domingo, 11 de abril de 2010

El fatídico 11 de abril de 2002 // Extracto del Libro // SAMMY: DE baja como PROTESTA


El fatídico 11 de abril de 2002
Se presenta el conflicto de PDVSA y la situación se agrava cuando el incapaz cual arbitro de un juego de fútbol, despide por televisión a altos ejecutivos de la corporación, pito en mano. En tono a eso, puedo referir que el día 10 de Abril de 2002, tomé la decisión de llamar a la desobediencia civil del personal de la Fuerza Aérea Venezolana. Esto se lo comunico al Coronel (AV.) Humberto Acosta Fuentes -cura párroco de la Base Aérea en La Carlota- quién como amigo personal, toma su epístola y misal y me dice que lo haga en secreto de confesión. Me niego; no tenía nada que ocultar, ni mucho menos que confesar, me voy a la concentración e invoco el artículo 350 de la Constitución Nacional, lo hago utilizando el derecho de palabra, que me concede el actor Orlando Urdaneta, para que desde la tribuna dirija mi mensaje a la multitud congregada en la Plaza de la meritocracia en PDVSA Chuao, actuando como un oficial RETIRADO de la Fuerza Aérea Venezolana que desde el público solicitó el uso del micrófono.
El día 11 de abril, subo nuevamente a la tarima. El contralmirante Molina Tamayo dice que solo va a hablar él y no deja que el Coronel (AV.) Silvino Bustillos, el Capitán (GN) Luis García Morales o yo intervengamos; impide que la locutora Eva Gutiérrez o el Periodista Kico Bautista nos dejen utilizar el micrófono. Interviene Carlos Ortega por la CTV y otros dirigentes gremiales y desde allí iniciamos la marcha, hacia Miraflores.
Recuerdo que salimos muy retardados y empezamos a correr para tratar de adelantar la multitud. Bajamos de la autopista y conseguimos una cola en un pick-up que nos trasladó hasta la estación del Metro de Plaza Venezuela. Abordamos el transporte subterráneo y nos bajamos en la estación La Hoyada, donde nos intentaron linchar. Ahí, mientras tomábamos un refresco se congregaron una serie de personas que discutían entre ellos, donde alcanzamos a oír: “yo no voy a matar a nadie, si no me pagan.”
Nos persiguieron hasta la salida del Metro donde me identifiqué como coronel ante unos funcionarios de la Seguridad Urbana de la Guardia Nacional quien al indicarle que la otra persona era Coronel se nos brindó protección y nos permitieron que rápidamente abordáramos un taxi, que finalmente nos dejó próximo, al centro de los acontecimientos.
En la esquina de El Calvario había una fuerte barrera policial que impedía que la multitud marchase hacia el Palacio de Miraflores. El Comisario Henry Vivas, hacia lo imposible por calmar los ánimos e intentaba detener el paso de la muchedumbre, pero todo fue en vano la fuerza del colectivo superó la barrera policial.
Antes que comenzara la refriega coincidimos muy cerca en la esquina de Paguita: el General Guaicaipuro Lameda, el Almirante Molina Tamayo, el coronel Silvino Bustillos y el capitán García Morales. Recuerdo que un efectivo de la Guardia Nacional llegó hasta ese sitio, se paro firme frente al almirante Molina Tamayo y le dijo: ¡Va a pasar al Palacio Ud. solo mi Almirante! Nunca entendí. Esto con el tiempo lo tendrá que explicar el Almirante Molina. ¿Por qué se le indicaba que podía ir al palacio? ¿Por qué él sí y los demás no? ¿Qué podía esconder éste oficial?
No fue preciso pasar o no. Otro efectivo de la Guardia Nacional lanza el disparo de una bomba lacrimógena que se disipó, un tercero lanzó otra lacrimógena y un efectivo más; marcó la diferencia, echando mano de su FAL disparando coordinadamente por encima de la multitud allí congregada.
