en desintegración, que cada vez menos es la institución que crearon los Padres Libertadores, para devenir en la guardia pretoriana de un caudillo y dictador.

Por la primera (2005), escribe el general, Fernando Ochoa Antich, en su artículo “Destruir el profesionalismo militar”: “Centralizó la conducción de la FAN en el presidente de la República y creó inconstitucionalmente el Comando General de la Milicia, comprometiendo la autonomía de las tradicionales fuerzas y su capacidad de mando sobre las unidades operativas”; por la segunda (2008) “Mantuvo la tendencia a centralizar el mando, fortaleció a la Milicia Bolivariana como respuesta a su objetivo de consolidar el régimen mediante una vanguardia revolucionaria y transformó a los suboficiales profesionales de carrera en oficiales técnicos sin considerar los grados militares y la antigüedad”; Y por la tercera (2010) “No buscó otra cosa que concederle al presidente de la República el grado militar de comandante en jefe y el mando efectivo sobre las unidades operativas; crear al oficial de milicias, con posibilidad de optar a cualquier grado, permitiendo que ciudadanos sin formación militar pudieran formar parte de sus cuadros; y permitir a los suboficiales de tropa ascender a oficiales efectivos”.

En otras palabras: que puras políticas para acorralar a los oficiales de carrera de la FAN por civiles politizados, ideologizados y partidizados, sin ninguna experiencia ni entrenamiento, pero ideales para ningunear, cuestionar y desmoralizar a los auténticos profesionales formados para defender la República.

Imaginémonos a un coronel con 20 años de estudios, mandos, operaciones, y curso de Estado Mayor que, de repente, es obligado a admitir como segundo a un sargento técnico que ha pasado el mismo tiempo especializándose en comunicaciones o mecánica de blindados.

Con todo, la amenaza más desafiante, envolvente y concluyente, no le fue introducida, implantada o contrabandeada por Chávez en los cuarteles, sino fuera de ellos, y vino con la creación de “Colectivos” de civiles armados, que, con el pretexto de defender la “revolución” de conspiradores internos y externos, operan como “miniejércitos” de entre 1000 o 5000 hombres, bien dotados de armas cortas y largas, entrenados en Cuba o en los territorios liberados de las FARC y que tienen entre enemigos potenciales a estas FAN regulares y de formación académica que, por tales, nunca se ganarán la confianza total de los revolucionarios.

La una, reducida a los cuarteles; los otros, dislocados en barrios, o zonas populosas de ciudades o pueblos grandes, donde no admiten ninguna otra autoridad, controlan el orden público, cobran impuestos que llaman vacunas, administran justicia, prestan servicios públicos, y no pocas quitan y ponen sacerdotes y regularizan los rituales religiosos.

Pero que, igualmente, pueden dedicarse al pillaje, a actuar como dueños de la vida y hacienda de los ciudadanos, permisar el delito contra la propiedad y los empresarios, comerciantes, banqueros, o cualquier agente del capital, de modo que, se les considere como la autoridad a la que, si no se le obedece, puede aplicar hasta la pena máxima.

Estados dentro del Estado, en definitiva, segregados por la quiebra del Estado central, y el cual, para no perderlo todo, cede lo que no puede controlar, pero a cambio de tenerlos como aliados contra sus enemigos.

Tal se vio en la reciente crisis política que corrió desde febrero hasta junio de este año, y en la cual, los “Colectivos”, al lado de la feroz y asesina “Guardia del Pueblo” se pusieron a la cabeza de la represión con un saldo de 43 muertos (el mismo número que en Iguala, México), 400 heridos y 1000 detenidos y torturados.

En esta tesitura la pregunta más obvia es: ¿Debe y puede la FANB enfrentar a los “Colectivos”, desarmarlos y obligarlos a cumplir la Constitución Nacional que reserva el “monopolio de la armas” a la fuerza armada regular, y califica como delito cualquier otra posesión y uso por civiles no autorizados por la Constitución y las Leyes?

La respuesta -también obvia-, es afirmativa, pero jamás será ejecutada si no se cumple un condicionante fundamental: El desarme de los “Colectivos” en particular, y la regularización de la vida política en general, no se logrará sino a través de una crisis política, donde la sociedad civil y sus partidos, motoricen un cambio que frustre al neototalitarismo madurista de terminar de transformar a la FANB en una guardia pretoriana, cuyo fin inmediato es fundirse con la milicia, mientras el apéndice armado del PSUV, “los Colectivos”, se adueñan de los cuarteles y pasan a ser el ejército guerrillero que Chávez no tuvo necesidad de construir en las guerrillas porque la democracia le entregó el suyo.

En definitiva: que el rescate de la FANB, no será solo obra de los militares sino, igualmente, de la sociedad civil, que, operando con sus partidos políticos, y a través de una unidad eficiente, puedan tenderle la mano a estos compatriotas que necesitan como nunca del poder de la democracia y sus valores.

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FUENTE: NOTICIERO DIGITAL



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Cortesía de

martes, 13 de agosto de 2013

El presidente que dormía con los muertos. Por: Manuel Malaver.



 agosto 11, 2013 8:55 am

Manuel Malaver: El presidente que dormía con los muertos

Debe ser tanta la confusión que siente Maduro ensayando sustituir a un presidente sin cuya influencia es posible que continuara al frente de una unidad autobusera del Metro de Caracas, que el viernes, con una emoción entre llorosa y mística, declaró que “son muchas las noches en que vengo solo al “Cuartel de la Montaña” y duermo al lado de la tumba de mi padre y protector. Vengo a dormir, a hablar y reflexionar con él”.
 
Confesión que da tanta tela que cortar que hasta podría dar lugar para la creación de una nueva escuela de psiquiatría, si bien yo prefiero no alejarme de los límites de la alucinante y transilvánica política venezolana de estos días que, pensándolo bien, podría estarme ofreciendo en bandeja de plata el argumento y los personajes para una novela que llevo años intentando escribir -sin mucha suerte- y que ahora se llamará: ”Maduro: el presidente que dormía con los muertos”.

Porque eso de que Maduro espera que el reloj de la Catedral dé las 11, o las 12 de la noche para abandonar la cómoda y confortable suite donde pernocta en Miraflores y cruzar solo, sin escoltas, y sin la flota presidencial de blindados, la arriesgada subida que va de “Agua Salud” hasta el “Cuartel de la Montaña”… esa, señor presidente, Maduro, como dicen los argentinos, “se la tendrá que cantar a Gardel”.

Y es que hablamos de un espacio de tierra con una superficie no mayor de 3 Kms2, pero con uno de los índices de peligrosidad más altos del mundo, donde la cifra de muertos y heridos puede discriminarse por horas, y al cual las bandas de narcoguerrilleros, terroristas, delincuencia convencional y organizada cuentan como “una de sus zonas liberadas·” en Venezuela y en el continente.

