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martes, 20 de marzo de 2018

La tragedia militar venezolana. Por: Asdrúbal Aguiar @asdrubalaguiar OPINIÓN.


 La tragedia militar venezolana. 

Por: Asdrúbal Aguiar

 @asdrubalaguiar

El encarcelamiento del MG (Ejército) Miguel Rodríguez Torres, marca, como lo aprecio, el punto de inflexión o desnudez en las vergüenzas de la Fuerza Armada venezolana, a cuya destrucción contribuye activamente Hugo Chávez Frías, suerte de felón que decide morir lejos de Venezuela, en Cuba, para dejarla bajo el gobierno de un mal colombiano. 

Su propósito aparente, al inaugurar en 1999 su mandato, es sacar a sus hermanos de armas de los cuarteles. “El gran activo humano, con la gran cantidad de recursos que están allí como desactivados, como si fuera otro mundo eso”, me impone – dice Chávez – desparramarlos sobre el país como semillas fértiles. Pero da ese paso a manera de desafío al poder civil democrático y a la misma democracia. Eso se constata más tarde. Tanto que, en 2004, desde la sede del componente que más critica antes y transforma luego en su cuerpo pretoriano y de esbirros: la Guardia Nacional, recuerda a sus compañeros que habían perdido sus fueros durante varias décadas a manos de los políticos, y él se los había restituido. Se trata, en la práctica, de una queja velada.

Es que a partir del 11 de abril de 2002, cuando Rodríguez Torres pasa a ser el jefe omnímodo de la policía política durante más de una década y bajo cuyos ojos ocurren los más enojosos sucesos – asesinatos de Estado, colusión oficial con el narcoterrorismo, incremento de la invasión por fuerzas cubanas – que destruyen todas las páginas de nuestra historia patria, las buenas y las malas, Chávez entrega su estabilidad a las FARC, a los hermanos Castro, y a los miembros armados del PSUV, partido oficial. No confía más en la FF.AA.

Es otra verdad, qué duda cabe, que Rodríguez Torres, ahora preso en una cárcel común, busca frenar, pero en 2014, la disolución del monopolio del poder militar que significan esos originarios círculos bolivarianos, derivados en círculos del terror o colectivos paramilitares, cargándose las vidas de algunos en Quinta Crespo. Eso le cuesta su cargo de ministro. Y le sustituye la Almirante Carmen Meléndez después un “tour de force” del presidente Nicolás Maduro con los mismos militares, que evitan así que tales mesnadas de criminales controlen el despacho ministerial con uno de sus inspiradores, el comisario Freddy Bernal, capataz del hambre del pueblo.

El general José Antonio Páez, primer presidente de la Venezuela separada de la Gran Colombia, establece la milicia en 1830. Crea la Academia de Matemáticas para formar, entre otros, a los militares, con la expectativa de forjar un ejército permanente. Innegablemente, El Catire, quien durante las guerras de independencia integra su ejército con peonadas reclutadas y al azar, a las que ofrece como contraprestación darles la patria como botín si alcanzan la victoria, al término igualmente pone de lado a los hombres de armas. Aleja al “partido boliviano” – el de los soldados, a los que Venezuela, según Bolívar, debe agradecer “vitaliciamente” sus servicios – y encomienda a civiles dibujar y recrear una república liberal y democrática como en 1811.

Venezuela cierra el siglo XIX con un rompecabezas de milicianos enojados y repartidos por todas las fincas y haciendas de sus señores feudales; lo que se acaba sólo durante la larga dictadura que instala la “república militar” de Juan Vicente Gómez. Quedan atrás los “chopo é piedra” – soldados de a pie – y son modelados los primeros oficiales de escuela que gobernarán el país a su muerte, después de 1935: Isaías Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez.

