Mostrando entradas con la etiqueta Trino Márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trino Márquez. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de agosto de 2011

COMPAÑERO DEL TIRANO// Por:Trino Márquez // FOTO:Gadafi y Chávez



COMPAÑERO DEL TIRANO


Por: Trino Márquez 

Publicado el 25 agosto, 2011 por Alfonso Molina
En Libia, uno de los ejércitos mejor dotados de esa zona tan conflictiva y militarizada, fue derrotado por un grupo de insurgentes semidesnudos y mal equipados, pero afianzados en la inquebrantable decisión de no seguir aceptando que los gobernara un megalómano rodeado de un grupo gansteril. La Jamahiriya, añagaza con la que Muammar Gadafi embaucó al pueblo durante cuarentidos años, se hizo añicos. La Revolución Verde fue una fachada utilizada para cubrir todas las fechorías y extravagancias del Coronel.
Frente a su derrumbe, la Liga Árabe —plataforma política natural de la satrapía— se ha mantenido distante. Ninguna declaración condenando la legitimidad del Consejo Nacional de Transición y la arremetida final de los rebeldes y la OTAN, producto de la firme determinación de Sarkozy. Hasta los hermanos Castro, aparte de sus cansonas y genéricas denuncias del imperialismo, han guardado discreto silencio. Todo el mundo estaba hastiado de los desmanes del excéntrico Gadafi y su entorno de cleptómanos y asesinos. Todos, menos el teniente coronel Hugo Chávez y sus acólitos, incluido el comentarista de asuntos internacionales que todas las noches se desvive en loas a su jefe y en injurias a quienes lo adversan por Venezolana de Televisión. Es el mismo personaje que cada vez que George Bush aplicaba cualquier sanción o represalia contra terroristas por alguna agresión a los Estados Unidos, entraba en crisis histéricas. Ese señor no se ha conmovido ante el saqueo y los miles de crímenes cometidos en el país del Magreb por el clan Gadafi a lo largo de cuatro décadas.
¿Por qué Chávez se solidariza con Gaddafi, habla del genocidio contra el pueblo libio y dice que “solo reconocemos al gobierno del compañero Gadafi? ¿En qué puede ser “compañero” el caído dictador, que nunca convocó a una elección trasparente, que le impuso a Libia un régimen de hierro, aislado del planeta, y que manejó a su antojo su nación, de un Presidente electo por el voto popular dentro en una democracia que proclama una forma de gobierno plural y alternativa? En principio debería tratarse de dos figuras antitéticas, que basan su legitimidad en orígenes opuestos. Uno: la fuerza, el pillaje, el abuso. El otro: las votaciones, los controles institucionales, la rendición de cuentas.
¿Por qué Chávez se ve a sí mismo como “compañero” de un ser abominable al que todos los demócratas del planeta desprecian, y que deberá terminar en el Tribunal Internacional de la Haya? Porque Gadafi es su alter ego. El déspota que él no pudo ser porque la intentona golpista del 4-F fracasó, entre otras razones, porque no tuvo el coraje de cumplir con los objetivos que los conjurados le habían encomendado. El desprecio por la democracia y la diversidad, y la nostalgia por la fuerza bruta, le brotan a cada rato. Pocas semanas atrás le confesaba a José Vicente Rangel que lamentaba ese fracaso. ¡Qué fastidio tener que convocar comicios y enfrentar una oposición vibrante! Tan bueno que sería mantener al país sometido a su yugo. Actuar como Gadafi y los hermanos Castro quienes nunca se han molestado en organizar elecciones libres, ni polemizar con partidos políticos opositores, ni convivir con medios de comunicación independientes, ni conducir la vida nacional dentro de esa atmósfera tormentosa que es la convivencia democrática.
Chávez también es “compañero” de Gadafi en su paranoia y en su necesidad de concentrar y controlar todo el poder. Los delirios persecutorios del déspota africano no le impidieron realizar jugosos negocios con el “imperialismo” europeo. Italia y Berlusconi fueron de los más favorecidos. Su error estuvo en que su fortuna personal, obtenida con las corrupción, y a la que Chávez llama tramposamente “reservas internacionales”, las depositó en bancos europeos, en vez de invertirlas en hospitales, salud, escuelas, universidades, autopistas, carreteras, electricidad, y en todas las áreas que habrían aliviado la dura vida de los libios. Esta gente paupérrima estuvo dirigida por unos cretinos enriquecidos de forma obscena con el petróleo, y dilapidaron la riqueza los recursos nacionales en fiestas, clubes de fútbol, mansiones en el exterior, yates, aviones. En todo, menos en darle al pueblo lo que necesitaba.
La traída de las reservas en oro a Venezuela muestra ese lado que identifica al caudillo criollo con su “compañero”, el autócrata africano. Ordena repatriar el metal porque el imperialismo puede expropiarlas (tal como él sí hace con los activos de los venezolanos). Inventa mentiras estrafalarias para justificar sus antojos (lo más seguro es que el oro corra la misma suerte que los recursos dólares en el FONDEN y en el BCV: que se evaporen; ya veremos danzando millones en la campaña de 2012).
Chávez se declara “compañero” de un sujeto que martirizó y expolió al pueblo libio.
¿Le esperará el mismo futuro?
@tmarquezc
Remisión: Rafael Rodriguez 