Y a escasas cuadras de Miraflores, donde es fama que el personal militar y policial de la guardia nocturna se protege los oídos con los audífonos de sus Iphone, para escapar así al tableteo de los Aka, bazookas y subametralladoras.

“Menos mal que existió Steve Jobs” me comentó una noche un subteniente que comandaba el personal de la alcabala de palacio “porque si no, hace tiempo que habría perdido la audición”.

Una subida, en fin, en cuyos alrededores se exhibe -y sin que haya autoridad alguna que se atreva a cuestionarlo-, un busto y una plaza en honor a Manuel Marulanda Vélez, y para que, no solo los residentes y transeúntes, sino hasta autoridades locales, regionales y nacionales, se acerquen a rendirle homenaje a “Tiro Fijo”.

Culto que explica por qué, si hubo oportunidades en que algún jefe de la exPolícía Metropilitana, -alarmado por las denuncias de tantos vecinos agredidos, sitiados y abandonados-, quiso asomar sus narices por el barrio al frente de patrullas y brigadas de uniformados, fue literalmente rechazado por francotiradores y paramilitares que disparaban desde los ángulos, y con fuego tan graneado, que el parte oficial con la lista de muertos y heridos aún se está esperando.

Me acuerdo que eran los tiempos en que reinaba aquel “Darth Sidius, Emperador de las Galaxias” que se creía Hugo Chávez, y sin embargo, cuando supo que los PM y sus patrullas había sido atacados por el “Colectivo La Piedrita” y sus jefes, Valentín Santana y Lina Ron, pues tuvo que callarse la jeta y seguir con sus ocupaciones habituales, que no eran otras que encadenarse para atormentar a la teleaudiencia con cuanta nadería le pasara por la cabeza.

Pero no hemos dicho todo si se trata de informar de los horrores que a cualquier hora del día y de la noche espantarían a quienes, como el presidente, Maduro, dicen que se atreven a cruzar a oscuras por tan escabroso territorio, como son las hileras de murales sobre escenas y personajes de la vida revolucionaria que pintores ingenuos de todo el país se han acercado a descorchar para dejarnos una idea de lo que nos aguarda más arriba, en la cumbre, en el “Cuartel de la Montaña”

Sobre este tema veremos ejércitos conducidos por las figuras fundadoras y emblemáticas del marxismo y la revolución como pueden ser Marx, Engels, Lenin y Stalin; otra en que se borronea a una virgen María con una ametralladora en la mano disparándole a una oligarca que bien podría ser María Corina Machado o Delsa Solórzano, y, por último, el que parece ser el legado plástico mayor de la revolución chavista y “Socialista Siglo XXI”: una “Última Cena” que Jesús, el Salvador, comparte con Chávez, Raúl y Fidel Castro, el Che Guevara, Osama Bin Laden, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa, José Mujica, Manuel Marulanda, el Mono Jojoy, y Cristina Kitchner posando de María Magdalena.

Y por todo el trayecto, patrulleros que suben y bajan en jeeps y todo terrenos último modelo sin identificación conocida, o si no, caravanas de motorizados que pasan raudas como para dar aviso de que una suerte de círculo no precisamente sagrado es lo que aguarda al mortal que se aventura por parajes tan humeantes, como góticos.

Pero supongamos que Maduro solo, sin escolta, ni flota presidencial de blindados pasó la prueba, ganó uno a uno los peldaños iniciáticos para llegar ¡al fin! al portón, alcabala o puerta de ingreso del “Cuartel de la Montaña”, en cuya sala central está el mausoleo que esa noche eligió como lugar para conciliar el sueño o quizá mitigar su soledad.

Es ya la una de la madrugada, hace frío y de adentro, como de afuera del recinto, llega un silencio que es como para crujirle los huesos al mismísimo general, Miguel Rodríguez Torres, hombre de palabras tomar a quien no le arredran desmentidos de Ramos Allup, ni cifras de Julio Borges sobre el fracaso del “Plan Patria Segura”

Se acerca un soldado de una garita medio escondida y como preparada para sorpresas y emboscadas, un soldado de los que vigilan el mausoleo en la parte exterior, y que hace de jefe supremo de la custodia y sin cuya autorización no hay entrada, ni salida al “Cuartel”, se acerca y le pide su identificación al visitante.

´-Soy el presidente Maduro, y vengo a dormir con el presidente. Aquí están mis credenciales.
El soldado las revisa con cuidado, y después de observar a Maduro de hito en hito, le pregunta:
-¿A dormir con el presidente? Pero si ahí no duerme nadie. Ahí lo que hay es un muerto.
-Mejor dicho –responde Maduro todo confundido-No vine a dormir, vine a hablar, a conversar, a reflexionar con el presidente.

-Jajaja-se carcajea el soldado-Pero si los muertos no hablan. ¿Quién ha visto muertos hablando? Ciudadano, usted está sospechoso y no se mueva de aquí hasta que reporte su caso y le pida órdenes a mi coronel en Fuerte Tiuna.

Hace señas a otros soldados para que separen a Maduro y lo mantengan bajo arresto, mientras del bolsillo de la guerrera saca un smartphone y llama.

-Sí, mi coronel, hay una novedad. Es un tipo que se apareció de repente, solo, y dice que quiere entrar al mausoleo y que a dormir y hablar con el presidente Chávez. ¿Qué cómo es? Bueno, mal no se ve: es un gordo, grande y de bigote. ¿El nombre? Bueno, eso es lo más gracioso. Imagínese que dice que es el presidente Maduro y muestra una credencial. Tiene usted razón: el presidente Maduro, o está de viaje o está durmiendo a esta hora si se encuentra en el país. 

¿Cómo? ¿Qué lo detenga y a primera hora lo mande al Manicomio para que le hagan una evaluación médica y me digan si lo suelto o lo dejan? Pues eso haré, mi coronel. A sus órdenes y hasta mañana.

Y así fue como “Maduro, el presidente que dormía con los muertos” pasó unos días o semanas en el “Manicomio” del barrio del mismo nombre que no estaba muy lejos y regresó al´mundo de los cuerdos tiempo después a seguir ejerciendo su alto cargo y sus recurrentes manías.

Pero eso no fue lo que pasó en la realidad sino en el primer capítulo de mi novela, “Maduro, el presidente que dormía con los muertos”, que aparecerá en unos meses y estoy seguro que desplazará del primer lugar en ventas en las librerías del país, del continente y España a “El hombre que amaba los perros” de Leonardo Padura, y “Simpatía por King Kong” de Ibsen Martínez.

FUENTE: La Patilla

domingo, 6 de noviembre de 2011

Las primarias como antesala al fin del chavismo. Por: Manuel Malaver



Opinión 
Manuel Malaver 
La Razón / ND 

Las primarias como antesala al fin del chavismo 

Hubo un tiempo (años 2001-2003), cuando la oposición venezolana fue saludada en el exterior “como la mejor oposición del mundo”. Y otro, (2004-2006), cuando pudo ser etiquetada “como la peor”. 