Así, sobre el esfuerzo inicial que hace el presidente Edgar Sanabria Arcia, en 1958, para aproximar al mundo civil con el militar y darle salida a un desencuentro histórico, el mundo militar se democratiza. Hasta adquiere, a partir de 1969, tesitura universitaria plena, como en sus orígenes cuando la Universidad de Caracas acoge la academia que dirige Juan Manuel Cajigal desde 1832. Se incorporan los oficiales a la vida de la nación sin secuestrarla, hasta 1999. Y sus gobernantes, previo a la aparición de Chávez en 1992, pueden decir lo mismo que el profesor Sanabria: “Me siento orgulloso de que, habiéndose respetado con dignidad al poder militar, me haya cabido la honra de reivindicar a José María Vargas, y junto con él, a la majestad augusta del poder civil”.

El mundo civil venezolano hoy se encuentra en desbandada, a falta de líderes legitimados, mientras los espacios territoriales de la nación son abandonados. El drama se hace tragedia. Y el mundo militar, cuerpo de generales sin soldados o con soldados mendicantes de lo vital para sobrevivir, medra en la locura de la parálisis. Es la locura de las grandezas y de las culpas, que amamanta aún el mar de ambiciones desatado dentro de los cuarteles durante y después del 11 de abril, cuando ocurre la Masacre de Miraflores y emerge, como nuevo Fouché criollo, Rodríguez Torres.

La desordenada insurgencia miliciana y paramilitar, ahora abierta y que molesta a los “militares” sólo pasada una década de la luna de miel, es lamentable réplica del siglo XIX nuestro; de ese tiempo de repúblicas pastoriles que nacen y fallecen junto a sus mandones de turno, por falta de Ejército.


FUENTE: RUNRUNES 
 

domingo, 8 de marzo de 2015

El hilo de Samper (en Venezuela) Por: Asdrúbal Aguiar.

 
 

Asdrúbal Aguiar: El hilo de Samper 

(en Venezuela)

“Aquellos que busquen ruptura del hilo constitucional obtendrán un firme rechazo”, afirma Ernesto Samper, secretario de la UNASUR y ex presidente de Colombia. A la sazón indica que viene a promover “un gran acuerdo social” para sacar a Venezuela adelante, bajo la batuta de Nicolás Maduro. 
 
Samper, por lo visto, desfigura la crisis venezolana y la calificarla de social, compartiendo, de entrada la tesis del responsable actual del derrumbe del país, en su antesala a una tragedia humanitaria. “La guerra económica no me deja gobernar”, tampoco el Imperio, dice Maduro.

Se explica que Samper, aislado como ejerce su gobierno y en abierta confrontación con los Estados Unidos, tenga comunidad afectiva con el régimen hoy instalado en Venezuela. Al primero lo enloda el narcotráfico y a éste, según declaraciones de altos personeros que forman filas dentro del chavismo, le ocurre otro tanto con su Cártel de los Soles.

Lo que si resulta insólito, es que el Secretario de la UNASUR, graduado de jurista en la Universidad Javeriana y luchador partidario en su país, afirme en un tris, comprando la tesis revolucionaria, que “aquellos que busquen ruptura del hilo constitucional” serán llevados al paredón por la organización de gobernantes que lo tiene como cagatintas.

¿Acaso no sabe que Venezuela tiene un régimen que desde 1999 ha fracturado el orden constitucional y hace mutar a la Constitución más de 178 veces hasta la muerte de Hugo Chávez, con escribanos a su servicio y para afincarse en sus despropósitos autoritarios?

¿Es o no una ruptura del hilo constitucional que Maduro secuestre, sin mediación judicial ni investigación previa, con funcionarios sin rostro y armados con instrumentos de guerra, al Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, electo por 715.000 votos, y luego lo deposite en la policía política mientras la Fiscal General y jueces a su disposición le remiendan su disparate?