Parecería que esto fue como una orden de ejecución, para que los afectos al gobierno lanzaran palos, piedras, botellas, mientras la GN disparaba lacrimógenas a granel y así empezó el avance y repliegue de la multitud en el Puente República; "al son" de disparos, que hasta este momento suponíamos que eran de advertencia.
En la primera maniobra que iniciaron para dispersar al conglomerado, coincidí al lado del Diputado Julio Montoya -a quien personalmente no conocemos- pero podemos referir que se levantaba la camisa y le decía a otra persona: ¡Me jodieron! mientras le mostraba, donde le había impactado un palo, que le habían lanzado algunas personas que se encontraban debajo puente y le había causado una fuerte contusión en el intercostal izquierdo.
Por segunda vez regresé en el grueso de la multitud hacia la esquina de El Calvario. Allí vi al Diputado Pablo Medina muy preocupado y sin conocerlo le pregunte: ¿Cómo está Usted? y me dijo bien. ¿Cómo ve la situación? y me contesto: “muy grave.” Al hacerse presente el Gobernador de Miranda Enrique Mendoza, en un camión con sonido, la lluvia de bombas fue exagerada, éste cayó víctima del brutal ataque. Por nuestra parte; había perdido contacto con nuestros acompañantes y como pude caminé dentro las nubes de gases y mantuve a una señora agarrada de mi cinturón, hasta que la dejé en una ambulancia estacionada en una de las calles, para que le prestaran los primero auxilios.
Camine hasta la próxima esquina y me senté a toser recostado a la santa maría de un local, allí permanecí, con dos efectivos de la Policía Metropolitana que estaban en igual condición. Dispersados los gases logre ver a Antonio Amed que estaba sobre un kiosco de periódicos agitando una Bandera Nacional, mientras gritaba: ¡Libertad, Libertad! Lo llame varias veces pero no me oía.
Compre una manzana y baje una cuadra hacia la Plaza O´Leary. Ahí me dedique a tratar de detener a las personas que se dirigían hacia el Calvario indicándole que había disparos, pero era imposible, la multitud había salido a buscar la Libertad y era incontenible. Deambule por varias calles donde observe que en la Plaza Miranda estaban varias personas que agredían a los que venían de los lados de la marcha y lograban parar un taxi.
Simulé que me estaba bajando de un microbús y caminé hacia el extremo noroeste de la referida plaza. Allí se encontraba una ambulancia y estaban atendiendo a una alumna de un liceo militar. Desde allí vi como atropellaban a las personas, les golpeaban sus cuerpos con palos y les gritaban: ¡Fuera escuálidos!
Caminé por Quinta Crespo y cuando ya no podía más por las dolencias que como secuelas me causaba la lesión de mis piernas por el traumatismo del accidente, gracias a Dios apareció un taxi. Le hice una seña y se estacionó, cuando abrí la puerta me caí de rodillas. El chofer se bajo para auxiliarme. Le dije que eso era producto de un accidente que había tenido por el atropello de un carro. Me preguntó: ahorita no hace tiempo pero tengo mucho dolor. Le dije que me llevara a Las Mercedes. Me preguntó que si era de Caracas y le dije que había venido de oriente a hacer una diligencia en la Diex.
Note que mientras avanzaba oía la cadena presidencial y reportaba su posición. Tomó una vía alterna entre Quinta Crespo y Puente Hierro y las calles de la zona parecían como sacadas de una película del Lejano Oeste. Las personas corrían mientras gritaba consignas en contra de los opositores. Se desplazaban con palos, machetes, bates y escopetas en sentido hacia el centro de la Ciudad. El taxista logro salir a la Este 10, de allí subió a la avenida Libertador y luego bajo a Las Mercedes.
Le solicite que se estacionara en un sitio, una cuadra antes donde deje mi vehículo, con la finalidad de no mostrar ni el sitio ni mucho menos el carro. Mientras caminaba hacia el estacionamiento me percate que el referido taxista, dio la vuelta para observar hacia donde me dirigía y volvió a cruzar a la derecha. Antes que diera la segunda vuelta logre llegar al sótano donde estaba mi vehículo, espere varios minutos dentro del automóvil, donde me sentí más seguro, porque allí tenía la pistola asignada, como oficial retirado de la FAN.