jueves, 21 de julio de 2011

El Presidente exiliado // Por: Trino Márquez



Opinión
Trino Márquez
ND

El Presidente exiliado

En el artículo 18 de la Constitución aparece clarísimo: “La ciudad de Caracas es la capital de la República y el asiento del Poder Nacional. Lo dispuesto en este artículo no impide el ejercicio del Poder Nacional en otros lugares de la República”. El Poder Nacional, y el Presidente es la figura más importante de ese poder, sólo puede ejercerse dentro de los límites de la República, y no fuera de ella. ¿Hay espacio para la interpretación? ¿Cuándo te digo ¡No!, qué es lo que quiero decirte, me reñía mi madre?

Haber nombrado al Vicepresidente y al Ministro de Planificación Finanzas como sus amanuenses, no resuelve el problema constitucional creado por la ausencia del presidente Chávez debido a su exilio voluntario en Cuba. El tratamiento del cáncer en La Habana ejemplifica un caso típico de “falta temporal”, según lo señala el artículo 234. No se trata de de un viaje de Chávez por el globo terráqueo para firmar acuerdos con otros países, ni para buscar inversionistas extranjeros, sino para aplicarse un tratamiento de quimioterapia altamente agresivo, que disminuirá seriamente sus condiciones físicas y mentales.

El Presidente durante los próximos meses estará en condiciones de capitis diminutio. En estas circunstancias debería ser relevado por el Vicepresidente, de las numerosas obligaciones y competencias que le otorga el artículo 236 de la Carta Magna, pues simplemente no podrá satisfacerlas. Entre esas facultades se encuentran las de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional y dirigir las relaciones exteriores de la República. ¿Cómo puede ocuparse de estos compromisos, además de Administrar la Hacienda Pública Nacional, si su salud está minada por un cáncer?

El presidente Hugo Chávez les entregó la soberanía nacional a los hermanos Castro, quienes administran hasta la información que los venezolanos conocemos. Esa dupla ha sustituido a las autoridades nacionales y deciden qué se hace y qué no. Este grado de enajenación al que se ha llegado sorprende porque en Venezuela estamos en plena celebración de los 200 años de la firma del Acta de la Independencia. Los sucesos que se iniciaron el 11 de abril de 1810 y culminaron el 5 de julio de 1811, se desencadenaron por la condición de rehén en que se encontraba el rey Fernando VII, a manos de José Bonaparte. Hugo Chávez, para darle más brillo a la conmemoración independentistas, decidió convertirse en prisionero de Fidel y Raúl Castro. Extraña manera de celebrar tan magna fecha, ¿verdad?

Las razones para no declarar la “falta temporal” prevista en la Carta Fundamental y optar por darle un permiso indefinido, fórmula que no existe en la Constitución, responde a varias razones. Chávez construyó un régimen personalista y autocrático que no admite sustitutos, ni delegaciones importantes. El régimen es un edificio que se apoya en una sola columna, de allí su enorme fragilidad. El PSUV no es un partido político en el sentido en que lo fueron AD y, un poco menos, COPEI. Estas fueron estructuras nacionales con una buena dosis de leninismo, capaces de sobrevivir e, incluso, oponerse, a sus dirigentes fundamentales. Raúl Leoni resultó el abanderado de AD en 1963 a pesar de las resistencias ostensibles de Rómulo Betancourt, para ese momento Presidente de la República. ¿Alguien puede imaginarse que, en el caso de que Chávez no pueda concurrir a los comicios de 2012, el candidato del PSUV no sea escogido e impuesto por el caudillo?

Este es un régimen frágil. El socialismo del siglo XXI nunca se ha consolidado en los militantes, ni en las bases del chavismo. Solo existe en la cabeza de Hugo Chávez y unos cuantos radicales que lo acompañan en semejante disparate. El entorno militar y civil que han utilizado la bonanza petrolera para enriquecerse de forma obscena no cree en anacronismos ideológicos. Le interesan más los negocios y el billete que el Manifiesto Comunista. A este grupo lo cohesiona y lo limita en sus ambiciones Chávez, nadie más.

Los acuerdos y la lealtad ciega a los Castro tampoco es asunto que le preocupe a la boliburguesía con poderosos tentáculos políticos. Las relaciones únicamente le quitan el sueño a Chávez y, parece que también, a Jaua. Por esto los Castro habrán autorizado que lo designaran el escribiente oficial del mandatario exiliado.

Queda claro, entonces, que la renuncia a la soberanía por parte de Chávez y su entrega a Fidel y a Raúl, responde a la necesidad de preservar los intereses cubanos en Venezuela, en medio de la inseguridad e incertidumbre que provoca la sucesión del caudillo criollo.