¿Es o no una grave alteración del orden democrático ejercer el poder, como lo hace Maduro, al margen del Estado de Derecho y atentando contra la libertad de expresión y opinión – columna de la democracia – al imponer un black out informativo – cadena de radio y televisión – mientras esbirros ejecutan el señalado crimen de Estado; para luego acusar éste al burgomaestre metropolitano por suscribir una opinión publicada en el diario El Nacional, junto a María Corina Machado y el preso político Leopoldo López?

Pero Samper reduce la circunstancia a la búsqueda de un gran “acuerdo social” en diálogo con la oposición democrática, que ni arte ni parte tiene en los hechos que llevan al país al despeñadero y que carece del poder necesario – salvo su voz – para enmendar los rumbos.

Lo que debería reparar Samper – si no mediasen las hipotecas que lo llevan a ser vocero de la Unión de Naciones Suramericanas – es en lo elemental, en el quiebre moral que afecta a nuestra República y viene desde la hora en que el hoy fallecido Chávez pacta con las FARC un “modus vivendi”, en agosto de 1999. He allí la fuente real de la miseria que vivimos los venezolanos. El narcotráfico inunda las estructuras de poder, concentradas todas en manos del celebrado Comandante Eterno, y las corrompe, y corrompe a una parte importante de sus conmilitones quienes bajo el efecto del delirio dilapidan 1,295 millardos de dólares, sin dejar obra cierta que no sea el engorde de sus bolsillos.

Las estadísticas económicas no mienten.

La inflación se aproxima a tres dígitos, la más alta del mundo. Se ha devaluado la moneda en 3.823 por ciento. No hay divisas para comprar y el parque industrial y comercial es un cementerio, confiscado y clausurado por la revolución. Tenemos un déficit de 35.000 millones de dólares en 2015 y las reservas líquidas quizás lleguen a 5.000 millones de dólares, evidenciando el quiebre de nuestro Estado capitalista, corrupto y revolucionario; que al paso nos deja endeudados por 147.000 millones de dólares y sin petróleo que vender. El poco que ahora se produce es para pagarle a los chinos y seguir alimentando al sultanato que nos ha colonizado, la Cuba de los ancianos Castro.

La violencia que nos anega, señor Samper, por si no lo sabe, la importa el régimen desde su suelo y en pacto con la misma gente que a Usted lo empaña como gobernante, haciéndolo impresentable. Cerramos 2014 con 24.890 homicidios, en una tasa que es la segunda más alta del mundo.

Los culpables a todas éstas, según Maduro, a quien Usted viene a auxiliar, son 64 presos políticos, quienes por opinar y advertir sobre dicha tragedia que nos humilla residen hoy en cárceles militares o viven depositados en las “Tumbas” para torturados.

¡No hable de hilo, señor Samper, mejor úselo para coserse la boca!

correoaustral@gmail.com
 
FUENTE: La Patilla 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Dictador inconstitucional y reo de delito. Por: ASDRÚBAL AGUIAR.

 
Por: ASDRÚBAL AGUIAR
EL UNIVERSAL

Dictador inconstitucional y reo de delito

El allanamiento de un diputado, no vulnera la representación constitucional que le corresponde

martes 19 de noviembre de 2013  12:00 AM
Entiendo que la teoría política ofrece tantas vertientes que pueden confundir la calificación del régimen autoritario imperante en Venezuela. Pero lo indiscutible es que no rige en ella una democracia, menos la Constitución.

En mi libro Historia inconstitucional de Venezuela, al narrar las violaciones a esta ocurridas entre 1999 y 2012, que suman 175, hube de hacer un ejercicio cuidadoso para determinarlas. Sin embargo, lo que hoy ocurre es más ominoso, distinto. Desde enero del pasado año se instala un despotismo iletrado que gobierna pasionalmente, apelando a los mitos y ni siquiera fingiendo cumplir con las formas mínimas de un Estado de Derecho. Se manda a empujones, sin regla válida que pueda predecir las conductas públicas y sociales.