Regresé a mi residencia y llame a varias personas explicándole lo que sucedía en el Centro de Caracas, entre ellas al almirante Mario Iván Carratú Molina, con quien cursaba algunas materias de la maestría en la USB. Luego logré hablar con la jefe de información de Venevisión, Margarita Oropeza. A esta dama la contacté por casualidad porque tenía una tarjeta de presentación que me había dado en una visita que fui a esa planta con Pedro Soto.
Ella me indicó que el Capitán Luis (GN) García Morales había recibido un disparo en el rostro, pero al parecer se encontraba estable, porque lo vio dar una declaración ante las cámaras. También me dijo que el Almirante Molina Tamayo y el General Guaicaipuro Lameda estaban en el canal e iban a salir al aire.

Luego de contactar a varios amigos e indicarle lo peligroso de andar en la calle y observando que Molina y Lameda estaban verdaderamente en la sede de Venevisión, me dirigí hacia allá, para tratar de explicar lo que había visto en las cercanías del Palacio de Miraflores. Al llegar no me dejaron entrar, pese a que solicitaba que se les dijera al Almirante Molina y al General Lameda que yo estaba allí. Me argumentaron que venían a allanar el Canal y que me fuera, lo cual hice; por razones de seguridad.
Nunca entendí porque no me dejaron entrar, contrario a ciertas personalidades y diferentes dirigentes políticos de las organizaciones que conformaron el bipartidismo en la llamada IV república, que se hacían presentes en diversos vehículos, en el preciso momento en que yo era retirado del sitio, mediante el falaz argumento del allanamiento. ¿Estarían estructurando el nuevo Gobierno?
Entrada la noche, estando en la urbanización. Macaracuay, me percate por televisión del pronunciamiento de la Guardia Nacional. De inmediato me fui a la Base Aérea en La Carlota, por instantes me permitieron la entrada y luego por ordenes del G/B (AV.) Félix Alberto Pacheco, fui conminado a abandonar la Base. De allí salí muy molesto y decidí irme a ponerme a la orden del Comando de la Guardia Nacional, en la parroquia El Paraíso. No puede cruzar el puente que une la autopista con la urbanización, porque la parte de arriba estaba bloqueada, por un camión cisterna de la GN.
Luego de dar la vuelta en los túneles, logre llegar a las cercanías de la Comandancia General, me bajaron del carro varias veces, me lanzaron al piso y yo mantenía las manos sobre mi cabeza, mientras me identificaban. Así llegue hasta la sede del Comando, me volví a identificar, solicitando me permitieran presentarme ante el G/D (GN) Carlos Alfonso Martínez. Esperé un rato a las puertas de la sede de dicha Comandancia y luego me atendió un capitán de apellido Pernía. Este me dijo que mi general estaba en cuenta de mi presencia, pero que no autorizaba la entrada y me pidió por favor que me retirase.
Regrese a la Base Aérea en La Carlota y le dije al teniente de seguridad: “Si es preciso me encadeno al portón, pero no me voy, porque mi vida corre peligro y pare el carro frente a la alcabala.” Más tarde desde el interior de la Base fui abordado por el Coronel (AV.) Carmelo Padrino Morillo, el Mayor (AV.) Yarony Morales y el Cnel. (AV.) Comandante de la Policía Aérea quienes integraban una comisión de oficiales superiores que se apersonaron en el sitio y sorpresivamente me solicitaron el favor que yo hiciese las coordinaciones con la prensa, que estaba en los alrededores, para que pasaran a la Base al pronunciamiento de la Fuerza Aérea Venezolana.