@tmarquezc






Remisión: Haydée Irausquín

martes, 6 de julio de 2010

La traición de las élites // Trino Márquez

 
Trino Márquez // La traición de las élites

La experiencia venezolana indica que la élite tiene que prever y anticiparse a los acontecimientos

El papel de las élites dentro de los procesos de cambio o en el mantenimiento del orden establecido, ha sido ampliamente estudiado por la teoría y la sociología política. Desde Max Weber, Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels, a comienzos del siglo XX, hasta Robert Dahl, luego de la segunda mitad de la centuria pasada, numerosos han sido los pensadores que se han ocupado de este asunto. Cada uno de ellos destaca, desde su propia perspectiva, el enorme peso de las vanguardias políticas, intelectuales, gremiales o sindicales, en las transformaciones sociales o en la conservación de los modelos existentes.

En Venezuela este tema se estudió en el pasado con densidad. Conflicto y consenso, la investigación dirigida por José Agustín Silva Michelena en la década de los sesenta, representa un clásico que todavía sirve de ejemplo en las exploraciones sobre la materia. Posteriormente aparece publicado El reto de las élites, de José Antonio Gil Yepes, otro hito relevante. Habría que agregar los aportes de Juan Carlos Rey y Aníbal Romero, entre otros investigadores, quienes diagnosticaron a la dirigencia nacional durante el período comprendido entre 1958 y 1998.

Hay, sin embargo, una deuda pendiente. Aún nos faltan estudios exhaustivos acerca de lo ocurrido con las élites del país durante el período inmediatamente anterior al triunfo del actual jefe de Estado y en los primeros años de su gobierno. Con el fin de comenzar a cubrir este déficit, Carlos Raúl Hernández y Luis Emilio Rondón escriben La democracia traicionada (Rayuela, 2010), texto fundamental en el esfuerzo de despejar los enigmas y responder las preguntas acerca de cómo y por qué una democracia considerada de las más sólidas de América Latina y el mundo, se encuentra hoy en una etapa agónica. Sus autores abordan las interrogantes desde una perspectiva histórica. Comienzan revisando los efectos benéficos del Pacto de Punto Fijo y se extienden hasta el análisis de la Constituyente del 99 y las políticas orientadas a la destrucción de la economía de mercado, en el plano económico, y de la democracia liberal, en el plano político.

La tesis de Hernández y Rondón es concluyente: a un sector significativo de la dirigencia nacional le faltó claridad y decisión para asumir la defensa de la democracia y propiciar los cambios que habrían permitido que el sistema se remozara y profundizara. Incluso, por momentos se opuso a las reformas que habrían modernizado la economía y transformado el Estado para hacerlo más eficiente. Hubo quienes apostaron a la crisis del sistema pensando que serían ellos los beneficiados del colapso. No lograron percibir la dimensión de la fractura social que había venido gestándose, ni las características del liderazgo alternativo que las críticas despiadadas a la democracia había incubado. Se produjo, de acuerdo con sus términos, una traición a la democracia.

De la lectura de este libro y de la aciaga experiencia de los últimos once años, en los que hemos visto cómo la democracia es atropellada y la libertad, en todas las esferas, es acosada y reducida a espacios cada vez más restringidos, puede concluirse que la preservación del orden democrático es una tarea diaria. En Latinoamérica -y probablemente en cualquier sociedad del planeta- la libertad no tiene un seguro que la proteja indefinidamente contra la posibilidad de que surjan autócratas que quieran destruirla en nombre del pueblo, de los oprimidos, de los explotados, o de cualquiera otra de esas monsergas utilizadas para engañar incautos e imponer modelos tiránicos en los cuales el Estado asfixia a los individuos.

La responsabilidad esencial de la defensa, preservación e intensificación de la democracia y la libertad reside en la élite. Sin la existencia de este factor el pueblo llano puede convertirse en presa fácil de demagogos populistas y déspotas, capaces de valerse de las masas para imponer lo que Alexis de Tocqueville llamó la "dictadura de las mayorías".

La experiencia venezolana indica que la élite tiene que prever y anticiparse a los acontecimientos, incluso en aquellos países donde no se vislumbran crisis de gobernabilidad en el panorama. En esta región del planeta, el respeto al Estado de Derecho y la independencia de los poderes, base de la democracia, siempre están bajo acecho. La influencia de la tradición caudillista es demasiado perniciosa. Una dirigencia con firmes convicciones democráticas es un poderoso antídoto contra esa distorsión.

 cedice@cedice.org.ve 
@cedice
FUENTE: El Universal

NO BASTA SER PRESIDENTE. Por: Humberto Marcano Rodríguez. Opinión Venezuela.REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS

09     noviembre       2019 REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS       Humberto Marcano Rodríguez NO BASTA   SER PRESIDENTE No basta   ...