Lo del llamado diputado 99, hijo de una corruptela, obtenido a la fuerza y una vez más con el apoyo de "jueces del horror" para habilitar la función dictatorial de Nicolás Maduro Moros, es la expresión acabada del desprecio que por la representación democrática tienen el binomio Maduro-Cabello; este último -el teniente Diosdado- cabeza de una Asamblea Nacional mudada en guarida prostibularia de las leyes.

No existe norma alguna en la Constitución o en el Reglamento Interior del Parlamento que prevea, ante el allanamiento de la inmunidad de un diputado, su coetánea cesación como tal y que al efecto pueda sustituírsele sin más.

Realizado el antejuicio de mérito, estipulado asimismo por la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, el allanamiento determina únicamente que el diputado afectado -en el caso la parlamentaria María Aranguren- pueda ser sometido a juicio sin esperarse al término de su mandato. Pero nada más. ¿A cuenta de que se le sustituye a Aranguren con un suplente, para que vote de manera contraria a como ella pudo hacerlo para impedir la instauración de la dictadura madurista?

El asunto adquiere contornos aberrantes cuando a la par se aprecia que el ahora inconstitucionalmente habilitado para dictar leyes, incurre en la comisión de un delito por doble partida; así pretenda cubrirlos como lo hacía su causante, Chávez, en 1999, arguyendo cierta idea vaga y acomodaticia de la justicia: "no es delito robar cuando se tiene hambre".

Nuestra legislación penal es precisa a disponer, en su artículo 293, que es reo de delito y puede sufrir pena de presidio entre cinco a nueve años quien "haya ejecutado algún acto que tenga por objeto exponer a la República... al saqueo". Y eso fue lo que provocó, deliberadamente, el déspota iletrado Maduro. Por si fuese poco, propicia confiscaciones de propiedades privadas por las vías de hecho, al margen de la Constitución, fuera de la intervención judicial anticipada que esta ordena en su artículo 116.

No hay Constitución, en suma, porque dejó de existir la democracia.

Bien cabría discutir lo último sólo hasta la muerte del testador -quien expira lejos de la patria y que la destruye y veja con odio inenarrables- pero no más desde cuando el causahabiente le pone la mano a Miraflores. Y cabe reseñar para la historia postrera que es Luisa Estella Morales, a la sazón presidenta del Supremo Tribunal y de su Sala Constitucional -hoy venida a menos- quien se encarga de rebanar las formas y el fondo de nuestro último "pacto de civilidad", para enterrarlo.

Maduro no podía, apoyado en una sentencia de un tribunal de jueces espurios quienes aplanan a la Constitución, asumir como encargado del Poder Ejecutivo y dentro un lapso republicano que no llega a inaugurarse por ausencia y falta de juramentación de quien lo designa vicepresidente; como tampoco podía, en esta calidad, ser candidato presidencial. Y lo fue, justamente, porque él y los suyos acabaron con lo poco de ficción constitucional que nos restaba. Por lo pronto, de cara a lo inmediato, el país decente y democrático y lo que quede de su Fuerza Armada institucional han de saber que Carlos Flores, el forjado y falso diputado 99, es otro reo de delito. Así cabe registrarlo. Usurpa funciones públicas civi- les, por lo ya explicado, conforme al artículo 213 del Código Penal.

El allanamiento de un diputado, tan no vulnera la representación constitucional que le corresponde -por respeto a la soberanía de sus electores- durante el período de su elección, que si un condenado resulta electo diputado encontrándose tras las rejas, una vez proclamado, por mandato de la democracia y su garantía, debe ponérsele en libertad. Debe suspenderse -no anularse- la ejecución de su pena hasta tanto cese como tal; todo ello, justamente, para proteger a los ciudadanos y salvaguardarlos de los atentados que a sus libertades ahora sufren en Venezuela a manos del binomio del mal absoluto.

correoaustral@gmail.com
 
FUENTE:  EL UNIVERSAL

sábado, 12 de octubre de 2013

MIRAFLORES Y VENEZUELA, BAJO CONTROL MILITAR DEL CESPPA. Por:Asdrúbal Aguiar.