Diferencia que, en el primer caso, fue marcada por una creciente, cuantiosa e inagotable movilización de calle, y en el segundo, por un regreso a la tranquilidad familiar que permitió que se perdiera todo lo que había ganado, y que Chávez recobrara todo lo que había perdido. 

La movilización de los “años dorados”, en efecto, no se acompañó con las políticas democráticas que prepararan la derrota de la autocracia en las presidenciales del 2006, sino que más bien, fue fragmentada en brotes y estallidos que, al desafiar a Chávez en el terreno en que mejor podía y sabía defenderse, la violencia, tenían que conducir a la derrota. 

Inscribo el “11 de Abril” y “el Paro Petrolero” del 2002, así como el “Referendo Revocatorio del 2004, y el llamado a “la abstención en las parlamentarias de finales del 2005”, en estas impaciencias que, milagrosamente, no significaron que el chavismo se entronizara en el poder en una duración monstruosa tipo Corea del Norte o la Cuba de los hermanos Castro. 

Entretanto, Chávez y los suyos, aprovechaban el tiempo de la “indignación” oposicionista para recuperar entre los más pobres los puntos que había perdido durante los años en que, incluso, salió momentáneamente del poder, y con agresivas políticas sociales que una veces llamó “misiones”, y otras “simples traslados de recursos líquidos a los sectores más vulnerables de la población”, volvió a recuperar los porcentajes de popularidad que tuvo cuando comenzó su mandato (un 70 por ciento). 

Pero las peores consecuencias de los errores de los demócratas, no se vieron sino cuando procedió a “limpiar” la FAN de oficiales militares institucionalistas, llevó a cabo una escabechina en PDVSA que despidió a 25 mil trabajadores no afectos al régimen, fue controlando, lenta pero implacablemente, medios audiovisuales privados independientes que hasta hacía poco lo habían adversado, y convirtiendo en herramientas de la autocracia a los poderes públicos (CNE, TSJ, AN, Fiscalía y Contraloría General de la República) que desde entonces pasaron a ser sus “paredones de fusilamiento legales” para ir reduciendo, minimizando y desapareciendo a la oposición. 

También puso fin a la libre convertibilidad del bolívar con un férreo control de cambio, y variables como los precios y los costos de producción pasaron a ser instrumentos políticos para ahogar el capitalismo privado e imponer el estatal. 

O sea que, todo lo que en un sentido ortodoxo no podía llamarse sino un sistema comunista “en tránsito”, o “desovación” que, con el control de la economía a través de la fijación de los precios, la manipulación de los mercados y los límites a la propiedad, no podía sino derivar en un totalizante predominio político con cuyo empuje la luz de la oposición se fuera apagando. 

No sucedió así, sin embargo, y ya para el 3 de diciembre del 2006, cuando se realizan las elecciones presidenciales que debían decidir si Chávez era reelecto o entregaba el poder a otro venezolano, el candidato de la oposición, Manuel Rosales, se alzó con casi el 45 por ciento de los votos. 

Siguió otra batalla electoral, la del “Referendo para la Reforma Constitucional” del 3 de diciembre de 2007, y aquí si el gobierno (y aún la oposición) se llevaron una mayúscula sorpresa: el “NO” opositor (50,65 por ciento), derrotó al “SI” del oficialismo (49, 34 por ciento). 

Y siguió el arrollamiento en las elecciones para gobernadores y alcaldes del 23 noviembre del 2008, con la oposición constituyéndose en mayoría electoral al barrer en casi todas las alcaldías de Área Metropolitana de Caracas, y ganando en 6 de los estados más poblados del país (los que constituyen casi el 60 del patrón electoral); y quitándole la mayoría calificada al chavismo en la Asamblea Nacional en las parlamentarias del 26 de septiembre del año pasado, aumentando, por esa vía, sus ventajas y reduciendo las del gobierno, para darle un cambio de rumbo al país en las elecciones presidenciales del año próximo. 

Es, para graficarlo en términos lúdicos, la partida electoral que la oposición inicia con las mejores posibilidades de imponerse, y no solo porque se repetirá la tendencia de recuperación democrática que viene dándose desde el 2006, sino porque se enfrenta a un chavismo obeso, agrio, desgastado, cansado, rancio, caduco y sin otro mensaje para el electorado que la destrucción a que ha conducido a Venezuela después de 13 años de socialismo chavista, petrolero y saudita. 

Un país sin servicio eléctrico regular, con autopistas, carreteras y caminos vecinales colapsados, sin agua y con un mar de basura que inunda calles, frentes y hasta el interior de los hogares, sin escuelas ni centros de salud funcionales, inflación del 35 por ciento anual, desabastecimiento, con una inseguridad personal que cobra más de 20 mil víctimas al año, corrupción creciente, generalizada e impune, narcotráfico sin control y punta de lanza de la delincuencia organizada y aliado de estados y grupos políticos calificados por la comunidad internacional “como fallidos y terroristas”. 

Para colmo, con el que fue su comandante en jefe, guía máximo y conductor supremo, vapuleado por una salud en deterioro creciente e irrecuperable, agrietado, y más allá de lo que pueda pensar y desear, despidiéndose de los tiempos que dilapidó jugando al “heroecito” y tratando de imponerle al país un sistema político y económico anacrónico, inviable e inútil. 

Del otro lado, de la oposición democrática, cuatro jóvenes, con promedio de edades que no traspasa los 45 años, con experiencias como funcionarios públicos electivos y exitosos, o como María Corina Machado, curtida en una gestión pública que le ganó un sitial en el corazón de Venezuela como directora-fundadora de SÚMATE; y todos con enorme vocación social, probados en su solidaridad con los más vulnerables y los que menos tienen, y dispuestos a rescatarlos del infierno de dádivas, caridad parroquial y pensiones a cambio de votos, en que los ha hundido Chávez. 

Son cuatro: Enrique Capriles Radonski, Pablo Pérez, María Corina Machado y Leopoldo López, y que, si la legalidad me lo permitiera, podría votar por todos, aunque claro, lo haré por uno. 

Pero podría ser por la visión estructurada que del futuro del país maneja, Enrique Capriles Radonski, su manera de acercarse a la misma, sin petulancia ni soberbia, sino más bien pensando en un esfuerzo donde él no sería sino otro obrero. 

O la franqueza de brazos abiertos y sin trabas de Pablo Pérez, impaciente por compartir sus experiencias como alcalde de Maracaibo y Gobernador del Zulia y recibirlas de otro, de origen intrínsecamente popular y como tal angustiado de que sus políticas lleguen a los sectores de los cuales proviene, sin barniz intelectual ni de cualquier otra hipostasión y dejando siempre la impresión de que, no solo es un buen tercio para compartir un cafecito colocado, sino también para hacerlo, sembrarlo, cosecharlo y molerlo. 