Dentro del grupo de personas reconocí a la periodista Maricarmen Sobrino, hablé con ella y le manifesté la necesidad de la prensa en la Comandancia General FAV. Ella coordinó con los pocos medios presentes, y varios de ellos; fueron transportados en mi vehículo, hasta el edificio sede. Posteriormente me permitieron la entrada y al llegar a dicho recinto, me recibió el Coronel (AV.) Antonio Ortega Brouces -Jefe de los Servicios- quien me expresa los signos exteriores de respeto y sin inhibirse ante mi condición de oficial retirado, me dice: “Con la novedad que tengo la situación controlada en la Comandancia General, desde las 4 de la tarde, pero no he ejecutado ninguna acción, porque no hay instrucciones de la Superioridad. Ante esto le pregunte: ¿Por qué los jefes no han tomando la decisión de pronunciarse? Y textualmente me contestó: “No hay bolas mi coronel”
Se preparaba la reunión para el pronunciamiento de la Fuerza Aérea por televisión. En la oficina de guardia me conseguí con el General de División (AV.) Luis Acevedo Quintero, él considero prudente decirme: “Sammy yo no voy a leer eso, porque yo no estoy de acuerdo” y yo le conteste: “Siempre he respetado las decisiones de los demás, para que se me respeten las mías.” Me dijo: “Así es compadre.” De allí no lo vi más, hasta que lloré al lado de su féretro en el hangar del grupo 5 de la Base Miranda. Sin ánimo de ofender la memoria de un compañero y amigo, pero a nuestro juicio, no entenderemos nunca, que lo motivó a traicionar la Patria.
Antes que comenzara la rueda de prensa, el General (AV.) Gilberto Vallenilla Rangel me conminó a salir del Salón Miranda argumentándome: “Sammy vamos a hacer la cosa institucional, espera afuera.” No sé a qué INSTITUCIONALIDAD se refería ese general que además de ser mi compañero de promoción, me conocía por casi 30 años. Lo entendí cuando por la ausencia absoluta del comandante general, por el accidente del helicóptero lo vi dando declaraciones como el más antiguo de la FAV al lado del guerrillero ministro civil de la Defensa, José Vicente Rangel. Comprendí que éste era un camaleón más; sé mimetizaba con el ambiente en el momento que le convenía, pero al final no convenció a los revolucionarios quienes salieron de él, rapidito.
Pasada la medianoche, se apersonó el G/B (AV.) Clinio Rodríguez Obelmejías a quien saludé entrando a la Comandancia, éste se reunió con el personal de oficiales generales y superiores. Iniciada la madrugada, una comisión de oficiales me acompañó hacia la entrada de la base, pensé que ellos iban a hablarle a la multitud pero me dijeron que era tarea mía.
Al intentar salir de la Base, me bajaron del carro, me requisaron; lo revisaron y me identifique. Frente a las cámaras de televisión, puede decir que habíamos salido del asesino de Hugo Chávez, los ánimos estaban caldeados, la gente muy molesta y vigilante ante la posible salida de Hugo Chávez Frías por el Aeropuerto de La Carlota, manifesté que no era posible porque la pista estaba completamente bloqueada.
Recuerdo que durante la revisión de mi carro, una señora le dijo a su esposo: “Si es mi amor” y yo me preocupe, pero el señor gritó: “Él es el coronel de la Base de Barcelona, él está con nosotros, él es un patriota.” ¡Un aplauso! ¡Viva mi coronel! Entre vivas y aplausos me dieron un sorbo de whisky y se recordaban de mis palabras en la tribuna de PDVSA Chuao, el día anterior. Dimos unas declaraciones para un canal en vivo y me hicieron una grabación para una televisora de Falcón. Si hubiese sido otro, quizás me linchan, lo demás sobre este difícil día, lo puede expresar en un artículo que titulé LIBERTAD, que preparé para publicar el día lunes 15 de abril en el diario regional Antorcha, el cual que no salió por el regreso de Hugo Chávez Frías y está expuesto en el ítem 3.52 xiii

Fuente: 
Libro// SAMMY: de Baja como PROTESTA

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