Crónicas de Facundo

MIRAFLORES Y VENEZUELA, 
BAJO CONTROL MILITAR DEL CESPPA 
Asdrúbal Aguiar

Acaba de aprobar Nicolás Maduro un decreto con el que cava su tumba de gobernante. La claque militar que lo rodea y da sustento blinda el círculo de su poder e impone su inconstitucional Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria. Para lo sucesivo, mientras dura, son transformados en eunucos – cuando menos - los ministros del interior, de relaciones exteriores, y de defensa. Dejan de ser, en la práctica, órganos directos del Presidente de la República, como lo manda el artículo 242 constitucional.

La cuestión es muy grave. No se reduce al aspecto que de buenas a primera destaca preocupada la prensa, como lo es el nacimiento de un mecanismo de censura de la información en Venezuela, que atenta contra la columna vertebral de su democracia.
Chile tuvo su DINA – extraña a lo institucional y protestada en soledad por el Jefe de Inteligencia de Carabineros – y por ella termina empantanado Augusto Pinochet Ugarte. Ahora se hablará, aquí, del CESPPA, cuyas siglas, consagradas como fetiche, desnudan la autoría castrense del manido decreto.

Una iniciativa similar, debo recordarlo, toma cuerpo en algunas mentes enfermas de poder a inicios del mandato del fallecido Hugo Chávez. Pretenden mudar hacia el Palacio de Miraflores y bajo dependencia inmediata del Presidente a una suerte de policía secreta sobre los escombros de la DISIP, llamada Sistema Nacional de Inteligencia. El Teniente Eliezer Otaiza, ex constituyente y cabeza de aquella, busca ser los ojos y la sombra del mismo Chávez al frente del “ente rector” propuesto, para asesorarlo sobre los peligros a su estabilidad, y mantener actualizada la “estrategia nacional de inteligencia”. Casi que lo logra.

La Comisión Legislativa aprueba en 2000 la ley en cuestión, pero en buena hora, debo decirlo, tropieza primero con el General Raúl Salazar Rodríguez y luego con los ministros Luis Alfonso Dávila y José Vicente Rangel, quienes impiden su ejecútese. Cuidan al Presidente. Y si bien es cierto que todos los gobiernos, autoritarios o no, tienen bajo su disposición aparatos de información, los gobernantes cautos optan por mantenerlos a distancia, diversificándolos, bajo cuidado de sus ministros del ramo.

Pues bien, el decreto que le da vida a la DINA venezolana, competente para ser “ente rector y articulador de las políticas de trabajo de las instituciones responsables de la Seguridad, Defensa, Inteligencia y Orden Interno, Relaciones Exteriores y otras que tengan impacto en la seguridad de la Patria” (artículo 3), dirigirá, establecerá y controlará todo lo relacionado con la obtención, fijación de prioridades, análisis y traslado o no de las informaciones que considere estratégicas (artículo 8), y le cabe hasta declararlas  o no secretas (artículo 9). 

En suma, tendrá el poder que no tiene Maduro, sobre todo en una sociedad global donde el poder reside en la información y no en las armas. El CESPPA es quien decide que se le informa o no al Jefe del Estado. Nada menos. Y esto lo digo con la angustia de haber sido Ministro de Relaciones Interiores hasta febrero de 1999.

Pero el asunto no se queda allí. Lo no previsto en el aberrante e inconstitucional decreto le compete resolverlo, a su arbitrio, al Mayor General del Ejército quien hoy ocupa el Ministerio del Despacho de la Presidencia, llamado antes Ministerio de la Secretaría y en sus orígenes históricos Secretario de la Presidencia. 
A pesar del poder que  le da su proximidad al ocupante del Palacio, ni siquiera es discreto ni firma de último como sus antecesores, tras los ministros. El decreto del caso – ello revela mucho el fondo de la cosa – lo firma de primero, luego de Maduro.