María Corina Machado, mi amiga, con quien, incluso, peleé en el programa de noticias de la mañana de la irreemplazable RCTV que conducía, Luisana Ríos, al otro día de conocerse los resultados de las parlamentarias del 26 de septiembre del año pasado donde arrasó, cuando me reclamó que no la había apoyado, que la había dejado sola, y no era que no la había apoyado, sino que dije que me parecía difícil, sino imposible, que ganara por su solo prestigio, derrotando a las maquinarias de “Primero Justicia”, “AD”, “UNT” y la en ciernes “Voluntad Popular”…!Y lo hizo!. 

Y Leopoldo López, a quien he perdido de vista en los últimos tiempos, sin duda que por los meses que pasó en el exterior defendiendo su causa de la inhabilitación inconstitucional que le ha impuesto el gobierno y que tiene todas las credenciales para convertirse el 12 de febrero próximo, no solo en una sorpresa para el gobierno, sino para toda la oposición. 

Cuatro líderes democráticos que como tales, se someten al veredicto de que sea el pueblo quien los postule para las presidenciales, que ya han dicho que no quieren nada con la reelección, que gobernaran con y para toda Venezuela y siguiendo los paradigmas, conceptos y principios del tiempo que les tocó vivir y no de filosofías sacadas de los baúles del siglo XIX. 

Y en frente, una atmósfera no distinta al laboratorio del doctor Frankestein, y donde con artilugios seudocientíficos y menjurjes, rezos y milagros de la peor brujería, tratan de mantener a flote una realidad que ya murió y solo espera porque se le dé cristiana sepultura. 

¡Paz a sus restos!

lunes, 11 de octubre de 2010

Dos años no es nada // Por: Manuel Malaver

Dos años no es nada
Dom Oct 10, 2010 6:20 am
Siempre pensé que los venezolanos tendrían la suficiente paciencia para aguardar por las elecciones presidenciales del 2012 y desalojar a Chávez definitiva e inapelablemente del poder.

Dos años que por la dinámica y volatilidad de la vida política contemporánea pasan “volando” y en un cerrar y abrir de ojos pueden tropezarnos con el objetivo supremo de no volver a ver los abusos que comete a diario contra la constitución, la urbanidad, la historia y, lo que es peor, contra la vida ordinaria y cotidiana de los venezolanos.

Sin embargo, al detenerme en el Chávez de las últimas semanas, en el que quedó de la estrepitosa derrota de las elecciones parlamentarias del 26-S y oyó en el primer boletín del CNE la madrugada del lunes 27 que “era la primera minoría nacional”, me ha entrado el pálpito de que, no son solo los venezolanos quienes pueden estar perdiendo la paciencia y convenciéndose de que hay que salir de Chávez ya y sin más plazos, sino que es el mismo Chávez el que está desesperado e impaciente para que lo manden para su casa cuanto antes, rápido y sin boleto de regreso.

Paradoja que podría explicarse porque el “comandante en jefe”, el caudillo y salvador de la humanidad que dice, o sugiere, que serán sus hijos o nietos quienes lo sucederán en la presidencia después de descamarse y momificarse como su ídolo, Fidel, preferiría cualquier cosa, menos oír a Tibisay Lucena decirle que una inmensa mayoría de electores venezolanos decidió sacudírselo democráticamente, mandarlo con su música a otra parte y no volver a oír hablar de él en otro escenario que no sean los tribunales nacionales e internacionales donde tiene que dar cuenta de sus abusos contra la constitución y las leyes y por sus violaciones de los derechos humanos.

Díganme si quien lo sucede en la presidencia es alguno de esos oligarcas o burgueses, adecos o copeyanos, masistas o causarristas que tanto odia y lleva décadas insultando, calumniando y ofendiendo, gente del tipo María Corina Machado, Leopoldo López, Enrique Capriles Radonski, Antonio Ledezma, Ramón Guillermo Aveledo, Teodoro Petkoff, o Andrés Velásquez, y que a pesar de sus ofensas, peroratas y alaridos, no solo se mantienen en el corazón de las mayorías nacionales, sino preparados y aptos para sucederle.

De modo que si hay por ahí un golpe de estado en el ambiente… ¡bienvenido sea!... y si es un autogolpe, mejor… y no digamos un magnicidio frustrado, eso si…sin hablar de huelgas, motines y estallidos insurreccionales que le vendrían como anillo al dedo.

De ahí que llevamos semanas, no solo viéndolo repetir, sino extremando las recetas que lo precipitaron a la derrota del 26-S, repotenciado unas políticas y un estilo de gobernar, que no es solo que se han traducido en la peor crisis política, económica y social que ha sufrido el país en toda su historia, sino, igualmente, en la promoción de una caída de la autoestima nacional que poco nos diferencia de las repúblicas forajidas del sur del Sahara,

O sea, que los ingredientes para que en cualquier país de la tierra se proceda a destituir el presidente en ejercicio y enviarlo, ya a su casa, ya al exilio, a la cárcel o al manicomio, pero que en el caso de la Venezuela de Chávez, sería lo menos apropiado, ya que aquí existe una constitución que pauta que su salida de Miraflores es en las elecciones presidenciales del 2012, y ni un día antes, ni un día después.

Despido que no es solo el más legal, más constitucional y más pacífico, sino también, el más humillante, pues sería la oportunidad de demostrarle al hugólatra que sus 14 años en el poder, no son otra cosa que el producto del clientelismo más atroz que haya humillado a los venezolanos, y que vía el ciclo alcista de los precios del petróleo entre el 2004 y el 2008, le permitió convertir las elecciones venezolanas, y a su gestión de gobierno, en un mercado persa.

Bazar que se nutrió, también, de la incautación de la independencia de los poderes públicos, y que en el caso del poder electoral, del llamado CNE, le permitió concurrir a los eventos comiciales para que ni en el proceso, ni en el acto de votar, ni en el conteo de los votos, la ciudadanía admitiera que hubiera ganado por otra vía que nos fueran las ventajas usadas a su favor.

Maquinaria, estrategia, o plataforma que tenía que derrumbarse con la caída de los precios del crudo y el fracaso colosal de las políticas públicas, que debían persuadir, no solo a millones de electores de la oposición, sino también a independientes y del propio chavismo, que las cosas habían llegado demasiado lejos y debía ponérseles un parao, como se vio en los resultados de las elecciones del 26-S que, entre otros bienes, trajeron el aviso de que después del 2012, no hay más Chávez,

Pero tanto como el clientelismo, y el fracaso de las políticas públicas (inseguridad, corrupción, desabastecimiento, inflación, colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física nacional, economía de cero producción y todo importado), los electores del 26-S rechazaron el atroz, inviable, inútil y destructor sistema socialista, que como se demostró en la década final del siglo XX en los países que lo adoptaron, no hace otra cosa que promover la pobreza, la desigualdad, las injusticias sociales y las violaciones masivas de los derechos humanos.

Y cuya única finalidad, es brindarle a los caudillos que los promueven la oportunidad de instaurar siniestras dictaduras que. una vez emplazadas, hacen caer a las sociedades en diabólicas y casi insalvables ratoneras.

Para muestra, la Venezuela que está dejando el chavismo, donde lo único real es el entronizamiento de una dictadura seudo legal y seudo constitucional, con un caudillo anacrónico y cuartelario a la cabeza, que dispone a su haber y entender de los bienes públicos y privados, y se ha hecho adicto a un vicio que al parecer no conoce cura ni mejora: la destrucción de Venezuela.

Y el cual lo lleva a no admitir lo que es una evidencia que viven y sufren los venezolanos día a día, hora a hora y segundo a segundo: el socialismo solo es opcionable cuando se propone distribuir la riqueza que crea el capitalismo y hace parte de una combinación en la que el estado que promueve la economía y la riqueza públicas y privadas, hace las leyes para que alcance a todos.

Y si quedaban dudas al respecto en este continente y en otros, ahí están las últimas medidas económicas del establecimiento añoso de los hermanos Castro en Cuba, que no son otras que la reintroducción del capitalismo para paliar la crisis y las enormes urgencias sociales que sufren los cubanos después de 55 años de socialismo.

Pero no es una verdad que quisiera Chávez le volviera a gritar el pueblo venezolano en otras elecciones como las del 26-S, en otras que le afectan directamente, y por eso, acepta, sí, el despido, la salida, pero a la brava, por la fuerza, por la violencia, para después decir que no fue el pueblo, las masas, las mayorías, quienes los sacaron del poder sino las élites burguesas y oligárquicas aliadas del imperialismo.

Lo que no sabe Chávez, porque no le conviene saberlo, es que la constitución permisa a través del artículo 350 la “rebelión popular, democrática y constitucional contra su gobierno, en el caso que las mayorías decidan “desconocer cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”,

Y en ese caso, una huelga general, o una insurrección popular como la que sucedió en Argentina en el caso de Fernando de la Rúa, en Bolivia en el de Sánchez de Lozada, o en Ecuador con Gutiérrez, pudiera destituir constitucional y democráticamente a Chávez y no para interrumpir sino para hacer cumplir el mandato constitucional tal lo reconocieron, en los casos citados, las instituciones jurídicas del continente.

No es sin embargo lo que deseo ni propicio, sino que el caudillo que es un demócrata de pantalla y un dictador de hecho. se lleve en el 2012 la más escandalosa paliza electoral que se ha llevado tirano alguno en este o cualquier otro país.

Al fin y al cabo: dos años no es nada.
Manuel Malaver
OPINION
FUENTE: La Razón / Noticiero Digital
 IMAGENES: Publicación ilustrada de: Alberto Rodríguez Barrera

martes, 24 de agosto de 2010

CHAVEZ A LA DEFENSIVA. Por: Manuel Malaver.