En fin, el poder real de la República está en manos castrenses, en las del Secretario de Maduro y del otro Mayor General quien ocupará el CESPPA, en calidad de “rector y articulador” de las políticas de trabajo de los ministerios mencionados. Y ello viola el artículo 323 de la  Constitución que instituye el Consejo de Defensa de la Nación; deroga de facto la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, que desde 2022 confía a la Secretaría de dicho Consejo – bajo control colegiado - y a sus Centros de Evaluación Estratégica y de Políticas y Estrategia, proveer a los objetivos que dice realizar el decreto del caso pero de manera torpe; en fin, arrasa con la Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia que – visto el error del 2000 – confía a la coordinación de los ministros del interior y de defensa tales asuntos y fija desde ya las normas sobre clasificación de los documentos secretos.

Germán Suárez Flamerich, hombre inteligente de la Generación del 28, civil, creyó gobernar a Venezuela a la muerte de Carlos Delgado Chalbaud, sin entender que quienes mandaban eran los militares. Maduro cree lo mismo. ¡Es un mal presagio!

correoaustral@gmail.com
REMISIÓN: César Guillén. 


miércoles, 13 de febrero de 2013

Los batracios. Por: Asdrúbal Aguiar.

 
Martes 12 de febrero de 2013  12:00 AM
Los batracios
Opositores y herederos del caudillo enfermo, 
creen a pie juntillas que la prioridad es repartir o sobrevivir 
ASDRÚBAL AGUIAR |  EL UNIVERSAL

Se trata de un cuento, reflejo de nuestra cruda realidad. Y no es cuento. El autor de Los Batracios, Mariano Picón Salas, muestra que estar en el Gobierno o la oposición es obra de la circunstancia. La gente cambia de silla según sus temores e intereses, mientras el caudillo de turno conserva el poder. Se trata de sobrevivir, de cuidar el pellejo a fin de cuentas.

¡Y no es que las cosas sean distintas más allá de Venezuela, pero el caso es que en nuestro caso pesa mucho la ausencia de identidad o el sentido de pertenencia, el "no ser", salvo que lo indicado sea el "ser" de los venezolanos!

Los yugoeslavos pierden a Tito, y la República que él forja como molde para contener a culturas diversas, una vez como se desmorona, aquellas regresan y atan otra vez, incluso a costa de una cruenta guerra. Para nosotros, entre tanto, es irrelevante la muerte de la República. Poco importa que Luisa Estela Morales firme su acta de defunción. Que nuestra bandera, el escudo, el nombre de la misma República cambie o sean enajenados nuestro patrimonio y territorio a manos de extranjeros, no nos inmuta. La "ausencia" de Hugo Chávez Frías, gendarme moribundo alrededor de quien se explican nuestros odios y pasiones como colectivo -¡sin él como que nada somos!- crea un terremoto anímico inaudito; similar al que procura la larga enfermedad y muerte de Juan Vicente Gómez.

Nada significa, pues, que algunos diputados de la oposición salten la talanquera y midan costos de oportunidad, por huérfanos de toda textura principista o social. Antonio Leocadio Guzmán, padre del presidente Antonio Guzmán Blanco, al preguntársele por la razón de su militancia liberal, responde sin más que es liberal por cuanto a sus adversarios los llaman conservadores.

El coronel Cantalicio Mapanare, personaje del cuento, en su fundo coriano -donde sí manda- halaga una noche a la peonada. Le da a beber cocuy. Prepara el asalto del poder, la toma de la jefatura civil del pueblo. Impondrá su autoridad, la ley del machete. Ya no soporta que el jefe civil lo multe a cada rato para evitar que se alebreste y que éste pretenda que no se burle de las ordenanzas. "La ley pareja no es dura", lo entienden ambos.