Chávez a la defensiva o cuando la realidad impone su agenda
No le resultaron a Chávez las ollas montadas contra Polar, la Iglesia Católica y Globovisión durante los meses de mayo, junio y julio pasados, pues tan pronto empezó una feroz campaña que pareció culminaría con la confiscación y agresión a estas instituciones, el olor de la comida podrida de PUDREVAL le inundó los estudios y cabinas de radio y televisión, Miraflores y aun los helicópteros y aviones en que viajó dentro y fuera del país.
Pero es que también en los cuarteles, policías estatales y municipales, cuerpos de seguridad e inteligencia, en la burocracia y salas situacionales, se hizo sentir la experiencia fétida, llegando al extremo de prohibirle a los funcionarios por una orden presidencial -que no se publicó- usar tapabocas y mascarillas, de modo de no atizar el fuego de lo que fue el fogón noticioso de uno de los escándalos más escatológicos vividos en este y otros continentes.
Había otras razones, sin embargo, para no hacerla efectiva, como es la inexistencia en Venezuela de textileras en capacidad de fabricar tapabocas y mascarillas en las cantidades y urgencias requeridas, aparte de que escasean los petrodólares para importarlas, y que, si llegan al país ¿dónde almacenarlas?
De todas maneras, caso único el de un gobierno que, no solo maquilla cifras, adultera la historia y truca los hechos ilegales que comete diciendo que los cometieron otros, sino que, además, se protege ojos, nariz y boca para que la pestilencia de sus políticas no le conviertan en otro de los tantos enfermos que subviven en la sociedad venezolana.
Pero nada que amilane la incontinencia de Hugo Chávez en echar las culpas a los demás, en autoeximirse de responsabilidades porque su gobierno “está comenzando” después de 10 años, o a decir que fueron funcionarios de baja jerarquía y no sus ministros lo que cometieron los delitos de PUDREVAL y el colapso eléctrico, sino que ahora, a raíz de un debate promovido en CNN sobre la presencia de guerrilleros de las FARC en el territorio nacional y la violencia de Venezuela (luego de la trasmisión del documental “Los guardianes de Chávez”), se lanzó el mismo comandante en persona y sus corifeos a desmentir cifras y datos y a sostener que en cuanto a violencia, Venezuela era algo así como Suiza, el Tibet o el reino Katmandú.
Más le valiera no abrir la boca, porque en medio de sus alegatos, precisamente en viernes antepasado, “El Nacional, publicó en su primera página, la foto espeluznante de una sala de la morgue de Caracas, donde literalmente se apiñaban y descomponían decenas de cadáveres.
Y por supuesto, que nuevos desmentidos, amenazas de cerrar a ” El Nacional” y llevar a Miguel Henrique Otero, su director, a la cárcel, la decisión, por último, de prohibir a los medios impresos publicar fotos y noticias que reflejaran la violencia que ciega las vidas de centenares de venezolanos semanalmente, mientras en el interín, 80 niños y niñas eran asaltados y despojados de sus pertenencias cuando se dirigían en un bus a vacacionar a las playas de Higuerote, y en Fuerte Tiuna, la más importante instalación militar del país, una jugadora del seleccionado de Hong Honk era herida de bala en una pierna cuando participaba en un juego del Campeonato Mundial de Béisbol femenino que se celebraba en Caracas.
Sin ir más lejos: esta mañana del sábado, cuando redacto estas líneas, ya se han reportado un tiroteo en Fuerte Tiuna donde murieron 2 oficiales y están heridos 3 soldados y una señora, Carmen de Perdomo, denuncia que anoche cuando viajaba en un autobús de la ruta Caracas-El Tigre, la unidad fue detenida en plena vía, desviada, y en un descampado, los pasajeros fueron despojados de sus pertenencias, golpeados los ancianos y las jóvenes (niñas y adolescentes) amenazadas con ser violadas y abusadas.
Y ese el abreboca, de otro fin de semana de terror, sangre y muerte en la guerra venezolana, de una que no viene del extranjero ni tampoco es ejecutada por ejércitos regulares y formales, sino por ciudadanos a quienes se les permite ilegalmente le uso de armas, viven en condiciones extremas de pobreza, desatención y abandono, y reciben el estímulo de un gobierno militar, cuyo jefe viste a menudo en zafarrancho de combate, usa uniforme rojo y cuyo lema es: “Patria, Socialismo o Muerte”.
¿Cuántos serán los asesinados de este fin de semana, los heridos, los asaltados, los secuestrados, los mutilados? Difícil cuantificarlo, pero, no lo olviden: serán más que las víctimas de las guerras de Irak, Afganistán, Pakistán juntas y de los enfrentamientos entre bandas terroristas en el Medio Oriente.
Una cifra que paraliza: según datos oficiales graficados por el sociólogo, Roberto Briceño León: “En el 1999, primer año del gobierno de Chávez, las cifras anuales de muerte por violencia en el país alcanzaban las 5000, hoy, para 2010, se calcula que pueden pasar de 19.000”.
En otras palabras: que la obra de un desgobierno para el cual es más importante “hacer la revolución” que proteger la vida y los derechos de los venezolanos, mantener y perpetuar en el poder a un militar chafarote del origen decimonónico que garantizarle a los ciudadanos vivienda y trabajo dignos y seguridad mientras regresan a sus casas a descansar y divertirse en lo que más les plazca.
No, el plan de Chávez y el chavismo es la “politización a la fuerza”, el intento de convertir a los ciudadanos en piezas de un mecanismo o maquinaria cuya única ocupación es vivir día y noche para las convocatorias, las reuniones del partido, las tareas de lo círculos o los consejos comunales y calarse por horas las líneas que baja el comandante en jefe por las cadenas presidenciales o Aló presidente.
¿Y la educación para el trabajo, la productividad, la cultura y la ciencia? Que se vayan al carajo: más importante es estudiar marxismo, que Bolívar murió asesinado, las batallas que ganó Fidel Castro, el Diario del Che en Bolívia, o los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI en las versiones de exégetas como de Harnecker, Chomsky, Oliver Stone, las películas de Villa del Cine, Ramonet y Monedero.
Y por si todo fuera poco, vienen versiones en edición de lujo de los “Discursos Escogidos” de Freddy Bernal, Jorge Rodríguez, Cilia Flores Darío Vigas y Pedro Carreño.
En definitiva, que todo lo que ha contribuido a la destrucción de Venezuela hasta estos mediados del 2010 cuando el país se encamina a las elecciones parlamentarias de septiembre y sigue a las presidenciales del 2012: dos hitos, dos acontecimientos ante los cuales están expuestos todas las incompetencias, corruptelas, maramucias, truculencias y estafas del chavismo, expuestas con tal fuerza y dramatismo que no le cabe sino esperar dos catastróficas, ominosas, insoslayables e inapelables derrotas.
Y ante las cuales, por supuesto que Chávez no está llorando (no le quedan ni lagrimas de cocodrilo), ni siquiera gimoteando, pero sí diciendo insensateces como que “la corrupción en el Federal y en Econoinvest fue peor que la de Pudreval”, o que “la violencia es mucha, pero no como en México y Colombia” y que la corregirá en los próximos 20 años.
O sea, un Chávez a la defensiva, como no se le veía desde el 2002 y el 2003, cuando la oposición y el país le impusieron la agenda política nacional y pareció conducirlo a la derrota del referendo revocatorio de agosto del 2004.
Chávez se escabulló, y desde entonces, con el asesoramiento cubano y el alza de los precios del petróleo, empezó a crear el modelo de “socialismo petrolero” que consiste en destruir el aparato productivo nacional, privado y capitalista, para sustituirlo por un sistema económico estatal cuya única viabilidad se traduce en importar comida, materias primas y productos elaborados que ya no se producen ni se producirán en el país, en gigantescas cantidades financiadas por las exportaciones de crudo.
Importador neto de todo cuanto se necesita y produce en el extranjero, y exportador neto de petróleo, es el lema o principio que resume y grafica el socialismo del siglo XXI, o socialismo petrolero, de características que son analizadas hoy en medios académicos internacionales, pero no por lo viable o inviable, sino por lo esperpéntico.
Y en medio de todo, resonando en CNN en español las risas del exministro y director de Telesur, Andrés Izarra, que no era que estaba desmintiendo las cifras de sociólogo, Roberto Briceño Leòn, sino revelando su propia miseria.
Opinión

Manuel Malaver

La Razón / Noticiero Digital

miércoles, 26 de mayo de 2010

Chávez y el fantasma del general Noriega /Manuel Malaver

Chávez y el fantasma del general Noriega

Asustado, muy asustado lució Chávez en un Consejo de Ministros trasmitido por Venezolana de Televisión, VTV, la noche del jueves cuando se refirió a una noticia llegada a Miraflores “sobre la detención en Miami de 14 venezolanos acusados de lavado de dólares provenientes del narcotráfico”.

Temblor de manos y de voz que fue presidido por un recuento de cómo el imperialismo norteamericano con conspiraciones que iban, desde atentados e invasiones, hasta la siembra de enfermedades y desastres naturales, destruyó a la Unión Soviética y al comunismo y concluyó con el típico: “Vienen por mi… pues, no se extrañen que sea con la excusa del narcolavado que busquen destruirme, a mi y a mi revolución, en un juicio donde me acusen y condenen por ser uno de los capos del narcotráfico aquí y en todo el continente”

“Les doy un dato importante” continuó Chávez dirigiéndose a sus ministros y a la teleaudiencia “ y es que la juez que lleva el caso es aquella, Joan Lenard, que no se si se acuerdan es la misma que condenó a los héroes cubanos y seguro puede haber recibido órdenes del imperio de que la próxima víctima sea yo, Hugo Chávez, y dicte una orden de captura en mi contra, así como contra ustedes, Elías, Jorge, Nicolás, que también pueden ser objeto de la persecución del imperio”.

No se refirió, Chávez, sin embargo, al caso y al nombre que le bullían en la mente y era la causa de que seguramente no habían dejado de temblarle la voz y las manos en las últimas horas, como es el expediente y la historia del general y expresidente panameño, Manuel Antonio Noriega, quien, luego de ascender militar y políticamente de la mano del general Omar Torrijos, lo heredó en la presidencia del Istmo (1983), pero en absoluto para normar la vida democrática del país y restablecer la constitución, sino para violarla aún más, hacerse presidente o dictador vitalicio, y si lo dejaban, fundar una dinastía: la de los Noriega.

Y fue en estos menesteres, -los de construir una dictadura y una dinastía-, que Noriega descubrió que era un furioso antiimperialista, antigringo desde que tuvo uso de razón, un nacionalista cuya misión era despertar al continente, un marxista y socialista que había leído “El Capital” en el vientre de su madre, un mestizo de indio y negro dispuesto a despertar el orgullo de las razas, y sobre todo, un militar y guerrero que con armas y equipos militares, ejércitos, milicias y reservas (“con el pueblo armado”) estaba dispuesto a desafiar y derrotar a los ejércitos imperialistas si “hollaban el sagrado suelo de la patria”, para recordar a otro general, pero venezolano: Cipriano Castro.

infancia, no dudaré en entregar mi vida, en enfrentar la muerte, por Panamá, Latinoamérica y los que más sufren” Pero también un fanático de Fidel Castro y la revolución cubana, de Ortega y el sandismo, del Farabundo Martí y sus guerrillas, de Marulanda y las FARC y de todo cuanto pudiera contribuir a encubrirle sus estentóreas, desmesuradas y locas ambiciones.

En otras palabras: que Noriega podía llegar al extremo de implantar una dictadura marxista y totalitaria, destruir la economía y la política panameñas, de arrasar con la sociedad civil y los principios ciudadanos, si era que no lo dejaban disfrutar del goce, jugar con el juguete de gobernar él y sus descendientes hasta que Dios decidiera otra cosa.

Pero no solo era cuestión de palabras y deseos, de discursear y declarar, sino que Noriega aparecía en cadenas incontables e infinitas de la radio y televisión, rodeado de ministros y generales, de revolucionarios de dentro y de afuera, en mitines, marchas y caravanas, donde arengaba a los suyos y a las multitudes a no cejar un segundo, ni un milímetro en la decisión de hacer morder el polvo derrota al archienemigo de Panamá, Latinoamérica y la humanidad: el imperialismo yanqui.

Me acuerdo que se hizo típico –y hasta popular- en aquellos días, prender la televisión y encontrarse con el general Noriega en zafarrancho de combate, en una marcha, un mitin, un desfile, una reunión social, y hasta en un consejo de ministros, blandiendo un machete, agitándolo en el aire y gritando: “Así como he militado en la causa de la revolución, de la nación y del pueblo desde mi más tierna

Lo que contaban los archivos de inteligencia de Estados Unidos, México, Cuba, Colombia, Israel y Francia, sin embargo, del general Noriega era otra cosa, pues, había sido un cumplido agente de la CIA casi “desde que tuvo uso de razón” y “desde su más tierna infancia”, colaborador conspicuo como oficial de la Guardia Nacional Panameña de la fatídica Escuela de Las América, y partícipe en represiones, persecuciones y violaciones de los derechos humanos de revolucionarios y nacionalistas, no solo en Panamá, sino en países de Centroamérica y el Caribe.

Y dispuesto a dar órdenes de disparar, torturar, encarcelar y exiliar a los panameños que se oponían a sus designios, a su empeño en ser el primer presidente vitalicio y dinástico de América latina... después de Fidel Castro.

Pero había más, mucho más: los datos de más reciente data de aquellos tiempos, los que se referían a los últimos años del general Torrijos y a los tiempos en que su sucesor había ascendido a la presidencia, hablaban de un general, Noriega, con relaciones intensas con el cártel de Medellín y el cártel de Cali, cuyos cabecillas, Pablo Escobar y Rodríguez Orejuela, se encontraban frecuentemente con el general, visitaban Panamá y usaban su territorio como aliviadero de las flotas que viajaban al norte transportando cocaína.

O sea, todo un personaje fundador y pionero de la narcopolítica, de aquella que no tiene empacho en aliarse con las fuerzas más negras y abominables de la corrupción y la disolvencia, con tal de que el caudillo, de que el redentor, de que el comandante en jefe brille en su gloria por los siglos de los siglos y de los siglos, amén.

De modo que otra razón para que Noriega arreciera en su predica revolucionaria y antiimperalista y amenazara y desafiara a los Estados Unidos y a su presidente, Ronald Reagan, a que viniera por él, a que invadieran Panamá, si querían precipitar al imperio por el abismo de la humillación y la ruina.

Y la invasión norteamericana llegó (creo que el 20 de diciembre de 1989), y en menos de lo que canta un gallo, Panamá conoció la presencia de los marines, y de los aviones Stealth 116 y de los helicópteros Apache; y el ejército de Noriega, y sus milicianos y reservistas no se vieron por ninguna parte, y del mismo no se supo sino cuando fue capturado, llevado a los Estados Unidos, juzgado y condenado a 29 años de cárcel por “narcotraficante y lavador de dinero proveniente del narcotráfico”.

El general, Noriega, ha conocido, por cierto, cierta prensa en las últimas semanas, o meses, y es que, cumplido el término de su condena en septiembre del 2007, tuvo que esperar 3 años por una solicitud de extradición “por narcotráfico” del gobierno de Francia, concedida en abril del 2010.

Y debe ser contemplando el retrato de un Noriega envejecido, vencido y destruido por los años, las rejas y la loca ambición -que ha circulado profusamente en estos días-, que Chávez debe haberse preguntado no una, sino mil veces: “¡Dios mío, ¿seré yo? En algunos años ¿seré yo?”

Pero aterrizando en el juicio de Miami, la detención de los 14 venezolanos, y los autos que hasta ahora ha llevado a cabo la jueza, Joan Lenard, me salta la pregunta: ¿Tiene Chávez razones por qué preocuparse, debe de verdad esperar que vengan por él, y que en cuestión de meses, una decisión de la justicia norteamericana lo requiera para llevarlo a una corte como a un Noriega cualquiera?

Creo que en base a lo que está autos no, y de las informaciones periodísticas tampoco, y que salvo que el juicio tome un giro inesperado y dramático -de acuerdo a una lógica muy usual en la justicia gringa-, el presidente revolucionario y socialista, puede dormir tranquilo.

Y ese giro “inesperado y dramático” puede venir por el lado de que, estando Estados Unidos en estos momentos full de refugiados venezolanos que hasta hace muy poco fueron sus socios y protegidos en el sistema financiero (banqueros, corredores de bolsa y aseguradores), y de repente fueron convertidos en sus enemigos, y se les ha expoliado bienes, fortuna, país y honra, ¿no se presentarán a testimoniar en el juicio que lleva la juez Lenard, no irán a contarle lo poco cuidadosa que es la revolución bolivariana y su jefe a la hora de toparse y relacionarse con bienes, andanzas, y correrías de gente mal viviente y mal habida?

Aun más -y esto si es hilar fino- la feroz arremetida actual contra casas de bolsa y banqueros de la banca alternativa ¿no buscará querellarse contra un sector de venezolanos que tienen mucho que contar, y al cual debe calificarse de “bandidos, hampones y especuladores” antes de que empiecen a recordar historias de cómo sumas gigantescas de dólares negros entran al torrente circulatorio de la base monetaria venezolana y salen limpios de polvo y paja?