Lo cierto es que el Coronel quiere mejorar la "República". Al efecto llama a su abogado, quien le aconseja organizarse mejor para su propósito. ¡A usted lo llamé para que redacte la proclama, no para que se inmiscuya en las cosas de la guerra de las que nada sabe, por civil!, ajusta Mapanare; tanto como el pasado mes de enero lo espetan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello ante la escribana Morales, presidenta del TSJ.

Borracho y amanecido Cantalicio Mapanare se dirige al pueblo, ordena a su doctorcito tomar apuntes de la gesta, y asalta la jefatura civil. El policía de guardia escucha el ¡patria o revolución! Los vecinos cierran sus puertas y ventanas, pues el asunto no les concierne. Y al encontrarse solo, frente al caudillo revolucionario, le dice tembloroso: ¡Usté sabe mi coronel, que a nosotros nos mandan!

Arrestado y en calzoncillos, al jefe civil se le obliga tomar sus aperos y volver a la montaña desde donde vino hacia la costa. Y celebrando la victoria con sus seguidores, uno de estos llama General a su Coronel. Es elevado a la jerarquía por el "plebiscito" de los suyos y manifiesta, como lo hace Páez ante Bolívar: ¡si la República lo autoriza, así sea! Y el leguleyo, en nombre de la República, extiende las actas. Una vez como el ahora general Mapanare se marcha del pueblo, anoticiado de que las fuerzas constitucionales avanzan hacia el sitio, le pide a su abogado tener coraje pero santiguarse, y él también lo hace: ¡con dos te veo, con tres te ato, la sangre te bebo y el corazón te parto!

La Habana y sus babalaos vienen a mi memoria e interrumpo la lectura del cuento de Picón, pero al continuar, constato la miserable enseñanza.

Cantalicio es hecho preso junto a su abogado. Sus labriegos, sin esperar, alzan los brazos y dicen ante los constitucionales, ¡a mí me llevaron! Ninguno tiene que ver con la cuestión. Pero el hombre de leyes y picapleitos, quien solo escribe, se tropieza con un viejo compañero de escuela -esbirro y con ojos de batracio- quien, por lo visto, tiene viejas cuentas que ajustarle. El doctorcito, quien calla por civil y escribe proclamas, termina sus días en la cárcel. Nada le vale la oración del "enemigo oculto" rezada por el ahora General: ¡con dos te veo, con tres te ato... !

Hoy, opositores y herederos del caudillo enfermo, creen a pie juntillas que la prioridad es repartir o sobrevivir. Plata o plomo, es el dilema de Wolfgang Larrazábal en 1958. La República y su Constitución es preocupación ingenua de los firmantes del Pacto de Punto Fijo, pero dura hasta 1998.

correoaustral@gmail.com

miércoles, 16 de enero de 2013

No reconozco a los déspotas. Por: Asdrúbal Aguiar.

  ASDRÚBAL AGUIAR. EL UNIVERSAL
martes 15 de enero de 2013  12:00 AM
 
No reconozco a los déspotas
Ese orden de facto que hoy nace... es irreconocible para los venezolanos
Durante 14 años he escrito sobre el régimen que se instala en Venezuela desde 1999. Lo llamo "demo-autocracia", pues expresa -obra de la anomia y la amoralidad política corrientes- al gobernante que personaliza el ejercicio del poder y lo hace de modo absoluto, sin miramientos. Sus decisiones no son limitadas o frenadas con eficacia por otras fuerzas dentro del Estado o la sociedad, que se le subordinan. La separación de los poderes y la sujeción de éstos a la ley, características de la República, le significan formulismos estériles o las digiere si son hijas de su voluntad y amoldables a su voluntad. Pero, he aquí lo novedoso, se hace autócrata por consentimiento popular y en elecciones plebiscitarias.