Pero, insistimos, no son certezas, sino teorías, presunciones, que en todo caso ayudan a explicar hasta dónde puede llegar la extrema ambición de poder, por cuantos laberintos y vericuetos puede perderse, con tal de hacerse con una presidencia vitalicia y de una dinastía con descendencia consanguínea y todo.
Opinión
Manuel Malaver
La Razón / Noticiero Digital

martes, 18 de mayo de 2010

EL HUNDIMIENTO // Manuel Malaver

 
EL HUNDIMIENTO //Manuel Malaver   
martes 18 de mayo de 2010
Pero hay más: según la última encuesta de Datanálisis (marzo de este año), la confianza en Chávez cayó en menos del 30 por ciento, el universo de los ni-nis se expande hasta casi un 50 por ciento del total del patrón electoral, pero revelando, igualmente, que más del 60 por ciento de los mismos votarían por los candidatos de la oposición a la AN, y la evaluación negativa del gobierno (gestión de Chávez incluída) traspasa ya el 50 por ciento.
En otras palabras: que otra hora de huir hacia adelante, otro momento para tratar de disfrazar los fracasos de éxitos, de trucar y troquelar sucesos, cifras, mensajes, realidades y darse tiempo siempre para esa foto del hombre que vendió al contado, aún frente al hundimiento de la plataforma gasífera.

No pudo resultar más emblemático que el hundimiento de la plataforma gasífera “Aban Pearl” en la madrugada del jueves, cuando realizaba trabajos de perforación y extracción de gas en el campo Dragón en la costa fuera de la población de Carúpano, ocurriera como culminación del conjunto de desastres que, desde el 2009, viene determinando que Venezuela será el único país del continente americano en recesión en el 2010 y 2011 y, a menos de que ocurra un milagro, incluso en el 2012.
Demostración de cómo pésimas políticas económicas y de la elección de un modelo de desarrollo anacrónico e inviable, bastan y sobran para engullirse las oportunidades más inescapables de un país, condenándolo al círculo vicioso de ver pasar la riqueza fácil para sumergirse en la oscuridad de la pobreza, la incertidumbre, la exasperación y la desesperanza.

Nada diferente, por cierto, de lo experimentado por los venezolanos en los últimos 35 años, cuando de los picos de la prosperidad y la confianza, se cayó en la alta inflación, la caída del poder adquisitivo, la pulverización del bolívar y el crecimiento económico casi cero, pero que con la llegada al poder hace 11 años del teniente coronel, Hugo Chávez, y sus revolucionarios como consecuencia de una de estas crisis recurrentes, se creyó sería suficiente para que el país tomara ¡al fin! la senda del crecimiento sustentable y diversificado y de la corrección de los desequilibrios de miseria, desigualdad e injusticias sociales.

Resultó, sin embargo, lo opuesto, pues Chávez, no solo ha repetido, sino mejorado, la fórmula de los fracasos anteriores, llevándonos a un punto, que de no corregirse, podrían retrotraernos a los tiempos calamitosos y terribles de las guerras civiles del siglo XIX que podrían resumirse en el principio de: “Producción: CERO. Importación: TODO”.
Un vistazo a los indicadores de los últimos dos trimestres pueden colocarnos en la pista de que estamos hablando, con una caída del consumo del 10 por ciento, la más alta inflación del continente y del mundo occidental (29 por ciento), una inflación del 5 por ciento para abril pasado y el pronóstico de que en el 2010 se profundizará la caída del PIB hasta un 5 por ciento.


Sobre este acontecimiento ya se sabe que Chávez fue el primero en anunciarlo en la madrugada del jueves por el twitter, pero destacando que lo 95 trabajadores de PDVSA de la plataforma “estaban sanos y salvos y que las aguas del Golfo de Paria estaban limpias porque no se habían producido derrames de crudo”.
El parte completo del accidente, sin embargo, no lo daría sino el ministro de Energía y Petróleo, y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, desde luego que haciendo los mismos señalamientos de Chávez, pero mientras destacaba que el hundimiento “era un tropiezo en el camino de Venezuela hacia su independencia y soberanía”.
O sea, que se ocultó que la “Aban Pearl” era una plataforma operada por una empresa india, “Petromarine Energy Services”, (filial de “Aban Service OffShore Limited”), que negoció en el 2008 con PDVSA su arrendamiento durante 5 años a un costo total de 6,8 millardos de dólares.

Ahora bien, no se trataba de una plataforma de última generación ni mucho menos, sino que su aparición en el mercado data de 1977 y el país que la construyó y ofertó, Singapur.
Razón por la cual, no más comenzó a operar “Aban Pearl”, se notó su ineficiencia e incompetencia de la contratista, hasta reducirle una gran parte de la cuota de participación establecida en el contrato, debido a que no era “apta para operar a mar abierto, ni para el trabajo en aguas profundas”, según fuentes cercanas a la plataforma suministradas al periodista de “El Nacional”, Andrés Rojas Jiménez.
¿A cuánto se redujo el contrato? Pues a 1, 3 millones de dólares, de acuerdo a denuncia presentada el jueves por el diputado, Ismael García, ante la Asamblea Nacional.
Pero había otros detalles escamoteados por el dúo Chávez-Ramírez en el momento de anunciar el hundimiento de la plataforma, como es que no era el primer accidente en que se veía envuelta la “Aban Pearl”, porque el año pasado, concretamente el 15 de agosto, debió ser evacuada de emergencia al prestar servicios de perforación en Trinidad Tobago, “cuando comenzó hacer aguas y uno de sus flotadores se inclinó peligrosamente”, según el experto y exgerente de PDVSA, Gustavo Coronel.

En otras palabras: que no era nueva la plataforma, ni de última generación, ni la adecuada para operar “mar abierto, ni para el trabajo en aguas profundas”.
Entonces, ¿por qué se arrendó, y quienes son los responsables del riesgo que sufrieron 95 venezolanos, las aguas del golfo de Paria, y de la pérdida de cientos de millones de dólares que tanto ayudarían a resolver los problemas de viviendas, escuelas y hospitales por los que clama el país?
Pues imposible saberlo, y quizá nunca lo sabremos en tiempos de la llamada “revolución bolivariana”, pues ya Ramírez dijo que es “un tropiezo en el camino de la conquista de la independencia y la soberanía” y Chávez proclama que “lo importante a destacar es que lo 95 trabajadores están sanos y salvos y las aguas del Golfo de Paria, limpias”,
Y si es un gran logro, pero producto de que se pudo sortear una tragedia que Venezuela no merecía y que casi ocurrió por la irresponsabilidad de uno improvisados que piensan que imponerle a Venezuela una dictadura tan anacrónica y obsoleta como la plataforma “Aben Pearl”: “No tiene precio”, para recordar el slogan de una conocida tarjeta de crédito. 
 
Fuente: Venezuela Libre

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