Se afianza así una modalidad de dictadura por los caminos de la democracia. Democráticamente se le da partida de defunción a la democracia, o acaso se la sostiene nominalmente pero perturbando y haciendo de su lenguaje una Torre de Babel. Sus valores y principios son reinterpretados a conveniencia, para encubrir a la misma autocracia y minar las resistencias de la opinión pública democrática.

No cuenta la ética de la democracia, a cuyo tenor los fines legítimos reclaman de medios legítimos y viceversa. Y se impone, en apariencia, una dictadura de mayorías, más allá y por encima de la Constitución, pero a la sazón éstas encarnan en el autócrata, quien habla y decide por ellas.

Esto ha sido así hasta ayer.

La "heterodoxia" democrática llega a su final y la cobertura engañosa de sus formas rueda por el piso. Al autócrata lo vence la fatalidad y en la hora postrera sorprende e intenta amarrar el futuro, con apego a la ortodoxia: "Si como dice la Constitución... si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, así dice la Constitución, que a mi me inhabilite... para continuar al frente de la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar, en los pocos días que quedan... ¿un mes? ... Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período; sino que mi opinión firme... -en ese escenario que obligaría a convocar como manda la Constitución de nuevo a elecciones presidenciales- "ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente... ", son las palabras de Hugo Chávez, dichas el 8 de diciembre pasado, en una suerte de contrición y enmienda ante la disyuntiva de su inhabilitación física o desaparición.

Pero una cosa piensa el enfermo y otra sus herederos. De modo que, llegado el 10 de enero, cuando concluye el período constitucional y el Presidente en ejercicio acepta desde antes que deja de ser tal ese día y a la espera de que en su calidad sobrevenida de Presidente electo, nuevamente, jure para otro período, éstos deciden mantenerlo a distancia, invisible, lejos de intrusos e interesados en "su" patrimonio. Y presa y preso como es y está, en manos de Cuba, la "demo-autocracia" que crea y recrea muda en despotismo, con la aviesa complicidad de una justicia arrodillada. De nada valen su testamento ni la claridad de nuestro orden constitucional para eventualidades como las suyas.

El despotismo predica un ejercicio del poder más ominoso que la autocracia. Es el poder movido por la pasión, sin frenos, dominado por los caprichos, que todo lo arrasa y arrastra a todos, y abate los ánimos sembrando desaliento en el más débil sentido de la dignidad, dada la vocación servil de los gobernados. Al déspota se le cree o presenta como a un Dios o su descendiente, o sumo sacerdote; y en eso, justamente, a conveniencia, mediante un artificio jurídico que autentica como escribana Luisa Estela Morales, es transformado Chávez por los Maduros y los Cabellos, guiados por los albaceas testamentarios de los Castro, bendecidos por los Insulza y hasta por Marco Aurelio García, a nombre de Brasil.

La Constitución cambia en horas de espaldas al poder constituyente. El gobernante enfermo, luz de la revolución es llamado a mantenerse como tal, más allá de sus circunstancias. Los usurpadores de su voluntad, piden se le reconozca como ser sobrenatural, atemporal, libre de juramentos o ataduras profanas y mundanas. "Puede volver cuando le de la gana", espeta hace algún tiempo José Vicente Rangel.

Ese orden de facto que hoy nace, en el que el "déspota" decide si jura o no lealtad a la Constitución y cuyo mandato jamás se extingue, es irreconocible para los venezolanos. Es la negación de los valores de la República imaginada en 1811 y que nos dimos a partir de 1830. "El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana,... desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos... ". Así lo prescribe el artículo 350. No lo olvidemos.

correoaustral@gmail.com

ATERRIZAJE EN VILA TEPEQUÉM, BRASIL. Por: Coronel ® (FAV) Sammy Landaeta Millán. Anécdota FAV. Venezuela

ATERRIZAJE EN VILA TEPEQUÉM, BRASIL.    Por: Coronel ® (FAV) Sammy Landaeta Millán.  Anécdota FAV. Como hemos relatado en es...